miércoles, 21 de diciembre de 2011

Los toros en Bogotá (San Diego II)


Retomo este recorrido por la historia de las fiestas de toros en Bogotá, interrumpido meses atrás, de la mano de Camilo Pardo Umaña (K-Milo) en su libro Los toros en Bogotá, (Ed. Kelly, 1946).
Ubicación del Circo de Toros de San Diego
(Tomado de: Atlas histórico de Bogotá. 1538-1910. Bogotá, Planeta, 2004, plano 5)
Chiquito de Begoña 
(Tomado de: Los toros, t. 3, p. 862)
El cuarto y último Circo de San Diego, ubicado en el costado occidental del Parque del Centenario, se inauguró el 4 de junio de 1922, pero no con una corrida de toros sino con una pelea de boxeo. Los capitalinos sentían verdadero fervor por el pugilista Rafael Tanco, quien se enfrentó por esos años al chileno Vásquez, al inglés Daly y al norteamericano Brewer. Meses después fue inaugurada para efectos taurinos por Rufino de San Vicente, Chiquito de Begoña.

Dos años antes, en 1920, aprovechando el interregno entre la desentablada plaza de San Diego —véase la entrada “Los toros en Bogotá (San Diego I)”—, un político local hizo aprobar una ley que prohibía la muerte del toro en la plaza, orden que logró reversarse tras largos y sustanciosos debates. Aún no era permitido el tercio de varas en Bogotá, que comenzó a practicarse años después gracias a la gestión de don Ignacio Sanz de Santamaría, cuyo nombre porta la actual plaza bogotana.

Fue el mismo don Ignacio Sanz de Santamaría quien en 1923 dirigió la importación de seis sementales españoles (cuatro de Santa Coloma y dos de Veragua), que serían la base para la más antigua de las ganaderías modernas colombianas, Mondoñedo. En la temporada de 1924 se presentaron Julián Sáiz (Saleri II), José Gómez (Joseíto de Málaga) Manuel Álvarez (Andaluz) y Juan González (Almanseño II).

(Tomado de: El toro de lidia en Colombia, Bogotá, Fedegán, 2009, p. 37)
Cuatro años más tarde, en enero de 1927, Mondoñedo lidió su primer toro de media sangre en Bogotá, que le correspondió a Alcalareño, quien al decir de don José María de Cossío ya había caído en el olvido en España unos cuatro años antes (Los toros, t. III, p.329). También con toros de Mondoñedo se organizó la segunda temporada de Rafael Gómez, Gallo, que ya se había presentado en el cuarto Circo de San Diego el año de 1922, junto a Manuel Mejías, Bienvenida.

Dicen los cronistas de la época de aquella temporada inaugural: “Por las puertas del toril desfilaron ayer veinte o veintidós bueyes, ante cuya mansedumbre y ante cuyas astas inmoral y vergonzosamente despuntadas, El Gallo y Bienvenida tuvieron que hacer prodigios de ciencia torera para no quedar bajo el ridículo en que a cada momento quería hundirlos aquel escuadrón de escarabajos que en hora maldecida nos botaron el sábado…” (Citado en: Historia de Bogotá, Tomo III, Siglo XX, Bogotá, Villegas Eds., 1988, p. 98).

Afectado por la muerte de su hermano José, cuenta K-Milo que el Gallo había escogido personalmente en Mondoñedo un toro jabonero al que lidió con poder y peligro, pues el animal lo empitonó en la mitad del ruedo y lo lanzó por los aires. Su alternante, Alcalareño, se disponía a continuar la labor cuando oyó la voz de Rafael Gómez que le ordenaba retirarse: “Quítate, chato. Yo puedo con el toro”.

Desde 1928, don Ignacio Sanz de Santamaría atenderá sus dos proyectos principales: la consolidación de la ganadería de Mondoñedo y la construcción definitiva de una plaza de toros para Bogotá, que habría de llevar su nombre años más tarde. Así que es esta década de los veinte la que se constituye en el prefacio de la fiesta moderna de los toros en la capital colombiana.

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