sábado, 14 de agosto de 2010

Una mínima dosis de respeto

Vuelve a comentar una publicación mía en este espacio, desde un correo anónimo, alguien que dice ser el señor Óscar Andrés Acosta Ramos, autor de la demanda en contra de las corridas de toros interpuesta ante la Corte Constitucional de Colombia en 2009. Transcribo su comentario textualmente, para luego responderlo:




“Anónimo dijo... Hola Soy de nuevo Oscar Acosta, no he buscado el texto de la demanda, que ya hace mas de un año radique, supongo que usted tomara esta circusntancia como modo de debilitar mi argumentacion. Pero no importa, actualmente cursa una demanda de una ONG y saldra el fallo en poco tiempo, ojala en contra de los que les gusta ver vomitar sangre y viceras a un animal torturado. Bien, al ver usted la debilidad de sus tesis argumentativas se enfoca en lo del libre desarrollo de la personalidad. En lugar en empezar por el principio, es decir brindar al desprevenido lector el texto del articulo 16 de la constitucion, usted de una vez coge un texto jurisprudencial, lo interpreta parcialmente y de ahi conluye lo que quiere. Pues bien, el articulo 16 de la constitucion señala como derecho fundamental el libre desarrollo de la personalidad y que tiene su limite en los derechos de los demas, asi que, el derecho al libre desarrollo de la personalidad no es hacer lo que se le da la gana a cualquiera, donde quiera como quiera y contra quien quiera, que es la unica interpretacion que se infiere de sus exoticos argumentos. Los derechos de los demas consisten en un ambiente social y cultural sano, sin violencia ni apologia de ella contra los animales, entre muchos otros que no me desgasto en listarselos. Esta es una verdad de a puño, no se necesita rebuscar textos jurisprudenciales y doctrinales, ni creer que las apreciaciones subjetivas de otros van a sacarlo de su pobreza intelectual. A diferencia de las suyas y de las que cita, mis apreciaciones no son subjetivas. Claro que ud dira que los magistrados de las Cortes, son los dueños de la verdad absoluta y que el "independientisimo" abogado Carreño Varela tiene la razon. La verdad, me gustan los debates donde donde la altura argumentativa de mi contaparte sea un reto pero me temo que este no es el caso.”
Como lo hice con su comentario anterior, agradezco que se tome la molestia de responder a mis opiniones, aunque el tono utilizado en éste supere con creces la descortesía, prepotencia y descalificación del primero que recibí. Ya no me sorprende negativamente esta tendencia, pues ahora entiendo que es connatural en alguien que autocalifica sus apreciaciones como las únicas no subjetivas, o sea, objetivas. Nótese que no sólo descalifica mis opiniones, lo cual podría ser admisible gracias a mi condición de simple ciudadano amante de algo que al comentarista le parece despreciable, sino que también lo hace con los conceptos de autoridades de reconocido prestigio que he tenido la ocasión de citar en mis textos. Infiero, entonces, que este comentarista se considera dueño de la única verdad posible: la suya, la única objetiva.
Varios asuntos me resultan impactantes de esta nueva comunicación. El primero es que el comentarista se anticipe a lo que yo pueda decir. Despreocúpese: no voy a debilitar su argumentación por el hecho de que no haya tenido el tiempo o las ganas para escribir en su computador, bajo la operación “buscar”, el nombre del archivo correspondiente a la demanda radicada. Y no lo voy a hacer no sólo porque no me parece importante, sino también y sobre todo porque lo que encuentro en este comentario a mis opiniones no son argumentos sino, como dije antes, descalificaciones imbuidas de arrogancia. No se puede, aunque fuera la intención, debilitar una descalificación, puesto que quien descalifica se ubica a sí mismo en un pedestal desde el cual blande su palabra como un látigo. Sin embargo, seguiré esperando el texto original de la demanda, pues quisiera que el comentarista —en el caso de ser quien dice ser— me creyera el sincero interés que tengo por conocer el punto de vista de mi contraparte.
En el mismo sentido, me encantaría saber cuál es la demanda interpuesta por cuál ONG y ante cual instancia lo hizo, así como cuándo cree el comentarista que saldrá el fallo correspondiente, “ojalá en contra de los que les gusta ver vomitar sangre y viceras (sic) a un animal torturado”. Otra vez: nadie va a la plaza a ver vomitar sangre a un animal y nadie va a solazarse con eso que se califica como “tortura”; y, que yo sepa, nadie ha visto expulsar a un toro sus vísceras, nadie ha visto que un toro espete un pulmón, el páncreas, el bazo o el hígado y, si excepcionalmente ha ocurrido, estoy seguro de que nadie se ha regodeado de placer ante semejante circunstancia, por completo anómala en el mundo del toro.
En otro orden de ideas, concedo que me pareció innecesario citar el artículo 16 de la Constitución Política de Colombia, por lo sucinto y preciso de su redacción. Corrijo ahora mi error, que a juicio del comentarista pareciera ser una jugada tendenciosa: “ARTÍCULO 16. Todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad sin más limitaciones que las que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico”. [web.presidencia.gov.co/constitucion/index.pdf.]
Quisiera invitar a los lectores de estos párrafos a leer mi publicación anterior (“Mi oceánica y profunda ignorancia”), para decirme si a partir de lo allí afirmado se desprende que afirmo que el libre desarrollo de la personalidad consiste en “hacer lo que se le da la gana a cualquiera, donde quiera como quiera y contra quien quiera (sic), que es la unica interpretacion (sic) que se infiere de sus exoticos (sic) argumentos”, como afirma el comentarista.
Mis exóticos argumentos encuentran sustentación directa en autoridades, en este caso, la Corte Constitucional y un prestigioso abogado y ex-ministro de Estado. Haciendo esta aclaración, explico lo que estaba implícito en aquel artículo. Mi planteamiento se basa en la diferencia existente entre un espectáculo público desarrollado a puerta cerrada y un espectáculo presentado públicamente. Creo que hay una diferencia importante en que una corrida de toros se realice en un recinto cerrado, y que a ella asistan quienes deseen verlo y tengan con qué pagarlo, a que se realizara, hipotéticamente hablando, en la plaza de Bolívar o en un parque de la ciudad, a los ojos de todos los ciudadanos. En este último caso, es probable que muchos se manifestaran en contra de su realización, argumentando con razón que atenta contra el libre desarrollo de su personalidad. Pero en el primer caso, que es el objeto de discusión, sigo sin ver cómo puede afectar dicho evento el desarrollo de la personalidad de quien no va a la plaza de toros porque considera que las corridas son desagradables. Es sencillo, creo: por eso no va.
Plaza de Toros de Santamaría, en Bogotá,
enmarcada por las Torres del Parque
Yendo al extremo, es probable que a alguien se le ocurriera afirmar que, en el caso de la Plaza de Toros de Santamaría, algunos residentes en las Torres del Parque, esos hermosos edificios construidos por Rogelio Salmona, no tienen por qué verse sometidos a ver tal espectáculo cuando se asomen por la ventana los domingos entre enero y marzo. Si ocurriera, podría pensarse en que la plaza tuviera un mecanismo de techado móvil, pero estoy seguro de que protestarían quienes esos domingos se asoman a los balcones de sus apartamentos y tienen el privilegio de ver la corrida gratis.
Para finalizar, debo decir que las corridas de toros pueden entenderse como un espectáculo que contiene violencia. Pero asistir a ellas y ver en ellas una manifestación cultural y estética no es una apología a la violencia contra los animales y mucho menos un atentado contra el derecho de los demás a un ambiente social y cultural sano. Obligar a asistir a quienes no gustan de ellas sí lo sería.
Remata su descalificación el comentarista diciendo que apelar a las apreciaciones subjetivas de otros no va a sacarme de lo que él dice que es mi “pobreza intelectual”. Pues bien: esas “apreciaciones subjetivas de otros” son, hasta donde yo tengo entendido, lo que hacen los intérpretes de la ley. Es esto, precisamente, lo que hacen los que estudian y aplican las leyes: interpretarlas contextualmente, discutirlas ínter-subjetivamente. Adicionalmente, esos “otros” que aprecian subjetivamente la ley no son unos “otros cualquiera": son magistrados de la Corte Constitucional, abogados miembros de la Academia Colombiana de Jurisprudencia,  ex-ministros de Estado. Si no puedo acudir a ellos para que me saquen de mi “pobreza intelectual”, entonces concluyo que el único que puede hacerlo es el comentarista, que no tiene apreciaciones subjetivas (¡¿?!). Lo que sucede es que sigo a la espera de su iluminación, ya que hasta el momento he recibido ejemplos de prepotencia y complejos de superioridad.
Termina el comentarista diciendo que a él le gustan los debates en los que considere, intuyo que objetivamente (¡¿?!), que la contraparte está a su altura intelectual, que él pareciera juzgar como descomunal. Y afirma que éste no es el caso, razón por la cual deduzco que zanja unilateralmente la discusión. Lástima. A mí me sigue interesando comprender los argumentos de la contraparte; cuando aparezcan. Y hago votos para que, cuando lo hagan, vengan de un lugar distinto del anonimato y que, además, hayan sido sometidos a una juiciosa revisión que permita evidenciar una mínima dosis de respeto: el que se debe a las reglas de la lengua española.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por publicar mis comentarios, de manera literal, le abono esa virtud, pero insiste ud en indentificarme e individualizarme. Informa que no es importante mi texto de demanda pero la sigue esperando. Simplemente suponga que soy cualquier ciudadano o ciudadana. Respecto sus comentarios, me parecen a estas alturas un ejercicio simpatico al ver como una persona defiende algo indefendible y se tropieza torpemente en sus contradicciones. Ud dice que mis comentarios son arrogantes, agresivos etc.
Nunca he usado una mala palabra, y si mi palabra le parece arrogante quizas sea porque, cuando el sentido comun es ofendido, solo le basta exponer su logica para hacer sentir humillado al argumento necio e indefendible. Una definicion de agresividad es (por poner cualquier ejemplo) maltratar a un animal, torturarlo y al final atravesarle las viceras, y de arrogancia, (por poner cualquier ejemplo) es creerse un heroe por hacerlo. He ahi los elementales conceptos que no me permiten hablar un mismo lenguaje con ud. He leido no solo en su blog, sino en otros articulos la joya de la corona, el argumento insignia de los sadicos y torturadores de animales,¡aterrese desprevenido lector!: "si se acaba la fiesta brava, el toro desaparecera, se extinguira como especie". Esto si que no tiene presentacion, ya resulta ofensivo, orgulloso, arrogante, AGRESIVO. No sabia en primer lugar que el toro habia sido creado en un laboratorio por estos "hombres", pense que habia sido la sabia naturaleza; no sabia yo, que a una especie se le conservara torturandola y matandola, ¡y se dicen taurofilos! (lease amantes de los toros). Resultan sus apreciaciones enfermas y tenebrosas. Podemos encontrar en este blog, unas veces disfrazado de literatura, otras veces con enfasis en eufemismos y otras con presunsion de erudicion, una patologia que esconde transtornos mentales asociados en el sadismo, la sed de sangre y la falta de autoestima que solo puede ser atemperada abusando de otros seres de la naturaleza mas debiles como los animalitos.
Y la "estocada final", ¿porque entonces para los "amantes de los toros" simplemente no es viable mantener la "fiesta Brava" eliminando lo que dañe y mate al toro? y la respuesta sera otra vez la necedad, el sadismo y la falta de sentido comun.
Finalmente, ud habla que los magistrados son los que interpretan la ley y son respetables, bueno, ¿acaso los magistrados que no estuvieron deacuerdo con la tortura del toreo, no eran respetables y dignos de citar? ¿tampoco, era respetable la intervencion en la sentencia de la academia mediante la cientifica intervencion del veterinario que con argumentos cientificos y serios estuvo a favor de la demanda es decir en contra de la tortura de animales.parece ser que lo unico respetable es lo que ud cito. Es claro que cada vez que ud desafia al sentido comun (no a mi), resulta humillado y mal parado. La misma españa, en Cataluña, se prohibio esta espectaculo sadico. Quizas ud sea amente de aquellas leyes que prohibian a las mujeres votar, o a los esclavos tener ciudadania, pero le informo algo que quizas ud no sabia: ¡¡¡las sociedades evolucionan!!! y por eso ya no existen leyes que defiendan la esclavitud, los campos de concentracion, el racismo, el genocidio etc. Quizas tampoco sabia ud que en casi todos los paises del mundo que tambien tienen magistrados, interpretes de la ley y respetables, no se permite el toreo por ser una actividad sanguinaria, primitiva y violenta. Pero por su puesto los que tienen la razon son una parte de los magistrados de los 5 o 6 paises en su mayoria subdesarrollados que estan a favor de lo que ud esta: la tortura y sadismo con los animales. Le recomiendo un psiquiatra y que no siga desafiando al sentido comun, (no a mi), al sentido comun.

Juan Carlos Muñoz-Collazos dijo...

Gracias por su comentario y su recomendación.

Juan Carlos Muñoz-Collazos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.