martes, 1 de febrero de 2011

Todo lo pusieron los toreros

Aunque en sentido contrario, ya entiendo lo que el Guerra dijo al saber de oídas que Juan Belmonte había dado cinco verónicas a pie junto una tarde de principios del siglo XX: “Cuando no se puede, no se puede. Y además es imposible.”

En los toros, cuando las cosas salen mal, no dan ganas ni de escribir la crónica. Y además todo se trastoca, al punto de que mis apuntes se han perdido gracias a no sé qué malévolo espíritu, ese mismo que sobrevoló la Santamaría este domingo 30 de enero de 2011. Pero en verdad no hacen mucha falta, porque en ellos se consignó casi exclusivamente el aburrimiento.

Esta tarde bogotana, tan llena de expectativas por la presentación de Pablo Hermoso de Mendoza  luego de su alucinado triunfo del domingo anterior; esta tarde de un sol impensable y un lleno en los tendidos que habría resultado fértil para cultivar nuevos públicos; esta tarde, digo, resultó poco menos que un fiasco.

Su responsable directo es el descastado encierro presentado por “Achury Viejo”, de Felipe Rocha: dispar de presentación y manso hasta la ofensa.

Así que todos los detalles que vimos este domingo en la Santamaría lo pusieron los toreros, los de oro y los de plata. Exclusivamente ellos. Pues hoy no hubo toros en la plaza.

Pepe Manrique dejó un quite por chicuelinas en su primero, dos de ellas vertiginosas, por lo ceñidas. Ricardo Santana y Jaime Devia, en este primero, ejemplificaron la verdad a la hora de poner las banderillas. Y en su segundo el torero colombiano expuso su nombre y su vida, en medio de las protestas del público por el comportamiento del toro.

Algo parecido con Miguel Ángel Perera. Buenas maneras, enorme voluntad y una faena de mérito en su segundo, que incluso merecía la vuelta al ruedo pero que se quedó en saludo desde el tercio, pues el toro estuvo ausente. Qué vergüenza.

Y Pablo Hermoso de Mendoza saludó en su primero con una faena de albañil, construida a pulso ante la adversidad y que lamentablemente remató con una estocada defectuosa. Se llevó la única oreja de la tarde en su segundo, exponiendo sus caballos al punto de que Silveti se llevó un puntazo.

Lacónico el asunto, sí. “Achury Viejo” es por entero responsable.

Lo dije antes: no dan ganas ni de escribir la crónica.

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