sábado, 23 de abril de 2011

Los toros en Bogotá (San Diego I)


Para la década de los 20 del siglo pasado, Bogotá terminaba al norte poco después del parque de San Diego (ubicado en la actual calle 26 entre carreras 7 y 10). En este parque se construyeron, en las primeras tres décadas del siglo XX, cuatro circos de toros, en los cuales los bogotanos fueron aproximándose poco a poco a lo que son las corridas de toros modernas.

El primer circo de toros de San Diego, ubicado al costado sur de la calle 25, era activo en 1905 y fue destruido el 20 de julio de 1911. El público se ofendió ante la actuación de Valentín y procedió a desentablar el circo, sacar a los toros de los corrales y agredir a los toreros. 

¿Quién fue este Valentín, excusa para el desenfreno?

Figuran tres toreros con este mote en Los toros (tomo III, Madrid, Espasa-Calpe, 1960). Uno es Fermín Verneda, quien estaba en activo para 1914, cerca de la fecha en cuestión. Sin embargo, Cossío no menciona que hiciera visitas a América (p. 987). El otro es Antonio Muñoz, banderillero gaditano que, según Cossío, apenas alcanzó renombre y que acompañó al matador Francisco Díaz, Paco de Oro, por tierras americanas (p. 653).


Antonio Olmedo, Valentín
(tomada de: Los toros, tomo III)
El último Valentín es Antonio Olmedo, matador nacido en Alcalá del Río (Sevilla) en 1874. Protegido de Antonio Reverte, Olmedo toreó como novillero en Sevilla y otras plazas andaluzas para luego hacerlo en Madrid en 1898. De gran valor y arrojo, tomó la alternativa en Murcia en 1900, pero por razones desconocidas las empresas se desentendieron de él, así que Reverte lo llevó con él por Francia, Portugal y México. Dice Cossío que también visitó Venezuela y Perú, y que toreó bastante en las plazas de América Latina. Estaba ya de regreso en España para 1913, muriendo poco después en una riña con arma blanca por cuestiones amorosas (p. 682). Así que todo parece indicar que es este Antonio Olmedo, Valentín, el “florero de Llorente” de la destrucción del primer circo de toros de San Diego en Bogotá.

Cuenta Camilo Pardo, en el libro que venimos reseñando (Los toros en Bogotá, Bogotá, Editorial Kelly, 1946), que el segundo circo de San Diego, también en el costado sur, fue inaugurado en 1915 y tuvo corta vida. Nada más.

Esta foto de época parece corresponder al circo de San Diego (1917).
(Tomada de Historia de Bogotá t. III, S. XX, Bogotá, Villegas, 1988, p. 91)
En cambio, menciona que el tercer circo de San Diego, también en el costado sur, fue inaugurado el 1 de julio de 1917 por Pedro Espejo (de quien no conseguí datos). Allí se enfrentaron por esos años, con éxito resonante, Bienvenida y Alcalareño.
José García R., Alcalareño
(tomada de: Los toros, tomo III)

Es casi seguro que este último es José García Rodríguez, nacido en Alcalá de Guadaira en 1889. Tomó la alternativa en Murcia en 1914 de manos de Rafael Gómez, Gallo, luego de una destacada labor como novillero. Dice Cossío que “más de una vez hizo la excursión a América” (ps. 328-329).
Manuel Mejías Bienvenida
(tomada de: Los toros, tomo III)

Manuel Mejías Rapela,
Bienvenida, nació en el pueblo homónimo de Badajoz en 1884. Tomó la alternativa en 1904 en Zaragoza, con resultados más que aceptables. Cuatro años después había recibido el reconocimiento de todos los públicos españoles. Dice Cossío que “La temporada de 1910, infelizmente truncada, es la más gloriosa de la vida torera de Bienvenida.” Mezclaba la seriedad con la variedad, el clasicismo con la intuición. Pero sobrevino el infortunio que propició la decadencia. En una corrida del conde de Trespalacios, el 10 de julio de 1910, sufre una grave cornada en el muslo izquierdo. Toreando cada vez menos en España, decide viajar a América en 1917. “Lucha allí, en los toros y fuera de ellos, para sacar adelante una prole que ha de hacer honor a su apellido, por sus condiciones de valía, honradez y corrección, y a su mote torero, al escalar los primeros puestos de la consideración taurina” (ps. 586-588).

Lo que me interesa resaltar aquí es que Bogotá, con el inicio del siglo XX, comienza asimismo a acercarse a las fuentes primarias del toreo, por lo menos en cuanto a toreros se refiere, así vinieran ellos en momentos de decadencia.

Falta la plaza de San Diego (el cuarto circo de toros), así como sus protagonistas. Faltan las ganaderías fundacionales de estas tierras. Falta el salto de la época republicana a lo que llama K-Milo la “época moderna” (1931-1945). Y falta lo más difícil: lo que va desde 1945 hasta 2011.

Ya veremos.

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