lunes, 26 de diciembre de 2011

Civilización y barbarie



Anoche, a las siete, la novillada con picadores de la ganadería quindiana de “Salento” que abre la temporada taurina de la ciudad de Cali. En los tendidos de la plaza se alcanzan a escuchar los bajos profundos de las orquestas de salsa que tocan en las casetas aledañas. Mientras tanto, en el ruedo, el solemne paseíllo. Salsa y pasodoble: las culturas híbridas en vivo, palpitantes.

Los detractores de la fiesta izan como bandera el que se trata de un evento bárbaro. Quienes la amamos vemos en ella, cuando se realiza con pureza, una manifestación civilizada, un rito que implica el sacrificio público de un animal totémico.

Pues bien: quienes asistimos a Cañaveralejo anoche pudimos presenciar el sacrificio que he calificado como civilizado y una de las más bárbaras actuaciones que recuerda quien esto escribe.

Protagonizó la barbarie un novillero de la escuela taurina de Cali, un tal Randy Rojas. Los comentaristas locales afirmaban que sólo había lidiado un novillo en todo el año. Y por lo visto creo que exageraron. Su primero (“Arete”, de 460 K), un negro cornidelantero que metió la cara en el inexperto y dubitativo capote de Rojas, peleó con el caballo de Luis Tamayo. Y vino la muleta, qué digo, los trapazos sin sitio; los pasos desgarbados; la ignorancia bípeda, apenas decorada por un natural sencillo, que se destacó en medio de la ordinariez que se paseaba por el ruedo vestida de hueso y plata.

El desenlace con la espada fue la barbarie superlativa: Rojas cazó a mansalva al pobre novillo con media tendida, artera. Luego, un pinchazo hondo; otros dos, como de matarife; después muchos más, con “Arete” contra las tablas, que de seguro se preguntaba: “Pero, ¿qué le pasa a este animal?”. Sonaron los tres avisos mientras el público vociferaba “¡FUERA!, ¡FUERA!”. “Arete” se fue triste de la plaza, pero Rojas se quedó y nos dio un poco más de lo mismo en el último de la noche.

Encarnó la civilización el mexicano Sergio Flóres, a quien se le notó la experiencia acumulada tanto en su país como en España. Con el primero de la noche (“Arito”, de 390 K), un cárdeno, meano, axiblanco y cornivuelto que tuvo poca trasmisión y que llevó casi siempre la cara a media altura, tuvo detalles promeseros: un quite por chicuelinas, dos derechazos largos y otros dos naturales hondos. Mostró técnica y mando ante un “Arito” sin codicia, que murió por una entera algo desprendida.

Y vino luego su segundo, el cuarto del encierro (“Pascual”, No. 72, de 396 K). Este negro cornidelantero permitió una verónica seria y luego tres chicuelinas secas, con ritmo. Después de una vara corta y dura, “Pascual” aceptó el quite por lopecinas, que se deslució por la pérdida del capote en la primera.  El último tercio tuvo alegría en sus inicios, con tres cambiados por la espalda, para luego despacharse Flores con una tanda de cuatro derechazos muy templados y muy largos, haciendo con elegancia algo que los que saben de esto llaman “correr la mano”. El novillo fue bueno, noble, fijo y con recorrido, e incluso llegó a “planear”, metiendo muy bien la cabeza en una excelente tanda de naturales mandones y elegantes. Ya lo dije arriba: la civilización del toreo. Y entonces, la petición mayoritaria del indulto y la presidencia que lo concede, quizás con manga ancha. Pero el torero fue mucho más.

En el medio de la civilización y de la barbarie estuvo otro novillero local, Andrés Valencia, cuya actuación insípida no vale el renglón.

Veremos qué pasa esta noche con el encierro de “La Carolina” para Uceda Leal, Paco Perlaza y Miguel Abellán reemplazando a José María Manzanares.

No hay comentarios: