lunes, 15 de agosto de 2011

De cómo NO se matan los toros


Mi padre tenía entre sus recuerdos taurinos una foto diminuta, fechada en Cali, en diciembre de 1961, que retrata al matador Gregorio Sánchez entrando a matar. En el respaldo  anotó “De cómo NO se matan los toros”. El NO está así, en mayúsculas, de su puño y letra.

Cincuenta años después, en Bogotá, en el cierre del Festival de Verano 2011, puede repetirse esta leyenda de foto, gracias a la actuación de tres toreros colombianos (Cristóbal Pardo, Manuel Libardo y Moreno Muñoz), que borraron con la espada lo que hicieron con la muleta ante un encierro interesante de “El Paraíso”, con lleno hasta las banderas.

"Festivo" va al caballo (JCMC)
Cristóbal Pardo estuvo desganado con su lote. “Festivo” (No. 60, 446K) fue un negro mate cornidelantero y bonito de presentación. Recibió una vara breve en buen sitio y luego las banderillas puestas por el matador. La faena fue lánguida pues el toro iba sin celo, levantando la cabeza, desarrollando sentido y en ocasiones con peligro. Además, Pardo estuvo falto de temple tanto por derecha como por izquierda. Dejó una estocada entera y caída y el toro tardó en doblar. Un aviso.

Su segundo (“Enojado”, No. 53, 477K), un jabonero corniabierto, bello de lámina, que fue recibido con aplauso en la salida. Inició bien Pardo con una larga cambiada y luego dio al toro mimos con el capote, para regalarnos después una bella verónica. “Enojado” recibió una vara fuerte y en buen sitio. No recargó el toro al caballo y salió casi parado. Hernando Franco dejó un muy buen par, pero el toro no recibió una buena brega, yendo hacia donde le daba la bovina gana. Inició Pardo desde el estribo pero fue evidente que estaba incómodo, a disgusto. Toreó por derecha sin ganas, pues “Enojado” en realidad era aburrido. Por la izquierda ni lo intentó siquiera. Entró a matar y pinchó sin soltar. Después dejó un pinchazo hondo que el toro escupió pronto. Al tercer intento dejó una media en buen sitio, que no tenía muerte. Tres intentos de descabello, entre el disgusto y el mal humor, y dos avisos.

Manuel Libardo se llevó lo mejor de la tarde. “Leñador” (No. 52, 476K), un chorreado en verdugo, cornialto, bocinero y ojo de perdiz demostró poca fuerza en varas, y al inicio de la faena quería salir suelto de las suertes. Quizás los doblones toreros y el cambio de terrenos hicieron que el toro se fuera a más, ganando en recorrido y en fijeza. El torero de Ubaté (población a unas dos horas de Bogotá) fue componiendo una faena interesante, a base de derechazos serios, un par de naturales profundos y otros dos ayudados por alto en el centro del ruedo, bastante elegantes. Entró al encuentro, apresuradamente, y pinchó sin soltar. Al segundo intento dejó un pinchazo hondo y recibió un golpe seco en el bajo vientre. El tercero fue una media estocada caída, a punto de bajonazo criminal, que produjo hemorragia y convulsión. Silencio y desagrado fue la respuesta del público.

El par de la tarde (JCMC)
Su segundo, el quinto del encierro, fue sin dudas el mejor de la tarde. La actuación de Libardo y su cuadrilla, hasta justo antes de entrar a matar, fue lo más artístico de la tarde. Pero Libardo con la espada, más que matar al toro, liquidó todo lo bueno que había ocurrido. “Apasionado” permitió dos verónicas plásticas y una larga preciosa. Recibió una vara seca y breve en la que recargó con ganas de pelear. Luego, Ricardo Santana y otro subalterno cuyo nombre se me escapa dejaron dos excelentes pares y fueron obligados a saludar. “El Piña” cerró al toro al burladero dos, toreando a una mano cargada de técnica y dominio. Libardo planteó una faena en los medios y “Apasionado” demostró pasión en ella. Bravo, noble, fijo en la muleta, recibió tres tandas por derecha bien estructuradas y profundas. Por naturales, la faena tuvo ligazón y hondura. Y entonces, después de lo mejor, vino el chaparrón de lo peor. Libardo cuadró al toro en el centro del ruedo y dejó un pinchazo hondo y caído que parecía bastar. El toro, sin embargo, no dobló y se fue a tablas donde recibió una andanada macabra de descabellos ejecutados con duda, sin convicción y sin fuerza. Sonaron dos avisos. “Apasionado” recibió aplausos merecidísimos en el arrastre.  
Toro, torero, cuadrilla
y público padecen en tablas (JCMC)

Moreno Muñoz paró bien a “Alcahuete” (No. 51, 459K, negro mate, cornidelantero), pero luego dejó una tanda deshilvanada de verónicas. El toro fue abanto y distraído en el capote, pero luego recargó en una vara larga y rectificada, de la que salió suelto hacia toriles. Incierto y con genio, recibió un pase por alto decente antes de que el matador detuviera la faena debido a una gresca en los tendidos que causó gran alboroto. Reanudó la faena y se lo vio serio y claro, con hondura y ligazón por derecha, aunque recibió una aparatosa voltereta cuando el toro lo levantó por la pantorrilla. Cambió de mano y dejó tres ayudados por izquierda y luego una tanda de naturales largos. Por derecha Moreno Muñoz comprobó que el toro había aprendido y se revolvía con peligro. Entró a matar y pinchó sin soltar. El toro daba arreones de manso con genio. Se arrancó “Alcahuete” repentinamente al segundo intento y el matador intentó recibirlo pero dejó un rasguño tan profundo como feo en la paleta derecha. Al tercer intento dejó un pinchazo hondo que le valió otra voltereta. “Alcahuete” se defendía y causaba un alboroto tremendo en el ruedo, casi como el que habíamos presenciado en los tendidos. Otros dos intentos y otros dos pinchazos, para la impaciencia entendible del público. Totalmente ajeno a la suerte, al sexto intento dejó una entera, caída, defectuosa pero efectiva.

El último de la tarde fue “Leguleyo” (No. 7, 458K), otro chorreado en verdugo, cornidelantero, bocinero y ojo de perdiz. Tras una larga cambiada, Moreno Muñoz dio dos verónicas plásticas, bien concebidas y ejecutadas. De la primera vara, “Leguleyo” salió doliéndose y luego no recargó en la segunda vara, trasera hasta la infamia. Después de un buen par de Jaime Devia, el colombiano concibió una faena acelerada pero con alegría, pues así iba el toro al engaño, sobre todo por el derecho, pitón por el que fue boyante. Perdió la muleta en el tercio, y con ello la concentración, pues al entrar a matar volvió a dejar un pinchazo hondo que el toro escupió casi de inmediato.

Después, ya no sé. Ya había salido yo de la plaza pensando en cómo NO se matan los toros.

1 comentario:

Felipe dijo...

Me gustaría conocer su opinión de lo que acontece en Cataluna. Gracias.