sábado, 24 de julio de 2010

En la habitación del hotel


Miro el mar de Puerto Rico, lento y vital,
Que se debate impávido en su lucha eterna
Contra la milenaria roca nudosa de la costa.

Oigo el mar rítmico de Puerto Rico, sereno,
Devorando barcos veleros,
Barcos pesqueros, barcos piratas;

Siento cómo sus marinos, sus fuertes remeros
Intentan la cercanía de la roca con los exangües
Brazos salinos, que se niegan a la brega triste.

Conozco su cotidiana manera de naufragar,
Ahogándose despacio tras el mar del ensueño.

Observo el mar de Puerto Rico una noche,
Con la enigmática oscuridad de su horizonte
Que deja entrever la soledad de su vaivén,
Su eterno ritmo insatisfecho y apasionado.

Escucho el mar de Puerto Rico cuando, infinito,
Pasa un rumor de mujer por mi ventana


Y deseo la tormentosa luminosidad de sus ojos.

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