martes, 3 de agosto de 2010

Mi oceánica y profunda ignorancia

He recibido hoy un comentario a una publicación de este blog fechada el 27 de julio pasado, en relación con la demanda interpuesta por el señor Óscar Andrés Acosta Ramos ante la Corte Constitucional de Colombia sobre la constitucionalidad de las corridas de toros y otros espectáculos similares, cuyo fallo estamos esperando para el día de hoy.
Valga decir que el correo desde el que se emite dicho comentario es anónimo, pero quiero creer que quien comenta es en efecto el respetado señor Acosta. Quisiera expresar entonces mi agradecimiento a él por leer mis modestas contribuciones a este debate y, sobre todo, por tomarse la molestia de comentarlas, más aún en la fecha decisiva. Lo único que lamento es el tono despectivo y, si se me permite, agresivo que descubro en su comentario, pues creo que de lo que se trata es de discutir en el marco del respeto.
Antes de hacer algunas observaciones al respecto, transcribo textualmente el correo recibido.
“Anónimo dijo... Hola Soy quien interpuso la demanda Soy el Sr Acosta. Bien, para sacarlo de su "oceano de ignorancia" (que por demas es muy profundo), le comento que cuando estudie sobre los campos de concentracion nazis, el tema no me genero trauma en mi vida, tampoco los ha hecho la crueldad que he visto y he leido o me han contado, pero por el hecho que no generen trauma como en el "inteligentisimo" ejemplo de sus sobrinas, no quiere decir que estos hechos se aplaudan y promocionen. Su argumentacion llevaria al absurdo que volvieran los campos de concentraicon pues hasta ahora no le han generado trauma. Que pobreza conceptual y argumentativa. Cuando guste le regalñ el texto de la demanda y encontrara un ejemplo de argumentacion estructurada, con logica, sentido comun y sustentada en la experiencia. Si usted lee solamente apartes decontextualizados y deliberadamente deformados de quin esta en contra de mi argumentacion pues es prueba de su falta de sentido del equilibrio y parcialidad. Le invito simplemente a que use su sentido comun, no se requiere ser abogado.”
En primer lugar, acepto comedidamente el ofrecimiento del señor Acosta de suministrarme una copia del texto de la demanda, que infructuosamente intenté conseguir. Concedo en que el procedimiento que utilicé no es el más adecuado, pero teniendo en cuenta que los apartes citados en mi artículo provienen del doctor Bernardo Carreño Varela, quien en 2009 (año en que escribe su concepto) era miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, sinceramente se me cruzó todo por la cabeza menos que dichos apartes estuvieran “deliberadamente deformados” por el doctor Carreño, acusación por demás bastante grave, en mi opinión, más aún teniendo en cuenta el cargo que ejercía (e ignoro si aún ejerce) el citado miembro de la Academia. En mi favor queda el que dejé constancia de tal situación en el texto original, ante la necesidad que consideré urgente de manifestarme al respecto. Nada me gustará más que leer completa la argumentación de la demanda, con el fin de comprender el contexto general del discurso, en lo cual doy toda la razón al señor Acosta Ramos. Agradezco nuevamente el ofrecimiento y quedo a la espera del texto prometido.
No quisiera involucrarme en la defensa de mis planteamientos originales, que al releerlos juzgo de manera diversa —unos más, otros menos sólidos. Tampoco quisiera discutir las diferencias que encuentro entre las corridas de toros y los campos de concentración durante el nazismo; menos aún el pronunciarme sobre mi planteamiento y el en efecto absurdo de abogar por el restablecimiento de los campos de concentración.
Quisiera, en cambio, reiterar que no encuentro una relación directa entre la existencia de las corridas de toros y la violación del derecho al libre desarrollo de la personalidad de quienes no gustan de ellas. Hago otra vez la salvedad de que sería mejor conocer el contexto general de la argumentación de la demanda, pero nuevamente quisiera pronunciarme ahora, sobre todo antes del fallo de la Corte. Y para hacerlo me basaré en la sentencia C-481 de 1998, de la Corte Constitucional de Colombia, que en el contexto educativo que genera dicha sentencia afirma: (http://www.notinet.com.co/serverfiles/servicios/archivos/constitucionales/C-481-98.HTM)
"DERECHO AL LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD-Contenido
Al interpretar el artículo 16 constitucional que consagra el derecho al libre desarrollo de la personalidad, el intérprete debe hacer énfasis en la palabra ‘libre’, más que en la expresión ‘desarrollo de la personalidad’, pues esta norma no establece que existen determinados modelos de personalidad que son admisibles y otros que se encuentran excluidos del ordenamiento, sino que esa disposición señala ‘que corresponde a la propia persona optar por su plan de vida y desarrollar su personalidad conforme a sus intereses, deseos y convicciones, siempre y cuando no afecte derechos de terceros, ni vulnere el orden constitucional’. […]"
Sinceramente, no encuentro una relación directa entre la existencia de las corridas de toros y el hecho de que una persona que no guste de ellas pretenda abolirlas, alegando que se viola la libertad que le asiste para desarrollar su personalidad. Creo que la solución es más bien sencilla: el libre ejercicio de la personalidad de quienes no son aficionados está en no asistir a dicho evento. Y al contario. Creo que quienes somos aficionados tenemos el derecho de asistir a las corridas de toros, siempre y cuando no obliguemos a sus detractores a que acepten nuestra opción como la única válida.
Al respecto, valga citar al doctor Jaime Castro Castro, en una comunicación publicada en el El Tiempo  y reproducida en la página electrónica de Caracol Radio “Tendido 7” (2/08/10) (http://www.caracol.com.co/tendido7/nota.asp?id=1335146). Dice el doctor Castro (abogado y ex-ministro de Gobierno) que los demandantes “agregan que [las corridas de toros] atentan contra el libre desarrollo de la personalidad de quienes a ellas se oponen, inducen a la violencia y lesionan el ambiente. Sus opiniones son respetables. Son producto de sentimiento que quieren convertir en artículo de fe. Olvidan que quienes piensan lo contrario también tienen ideas, argumentos y derechos que igualmente merecen respeto. (Los resaltados son míos.)
Más adelante, el doctor Castro afirma que “Quienes asisten a ellas [las corridas de toros] ‘tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad’ a que se les garantice ‘el derecho a la recreación y al aprovechamiento del tiempo libre’ (arts. 16 y 52).”  
Ahora bien, ¿cuándo se vulnera, a juicio de la Corte Constitucional, el derecho al libre desarrollo de la personalidad?
Responde la Corte, en la sentencia antes citada, que esto ocurre cuando “[…] ‘a la persona se le impide, en forma irrazonable, alcanzar o perseguir aspiraciones legítimas de su vida o valorar y escoger libremente las opciones y circunstancias que le dan sentido a su existencia y permiten su realización como ser humano’. Por ende, las restricciones de las autoridades al artículo 16, para ser legítimas, no sólo deben tener sustento constitucional y ser proporcionadas sino que, además, no pueden llegar a anular la posibilidad que tienen las personas de construir autónomamente un modelo de realización personal, por cuanto estarían desconociendo el núcleo esencial de este derecho. De allí el nexo profundo que existe entre el reconocimiento del pluralismo y el libre desarrollo de la personalidad, ya que mediante la protección a la autonomía personal, la Constitución aspira a ser un marco en el cual puedan coexistir las más diversas formas de vida humana, frente a las cuales el Estado debe ser neutral”. (El resaltado es mío.)
Apelando a mi sentido común, que el muy respetado señor Acosta pone en tela de juicio en su breve y muy respetable comentario, creo que las conclusiones se desprenden de los textos citados, según el juicio de cada quien.
Sea como fuere, debo reiterar mi agradecimiento al señor Acosta por tomarse la molestia de leer y comentar mis opiniones, y reitero mi voluntad de seguir discutiendo al respecto, siempre en el marco de la tolerancia y del respeto. Además, insisto en mi invitación a enfocar su planteamiento en el contenido, esto es, en el que las corridas de toros puedan interpretarse como un espectáculo basado en el ejercicio de la crueldad para con los animales. Ahí está el meollo del asunto, en mi modesta, oceánica (y profunda) ignorancia en torno a este tema que, como queda evidenciado, resulta apasionante.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Soy de nuevo Oscar Acosta, no he buscado el texto de la demanda, que ya hace mas de un año radique, supongo que usted tomara esta circusntancia como modo de debilitar mi argumentacion. Pero no importa, actualmente cursa una demanda de una ONG y saldra el fallo en poco tiempo, ojala en contra de los que les gusta ver vomitar sangre y viceras a un animal torturado. Bien, al ver usted la debilidad de sus tesis argumentativas se enfoca en lo del libre desarrollo de la personalidad. En lugar en empezar por el principio, es decir brindar al desprevenido lector el texto del articulo 16 de la constitucion, usted de una vez coge un texto jurisprudencial, lo interpreta parcialmente y de ahi conluye lo que quiere. Pues bien, el articulo 16 de la constitucion señala como derecho fundamental el libre desarrollo de la personalidad y que tiene su limite en los derechos de los demas, asi que, el derecho al libre desarrollo de la personalidad no es hacer lo que se le da la gana a cualquiera, donde quiera como quiera y contra quien quiera, que es la unica interpretacion que se infiere de sus exoticos argumentos. Los derechos de los demas consisten en un ambiente social y cultural sano, sin violencia ni apologia de ella contra los animales, entre muchos otros que no me desgasto en listarselos. Esta es una verdad de a puño, no se necesita rebuscar textos jurisprudenciales y doctrinales, ni creer que las apreciaciones subjetivas de otros van a sacarlo de su pobreza intelectual. A diferencia de las suyas y de las que cita, mis apreciaciones no son subjetivas. Claro que ud dira que los magistrados de las Cortes, son los dueños de la verdad absoluta y que el "independientisimo" abogado Carreño Varela tiene la razon. La verdad, me gustan los debates donde donde la altura argumentativa de mi contaparte sea un reto pero me temo que este no es el caso.