martes, 9 de agosto de 2011

Alimento para el espíritu

Para el espíritu, siempre es bueno el alimento que brinda una tarde de toros. O una tarde de novillos sin picadores, como la que vimos hoy siete de agosto de 2011 en la Santamaría, en el marco del ya tradicional Festival de Verano de Bogotá. Era una corrida de “Pozoblanco”, desigual de casta y trapío, que convocó a una plaza prácticamente llena, pues recordemos que la boletería es gratuita. El sol, esplendoroso; el cielo, despejado, muy bonito, por lo inusual en la capital bogotana.
Vimos a Guillermo Valencia, de Popayán, quien pese a sus 16 años es un novillero placeado; también a Alejandro Gómez, “El Moni”, de la escuela taurina de Choachí, población muy cerca de Bogotá, y que dejó muy buena impresión; y a Julián Jaramillo, de la escuela de Cali, quien resultó triunfador, gracias al juego que le brindó el último novillo de la corrida.
Guillermo Valencia, el “antiguo” de la terna, no estuvo a la altura del compromiso. “Encapuchado” (No. 19, 331 K, un castaño bocinero, cornidelantero y bizco del pitón derecho), le permitió una media y otra revolera decentes. Luego, en los “quites”, dio tres chicuelinas, la última muy ceñida y peligrosa, pues “Encapuchado” tenía un pitón derecho criminal. Valencia dio dos naturales decorosos aunque deslucidos, pues el novillo levantaba las manos al momento del encuentro. Le faltó mando al novillero y por eso la faena tuvo poca emoción. Entró a matar recibiendo y dejó una media trasera y ligeramente caída. Recibió aplausos.
Su segundo, el quinto de la tarde, fue “Festivo” (No. 28, de 328 K), un cornidelantero serio, negro y listón, que partió plaza y que pronto se tornó distraído. Valencia lo recibió con una larga cambiada, y el novillo mostró que metía bien la cabeza, pero distrayéndose al salir de la suerte. Sin embargo, ya desde las banderillas “Festivo” dio muestras de mansedumbre, volviéndose caminador y pegado a las tablas. Valencia intentó una faena por derecha basada en pares por delante y por detrás, que fue muy poco acertada por la condición antes anotada del animal. El toro tuvo muy poco recorrido, con el agravante de que el pitón izquierdo tenía peligro. Valencia entró a matar recibiendo y pinchó sin soltar. Entró de nuevo y dejó una estocada entera y en buen sitio. Recibió aplausos y algunos pidieron la oreja.
Pero estuvo verdaderamente mal Valencia en el último de la tarde, cuando en banderillas era el encargado del quite a los banderilleros. El novillo se arrancó de largo, los banderilleros fueron a resguardarse al burladero y Valencia tuvo muy poco mando con el capote para retirar al animal que estuvo a punto de darles un susto a los banderilleros.
Dejó una excelente impresión Alejandro Gómez, “El Moni”, quien enfundó su adolescencia en berenjena y oro. Recibió a su primero (“Ateo”, No. 14, 297 K, negro, cornicorto y flaco) con una larga cambiada y luego le dejó dos verónicas bien ejecutadas y una media. Luego, aprovechando la relativa alegría de “Ateo”, nos regaló tres chicuelinas hermosas, con mando. Tras un tercio de banderillas muy técnico por parte de “El Piña” y Marcos Prieto, “El Moni” inició su faena por alto y con mucha suavidad. En la segunda tanda aprovechó el que el novillo metía la cabeza con clase y era pronto y con recorrido, para dejar cuatro derechazos muy lentos y compuestos. Sin embargo, por la izquierda el novillo era mucho menos interesante y se iba de la muleta. Optó entonces el joven torero colombiano por dejarlo descansar y reinició por derecha, citando adelante y corriendo el brazo con técnica. Alargó innecesariamente la faena, dejó enfriar a los tendidos y se fue a matar para pinchar soltando; luego, una media caída y perpendicular. Tras tres descabellos y un aviso, escuchó los aplausos del público.
Su segundo fue “Tamarón” (No. 13, 340 K), un negro cornidelantero, bien hecho y algo enmorrillado para su edad; sin duda, el mejor del encierro en cuanto a presentación se refiere. Deliciosa la concepción de las verónicas a pie junto, aunque la suerte en sí fue deslucida gracias al viento y, por qué no, a que el novillo le ganó constantemente los terrenos. “El Moni” invitó a Hernando Franco a poner banderillas por delante de él y le hizo un quite a cuerpo limpio muy plástico. Dejó el novillero un par técnico y luego otro emocionante, cuarteando. Otra vez mostró “El Moni” muy buenas maneras, especialmente por la derecha. No obstante, en algún momento le perdió la cara al novillo y éste hizo por él; estuvo a punto de cornearlo en el piso. Por esta razón se ganó una fuerte reprimenda de Hernando Franco. El viento tuvo buena parte de la responsabilidad de que la labor de “El Moni” saliera deslucida, haciendo a un lado la inexperticia comprensible en estos casos, así como la carga de responsabilidad que se debe sentir al estar cumpliendo el sueño de torear en Bogotá, y con plaza llena. Dejó en su primer intento una media estocada algo caída, que el toro escupió prontamente. Lo intentó de nuevo y dejó una media en buen sitio, pero el toro tenía mucha energía todavía, así que “El Moni”, con mucha inteligencia, lo intentó por tercera vez y dejó una entera, caída pero efectiva. Escuchó el silencio.
Julián Jaramillo (o Julián Mateo) fue, al final, el triunfador de la tarde. Su primero (“Taimado”, No. 10, 302 K) fue al principio alegre, galopando con su cornamenta abierta por todo el ruedo de la Santamaría. Pero pronto se le vieron muchos defectos: distraído, con la cara alta y saliendo suelto de las suertes. En banderillas, Ricardo Santana dejó un par extraordinario, de adentro a afuera. En la muleta, “Taimado” se rajó al segundo o tercer pase, y tras dos derechazos que valen la nota dejó una estocada entera al volapié, decidida y seria. Mereció aplausos.
Con el último de la tarde (“Capuchino”, No. 24, de 318 K, un negro cornigacho, que brindó el mejor juego de la tarde), Julián Mateo hizo una faena para la gradería. Citó de largo, de rodillas, y de largo se arrancó el novillo. Aprovechando que “Capuchino” tenía recorrido y se repetía con emoción, continuó toreando rodilla en tierra. El novillo tuvo la característica de ir muy bien a los dos primeros pases de cada tanda, para luego desentenderse del engaño. El novillero fue astuto al aprovechar las arrancadas del toro y transmitir emoción a los tendidos que le valieron la única oreja de la tarde, tras una estocada de nuevo decidida, entera, volcándose sobre el morrillo.
Así pues, estuvimos en este festejo popular de verano en Bogotá, y nos trajimos algunos detalles a casa. Eso sí, las fotos salieron terribles, por lo que no se puede ilustrar esta entrada.

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