lunes, 16 de agosto de 2010

Sol y promesas


La corrida gratuita de la tarde de hoy en la Santamaría de Bogotá tuvo lleno en los tendidos. Se confirma una afición grande en la capital bogotana, y además bien educada. Gentes de todas las clases sociales juntas, haciendo silencio cuando había que hacerlo y protestando cuando tocaba. Me senté en el tendido de sol, fila 5, junto a una señora de unos 70 años que iba sola. Aficionada de toda la vida, oriunda del departamento de Nariño, en el sur del país, poco puede asistir a los festejos, por lo caros que son. A mi derecha, un señor de unos 55 años, que iba solo también, y que hizo comentarios que reflejaron criterio y juicio. En lo alto, un sol agresivo, duro.

En general, el público se comportó a la altura de una plaza de primera, incluso siendo una corrida gratuita. Se vendía alcohol libremente en los tendidos, pero no hubo excesos ni desmanes, usuales en estos casos. Los toros del encierro mixto de El Encenillo y Achury Viejo también se comportaron con decoro. Fue una corrida con peso y en ocasiones con alegría y bravura. Lastimosamente, los matadores de a pie estuvieron desvanecidos.

Juan Valencia confirmó su alternativa con “Bonito”, un toro de El Encenillo de 537 K, el más pesado del encierro. Lucero, bragao y bien encornado, recibió una vara muy fuerte luego de empujar en el caballo tras recibir dos verónicas bien hechas y tres chicuelinas al paso. Valencia exhibió valor ante un toro que pronto reflejó su peligro, por el poco recorrido que tuvo en la muleta. Pinchó sin soltar y luego dejó una estocada perpendicular y ligeramente caída que produjo hemorragia en el animal. Hubo silencio en la plaza.

Con su segundo, el quinto de la tarde, también de El Encenillo (“Fortaleza”, No. 93, de 488 K), Valencia volvió a mostrar que lo suyo es el capote. Recibió a este negro cornidelantero y listón con una larga cambiada y luego cinco verónicas rematadas por una revolera bien concebida. Tras banderillear al toro luego de una vara minúscula, hizo una faena muy lejos del toro, que metía bien la cabeza en la muleta. Se empecinó el torero colombiano en alargar la faena y mostrar cierta bravuconería que no fue bien recibida en los tendidos, tras dar tres naturales decentes. Pinchó sin soltar y luego dejó un bajonazo que volvió a producir hemorragia. Silencio y pitos.

Guillermo Perlaruiz peina canas ya, tras una prolongada y modesta carrera como torero profesional. Esta tarde se enfrentó primero a “Maestrante” (No. 92, de 499 K), un negro listón y alegre que se arrancaba de lejos. Se rescatan dos verónicas y otras dos chiquelinas en el quite. “El Monaguillo” y “Jeringa” estuvieron bien en banderillas y el público obligó a su saludo montera en mano. Al inicio de la faena el toro demostró alegría, arrancándose al primer cite y repitiéndose con casta. Perlaruiz le dio cuatro derechazos y un pase de pecho que motivaron la música, pero acto seguido dejó que el toro lo desarmara y allí se acabó todo. Se acabó la música. Se paró el toro. Se amilanó el torero. Entró a matar y pinchó soltando dos veces. Luego, dejó una estocada entera en buen sitio, pero el toro ni se mosqueó. Tras un aviso y seis intentos de descabello terminó lánguidamente su actuación.

Con el cuarto del encierro, “Vinculado” (No. 82, de 482 K), un toro negro y cornibrocho, Perlaruiz salvó la vida gracias a la falta de celo del animal. Al inicio de los lances con el capote, resbaló y quedó a merced del toro en la arena, que fue por él como quien recoge un papel del piso. La falta de casta del toro y, por qué no decirlo, también del torero, fueron todos los rasgos de esta faena triste. El colombiano pinchó sin soltar tras una faena de trámite a un toro difícil, luego entró sin decisión y en su tercer intento dejó tres cuartos de espada en buen sitio, que no fueron suficientes. Y otra vez el desagrado de ver a Perlaruiz descabellando en tres ocasiones: sin sitio, sin ganas, sin nada. Los pitos le llegaron de los tendidos.

El mejor toro de la tarde fue sin duda el tercero (No. 340, de 520 K, de Achury Viejo). “Abandonado” fue un toro negro cornidelantero que se fijó siempre en el caballo y hacia él fue al galope una y otra vez, quizás con un pelín menos de la codicia necesaria. El rejoneador Willy Rodríguez estuvo más que decoroso toreando a la grupa con temple y con garbo, aunque alargó mucho la faena. Hizo casi todo muy bien, menos la suerte con el rejón de muerte. Entró cuatro veces a matar y debió cederle el turno al sobresaliente. Sin embargo, con todo y el aviso que oyó, el público lo premió con aplausos y la Presidencia, más que merecidamente, obligó a la vuelta al ruedo de este muy buen toro bravo.

El temple de Willy Rodríguez volvió a mostrarse ante “Solitario”, un cornidelantero colorado, ojo de perdiz y bocinero de Achury Viejo (No. 349, de 478 K). Nuevamente, Rodríguez estuvo alegre,pero falto de decisión a la hora de rematar las suertes.

Para rematar esta soleadísima tarde, valga un apunte: la ilusión con que el niño torero Guillermo Valencia vivió la corrida, sentado en un burladero de sol en el callejón de la plaza. Es el futuro anhelante de la fiesta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

'Prohibir los toros es una vuelta a la inquisición': Fernando Savater