domingo, 23 de enero de 2011

Muchos años después, un rabo en la Santamaría

Unos dicen que 45 (como titulé esta entrada anoche); otros que 56. Lo cierto es que esta tarde quedará en el recuerdo por mucho tiempo, pues luego de tantos años la Santamaría de Bogotá asistió a los máximos trofeos del toreo: dos orejas y rabo. El merecedor, Pablo Hermoso de Mendoza, al que la plaza coreó con el grito de “¡Torero! ¡Torero! ¡Torero!”.

Y uno con un nudo en la garganta, incapaz de hablar, como ocurre siempre que se ve la poesía.

Hermoso de Mendoza, vestido de chaqueta campera azul eléctrico, hizo el paseíllo con Silveti. La plaza llena estaba expectante: la primera vez que el gran rejoneador se presentaba en Bogotá. Lo acompañaron Luís Bolívar (sangre de toro y oro) y Cayetano Rivera Ordóñez (azul marino y oro). El sol, pleno pero no asfixiante. El público, casi todo a tiempo, teniendo en cuenta los atascos en las inmediaciones de la plaza. Ambiente de una gran tarde de toros, que sería confirmado con creces.

Luís Bolívar estuvo garboso y torero. Con su primero de Ernesto Gutiérrez (“Menestral”, No. 14, 453 K) entendió la embestida poco alegre de este negro cornidelantero y carifosco, luego de una lidia muy poco ortodoxa. Estuvo compuesto y serio, dejándonos 2 derechazos bajos y desmayados, de gran lentitud, así como tres naturales sobrios aunque sin tomar el engaño por el centro. “Menestral” fue noble, pero con poca casta. Luego de tres manoletinas un poco estridentes, dejó una estocada entera y algo tendida, para recibir una oreja y el toro los aplausos del público.

Su segundo fue “Cafetero” (No. 25, 532 K), un negro rizado y asaltillado que galopó y tuvo recorrido en el capote. Bolívar le dio tres verónicas, dos chicuelinas y una revolera muy compuestas. El primer tercio fue sobresaliente por las cacerinas al paso con que Bolívar llevó al toro al caballo y también a que Luis Viloria le dio una vara en muy buen sitio, breve pero fuerte, por lo seca. Toreando a media altura y con el engaño tomado por la base del estaquillo, Bolívar no obstante hizo una faena elegante aunque un poco estridente (miradas al público, desafíos al toro) y volvió a mostrar garbo y compostura. Lamentablemente, pinchó tres veces soltando y luego dejó una entera un poco tendida. “Cafetero” fue aplaudido en el arrastre y Bolívar dio la vuelta al ruedo a petición del público.

Con lo peor del encierro, Cayetano brindó detalles en medio de su confusión. Con el segundo de la tarde (“Agapanto”, de 459 K, negro cornidelantero y bien hecho), que galopó en la salida y en capote estuvo fijo y demostrando nobleza, el sevillano estuvo suficiente por lances a la verónica y luego, en el quite, dejó dos tafalleras compuestas. El toro tuvo un comportamiento extraño, desconociendo al caballo en dos oportunidades, para luego recibir una vara breve y trasera. La faena de Cayetano fue irregular, en ocasiones lejos del toro y algo temeroso, y en otras con pases bien concebidos pero sin emoción. Pinchó sin soltar primero y en el segundo pinchazo soltó, para luego dejar una entera tendida y trasera. “Agapanto” fue pitado y Cayetano oyó el silencio.

“Náufrago” (No. 22, 528 K), un negro cornidelantero y bien hecho de Ernesto Gutiérrez salió abanto y se arrancó sin más al caballo, para recibir una vara embarullada e irregular. En este toro vimos los dos únicos pares de banderillas de la tarde, en las manos de Ricardo Santana. Alardeando con eso de quitarse las zapatillas, Cayetano le puso ganas al asunto y dio tres buenos derechazos, pero el toro se apagó, empezó a escarbar y a mirar el cuerpo del torero. Luego, por el pitón izquierdo, le avisó que tenía peligro y Cayetano se fue lógicamente por el derecho, aunque acosando mucho al animal, invadiéndole los terrenos. Dio un pinchazo hondo sin soltar y luego una entera ligeramente caída. “Náufrago” se hundió entre pitos y Cayetano en el silencio.

Yo, en mi condición de eterno aprendiz, entiendo poco del toreo de a pie, pero mucho menos del arte del rejoneo. Sin embargo, puedo decir que hoy —como decían los amigos en el remate de la corrida— vimos torear a caballo. Salió el tercero de la tarde (“Marinero”, No. 59, 484 K) negro, enmorrillado, distraído y tardo, para vérselas con Pablo Hermoso de Mendoza montando a Curro. Con los rejones de castigo, la pareja torera se encargó de enterar al toro de lo que ocurría en el ruedo. Así, al perder el segundo rejón, Hermoso de Mendoza toreó con su sombrero cordobés en los pocos segundos que el toro perseguía.

Con Silveti e Ícaro, el rejoneador español desafió las distancias. Ante la brevísima embestida de “Marinero”, optó por arrimársele al toro en banderillas al quiebro, aguantando las escasas embestidas del animal con un valor de caballo y jinete que valen el adjetivo de “apretado”. Acto seguido, Pirata lo acompañó para dejar una banderilla corta y un desplante cariñoso acariciando eltestuz del toro, para luego dejar un rejón de muerte trasero y justo. Recibió las dos orejas. El toro, pitos.

Y llegó el último de la tarde (“Cleofás”, No. 6, 522 K) un cárdeno en negro, bragado y meano, muy desentendido en la salida. Hermoso de Mendoza lo recibió montando a Saramago. (Mi admiración por el gran novelista portugués era una feliz coincidencia de empatía en ese momento.)

Desde entonces y hasta el final de la faena, vi cosas que muy pocas veces había visto y que difícilmente veré después. Sobre todo, aquello de “enseñarle a embestir a un toro”. Porque “Cleofás” quería todo menos pelear, y terminó recibiendo la vuelta al ruedo. El responsable fue Pablo Hermoso de Mendoza y su cuadra de caballos. Saramago consintió al toro, regalándole los terrenos en los que se sentía cómodo (las tablas) y templándolo allí, poco a poco, como en un acto de conquista amorosa.

Luego vino Chenel, que toreó de costado por los dos pitones, aún en las tablas, quebrándose con donosura y sinceridad. “Cleofás” se fue enamorando. Era inevitable. Y fue saliendo a los medios, embebido en la panza del caballo.

Ya en los medios, lo recibió Patanegra, haciendo cabriolas y piruetas en la cara del toro, justas y serias, sin aspavientos. Un caballo torero de gran valor, encarando al toro, aguantándolo y templándolo a la grupa. Para entonces, la plaza estaba al borde del delirio.

Salió Pirata otra vez y paró a “Cleofás” en todos los medios. Hermoso de Mendoza dejó dos banderillas cortas y luego un par a dos manos que fue sencillamente espléndido. Torerísimo, jugó con el toro, le acarició el testuz e hizo el desplante conocido como “el teléfono” (apoyar el codo, en esta ocasión derecho, en el testuz del toro; desde el caballo, hay que aclarar).

Los tendidos, unánimemente de pie, coreaban “¡Torero! ¡Torero! ¡Torero!”. Al rejoneador. A los caballos. El español dejó un primer rejón de muerte trasero y contrario, pero luego enmendó con uno perfectamente ejecutado, crujiente, en todo el centro del ruedo. Y allí fue a morir “Cleofás”, dando dos giros sobre su eje mientras pensaba “Me muero”, al tiempo que Pablo Hermoso de Mendoza descabalgaba para darle un abrazo de sangre a su compañero de gesta, aquel al que había convertido, en menos de 20 minutos, en un toro bravo, digno de vuelta al ruedo.

Llegaron las dos orejas y el rabo. 45 años después, o 56, en la Santamaría de Bogotá.

Y uno con un nudo en la garganta, incapaz de hablar, como ocurre siempre que se ve la poesía.

4 comentarios:

Daniel Prada dijo...

Profe, excelente reseña, allí estuve, comparto su emoción.

Daniel Prada CSC '93

Simón Ramírez Amaya dijo...

Juan Carlos:

Desde que tuvimos la oportunidad de hablar por última vez me he convertido en un silencioso pero juicioso lector de su blog. Motivado por la irrefrenable inquietud y curiosidad que sus palabras despiertan en mi decidí asistir, en calidad de primerizo, a la Santamaría. Más allá de lo evidentemente significativo y extraordinario de la corrida esta representa para mí el descubrimiento de un mundo absolutamente insospechado.

¿Cómo no sentir un nudo en la garganta?

No es, ni mucho menos, la primera vez que sus generosas reflexiones me conducen a destinos fascinantes que, literalmente, dejan sin habla. Sea esta otra oportunidad para manifestarle el debido agradecimiento.

Mis más respetuosos y afectivos saludos Juan Carlos.

Raúl dijo...

Muy bueno, te enlazo en mi blog.

Andres dijo...

juan carlos: lo leí y me remonte a lo que vi ese día, simplemente increíble...







Andrés Vargas Gutiérrez
2008