domingo, 13 de febrero de 2011

Toreo natural



Luego de un veranillo de un par de semanas, este domingo volvió a ser de cielo oscuro en Bogotá. Había llovido por la plaza todos estos días y al inicio de la tarde no fue la excepción. Así que la corrida hoy comenzó 20 minutos tarde, mientras los areneros componían el ruedo para el festejo, bajo un cielo gris que poco a poco se fue oscureciendo una vez más, para terminar entre goterones más o menos abundantes y un frío óseo.


Daniel Luque confirmó alternativa esta tarde y triunfó a ley con su primero. “Magistrado” (No. 185, 472 K) fue aplaudido en la salida y también en el arrastre. Este jabonero sucio, careto y cornidelantero de la ganadería de Juan Bernardo Caicedo, estuvo pronto y fijo ante el capote de Luque que le cuajó cuatro verónicas preciosas, lentas y muy bajas. En la tercera el toro se coló y Luque no se amilanó y compuso la figura ante un toro que pasó a milímetros del matador. Recibió una vara mínima en buen sitio y luego tres buenos pares de banderillas de Jaime Peña y Hernando Franco, que debieron salir a saludar montera en mano. Luque inició la faena de muleta con cuatro pases por alto a pie junto y sin enmendar, para luego dar dos derechazos templados y mandones. “Magistrado” se volvía mirón y algo incierto, pero el joven sevillano ignoró estos problemas para plantear el toreo natural: fueron seis naturales lentos y bajos, casi eternos. La muleta planchada delante de los pitones del toro; la mano baja y la muñeca dulce; el mando firme y tierno al tiempo del brazo desgonzado. El toro, rendido, comenzó a tardear y a ir al paso, pese a los descansos que le dio Luque entre tanda y tanda. Y entonces el confirmante demostró que también puede aguantar y logró un redondo invertido y luego citó para otro, en el que cambió de mano para la segunda mitad del recorrido. Citando con la muleta recogida (dicen los que saben que esto recibe el nombre de “cartucho de pescado”), dio otros dos derechazos finales y cuadró el toro. Entró a matar con decisión y limpieza, dejando una estocada entera fulminante: no habían pasado cinco segundos y “Magistrado” rodaba por la arena. Luque, dichoso, dio la vuelta al ruedo con las dos orejas conquistadas a pulso.

Su segundo, el último de la tarde, fue “Árabe” (No. 187, 518 K), un negro cornidelantero que presentó muchas complicaciones. Lo más lucido fueron tres verónicas compuestas con un capote amplio que peinó la arena algo enfangada de la Santamaría. Clovis Velásquez dejó una vara minúscula pero en buen sitio y tanto Marianín de la Villa como Hernando Franco estuvieron decorosos con las banderillas. Pese a la voluntad casi obstinada del sevillano, con la muleta fue nada lo que vimos. “Árabe” fue por completo irregular: iba y de pronto se paraba; metía la cara antes de encontrarse con el engaño y luego mandaba un cabezazo desconcertante. Entró a matar Luque con igual decisión y dejó una estocada entera pero perpendicular, que trajo una muerte lenta. Escuchó un aviso.

Manuel Jesús “El Cid” vino a Bogotá en sustitución de Sebastián Castella, que ayer en Medellín sufrió fractura de clavícula por una voltereta que le dio su primer toro, ya agonizante. Su primero fue “Inspirado” (No. 61, 482 K), un castaño requemado, capuchino y listón. “El Cid”, de palo de rosa y oro, se plantó en el ruedo y embebió al toro en seis verónicas  como cargas de profundidad, para luego llevarlo garbosamente al caballo de Manuel Ruíz, en el que “Inspirado” dio una pelea de bravo, empujando e izando el rabo, mientras recibía una excelente vara del picador español, que fue aplaudido en la salida. Cumplieron Ricardo Santana y Alex Benavides en banderillas. El sevillano comenzó con doblones elegantes y luego le dio distancia al toro, pues había galopado con un bello tranco largo. Sin embargo, “Inspirado” no se arrancó y “El Cid” tuvo que ir ganándole pasos para luego deslumbrar al público con cinco derechazos ligados, templados, invitando al toro con la muleta presentada muy adelante y llevada hasta el límite de la extensión del brazo. Con la izquierda, los primeros naturales estuvieron ligeramente deslucidos por la tendencia del toro a echar la cara arriba al final del encuentro. Acto seguido, “El Cid” citó de frente y embarcó al toro en una tanda de cinco pases por el pitón izquierdo que vuelven a hacer honor al toreo natural: mando, temple, hondura, lentitud. En una palabra: belleza. El vecino apuntó con emoción: “Si esto no es bello, ¿entonces qué es?”. Tras un desplante torerísimo al finalizar los pases de remate de faena, “El Cid” dejó una estocada entera, algo trasera y tendida. “Inspirado” fue aplaudido en el arrastre y el torero recibió dos orejas, quizás algo exageradas, dada la calidad de la estocada.

El cuarto de la tarde fue “Profesor” (No. 177, 479 K), pero en realidad fue “El Cid” el profesor de este toro jabonero sucio, cornialto y largo que en los primeros momentos mostró recorrido y transmisión. “El Cid” fue otra vez elegante con el capote en cinco verónicas de manos muy bajas y amplitud en la tela al viento. El toro recibió una vara traserísima de Rafael Torres y luego dos excelentes pares de “El Boni”, que debió saludar desde el tercio. Y desde el inicio de la faena de muleta “Profesor” se volvió mirón y demostró peligro. El sevillano comprendió que el pitón más potable era el izquierdo, por lo que le arrancó cuatro naturales, secos como un regaño, para luego templarlo en otro cariñoso, a manera de compensación. Sin embargo, lo sobresaliente vino por el pitón derecho, bronco, casi grosero. “El Cid” inició con dos derechazos mandones y templados, como diciéndole al toro: “Esta es mi primera lección”. Siguió con otros tres pases por derecha, esta vez largos, larguísimos, mientras el toro iba corrigiendo la embestida. Y vinieron entonces otros tres, magistrales (en el sentido educativo de la palabra), para luego dejar otros cuatro y el remate de pecho, que fueron pases tan naturales como el toreo al natural: desmayados, pulcros, toreros. Tras una tanda de trincherillas mandonas, con el toro ya atento a cada una de sus lecciones, “El Cid” dejó un estoconazo algo tendido. Recibió una oreja, merecidísima.

Luis Bolívar, de azul eléctrico y oro, estuvo desigual hoy en Bogotá. Con su primero (“Litigante”, No. 193, 540 K, negro cornidelantero y bizco del pitón izquierdo) fue vistoso con el capote. Inició con dos largas cambiadas y luego planteó una tanda muy seria de cuatro verónicas rematadas a una mano. Llevó al caballo a “Litigante”, que metía bien la cabeza y se arrancaba al galope, por cacerinas al paso, para que recibiera una vara trasera y mínima de Cayetano Romero. Acto seguido hizo un quite con tres saltilleras que avivaron a los tendidos, por lo poco frecuentes que son, al menos en esta plaza. Gustavo García cumplió en banderillas y Marcos Prieto aguantó mucho en el último par del tercio. Bolívar inició con un cambiado por la espalda algo bulloso, pero luego dejó cuatro derechazos y un pase de pecho que estuvieron templados y hondos. El toro cambió su comportamiento y comenzó a hacer extraños al momento de embestir. Tras otros tres derechazos decorosos, Bolívar estuvo digno en tres naturales con mucho temple y decisión. Luego de una tanda de ayudados por alto, dejó una estocada entera en buen sitio y recibió una oreja.

En el quinto de la tarde, de nombre “Buena suerte” (jabonero sucio, cornidelantero, No. 162, 544 K), Bolívar tuvo todo menos buena suerte. Con la capa nos regaló dos verónicas a pie junto. “Monaguillo” estuvo compuesto en banderillas tras una vara seca y breve en buen sitio. Al inicio del tercio final, el toro mostró recorrido y categoría al embestir. Bolívar inició con derechazos a media altura y luego fue bajando la mano poco a poco. Sin embargo, la faena no estuvo ligada y en ocasiones el torero se plantó lejos del toro. Dejó una estocada trasera y tendida que produjo derrame y disgusto abierto en cierto sector del tendido. La división de opiniones en la plaza fue evidente, tras conocer la oreja que recibió el torero caleño.

Con todo, esta penúltima tarde de la temporada taurina 2011 en Bogotá nos dejó un variado encierro de Juan Bernardo Caicedo, del que vale destacar el segundo toro, sobre todo por su comportamiento en una excelente vara de Manuel Ruiz. También vimos tres buenos pares de banderillas y unos lances variados de Luis Bolívar con el capote. Pero sobre todo asistimos al toreo natural, al toreo de verdad: sencillo y hondo; lento por señorial, elegante por sincero y profundo por artístico. Se lo debemos a Manuel Jesús “El Cid” y a Daniel Luque.

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