viernes, 4 de marzo de 2011

Para destacar del 2011 en Bogotá


A vuelo de pájaro, aquí van mis apreciaciones sobre la temporada conmemorativa de los ochenta años de la Santamaría bogotana, en orden que intentado sea estricto.

1. Las entradas y el público
  • Tres llenos completos. Casi todo lo demás, tres cuartos de plaza, mínimo media. Nunca menos. Es un indicador importante de que la afición está firme.
  • El anuncio de la Corporación Taurina de Bogotá de organizar una séptima corrida en 2012. Se trata de una señal alentadora, en tiempos de acalorada reacción anti-taurina.
  • La mezcla de veteranía y juventud en los tendidos. El futuro de los toros depende de la educación, de la formación fecunda que ocurre entre los adultos, los jóvenes y los niños.
  • La atención general que por cerca de dos semanas tuvo el asunto de los toros en tanto espectáculo sobresaliente, por lo poético y conmovedor, gracias a la presencia de Pablo Hermoso de Mendoza en Bogotá.
  • Los silencios del público bogotano; su atención y educación; su sentido crítico y pacífico.

2. Los toros
  • Como hace un año, el encierro del capitán Carlos Barbero merece aplauso, por la verdad que tienen sus toros. Valga destacar a “Castellano” (574 K), que dio una pelea muy interesante en varas.
  • “Altanero” (378 K), de San Martín, en la novillada, se comportó con dignidad en el caballo.
  • Tres de los Mondoñedos recibieron aplausos en el arrastre: “Hoyador” (537 K), “Bambuquero” (462 K) y “Bienvenido” (517 K).
  • “Cafetero” (532 K), de Ernesto Gutiérrez, mereció la vuelta al ruedo, por su casta y su bravura no ausente de peligro.
  • “Inspirado” (482 K), de Juan Bernardo Caicedo, por su trapío y su pelea en varas.
  • Estuvieron por debajo de las expectativas los toros de Achury Viejo, inauditos, y los de César Rincón, que nos tenía mal acostumbrados.
  • En fin, que los ganaderos colombianos, salvo Achury Viejo, mostraron trapío, casta, nobleza y, en ocasiones, bravura.

3. Los toreros
  • En primer lugar, y sobre todo, Pablo Hermoso de Mendoza. Mando, estética, inteligencia, exposición, técnica, empatía con los tendidos. Lo más cercano a la poesía en un ruedo. Visto en retrospectiva, quizás el rabo recibido fue demasiado.
  • Después, Manuel Jesús “El Cid”: temple, toreo poderoso, sobre todo al natural.
  • Luego, las promesas. Diego Urdiales: hondura, seriedad, ganas; Daniel Luque: con la mano baja y la muñeca dulce.
  • Más atrás, Luis Bolívar: un torero que está “pintón”, como decimos en Colombia de las frutas que van en proceso de maduración. En ocasiones se lo nota rígido, demasiado pendiente de la reacción de los tendidos.
  • Sebastián Vargas: Eficaz, “hecho”  y con buena suerte.
  • Siguen dando puntadas de buen toreo, en ocasiones nadando contra corriente, toreros jóvenes como “Ramsés”, Juan Solanilla y Santiago Naranjo, así como el novillero Leandro de Andalucía.

4. Los subalternos
  • Mención de sobra merecida es la de Ricardo Santana. Imponente en banderillas y elegantísimo en la brega.

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