sábado, 14 de enero de 2012

"¡Un paso pa'lante! ¡La muleta a'lante!"



Comenzó, en medio de las discusiones suscitadas por el alcalde Gustavo Petro, la temporada taurina en la capital de Colombia este año 2012. Qué lástima que dichas declaraciones lo único que hayan generado es el aval para la vociferación y la agresión, cada vez más descarada, de los antitaurinos. Insisto en lo paradójico del asunto: en nombre de la vida, se estimula la virulencia, la descalificación y la estigmatización. Pero dejemos esto a un lado, que ya habrá tiempo de ocuparse de ello, y vayamos a lo importante: la corrida.

Esta tarde, una novillada de la ganadería de Cenicientos, de don Gerónimo Pimentel e hijos, que presentó problemas en los remos delanteros. Tres de los ocho novillos del encierro fueron devueltos. Uno, el quinto, sin atender al reglamento, ya que había sido picado, ya habría podido valer, dado su comportamiento en el tiempo que estuvo en el ruedo.

Vinieron tres novilleros a debutar con picadores en Bogotá: Juan Viriato, apoderado por Gonzalo Rincón, padre del maestro César Rincón; Luis Miguel Castrillón, bajo la orientación del matador en retiro José Antonio Campuzano; y Sebastián Cáqueza, apadrinado por el ganadero de la tarde. Todos con ilusión, todos en su fase de aprendizaje y por ende sufriendo volteretas y percances, pero eso sí todos con maneras de buen torear.

Viriato toreó sin alargar el brazo al presentar el engaño. Estuvo bien en dos chicuelinas que le dio a su primero (“Vizcoso”, de 376 K, negro cornidelantero) y dejó un estoconazo en su segundo (“Escritor”, de 377 K, un melocotón cornigacho, bizco del pitón izquierdo) que bien le pudo valer la oreja. Todo quedó en saludo desde el tercio.

Castrillón vio cambiar a su primero (“Fulero”, de 376 K, negro cornidelantero) y luego pasó apuros con el chorreao en verdugo de 410 K que lo reemplazó, pues el novillo tuvo problemas por ambos pitones. Luego le correspondió “Bufón”, un jabonero sucio corniabierto de 380 K, con el que compuso una verónica cadenciosa. El novillo fue bien al caballo y recibió una vara sobria de Rafael Torres, que mereció aplausos. En la muleta la embestida resultó incierta y el muchacho, nervioso, perdió el temple. Valga señalar un par de derechazos decentes. Mató de estocada casi entera en buen sitio, luego de pinchar sin soltar.

Sebastián Cáqueza pudo emplearse a gusto con “Giboso” (No. 59, de 378 K, negro azabache cornidelantero), sin duda el mejor novillo de la tarde. Fijo y alegre, de excelente embestida, le permitió al novillero tres verónicas bajas, dos chicuelinas sonoras y una revolera alegre. En la muleta, dejó Cáqueza dos tandas sobrias por derecha, la segunda enseñándole la panza de la muleta al novillo, con el brazo muy adelante. Por el izquierdo, “Giboso” no era tan boyante, así que replanteó la faena el joven matador, pero se echó literalmente al novillo encima al intentar una serie por manoletinas. Mató de estocada entera, delantera y perpendicular. Recibió una oreja y “Giboso” una merecida vuelta al ruedo.

El segundo de su lote (“Corcito”, de 459 K) pareció malograrse en el ruedo y fue cambiado, pese a haber sido picado. De seguro habría valido también, si le hubieran permitido permanecer en el ruedo. Y luego también fue devuelto el jabonero carbonero ojalado que salió en su reemplazo.
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Lo mejor de la tarde estuvo en el segundo tercio. Se lucieron Alex Benavides, Wilson Chaparro, el Piña, James Peña, Jaime Devia, Andrés Herrera, pero sobre todo José Páez y ese excelente subalterno que es Ricardo Santana, quien se destacó no sólo con las banderillas sino con el capote de brega.

Algo que encanta de estas novilladas es su carácter pedagógico. Subalternos y apoderados están constantemente dando indicaciones a los jóvenes con ilusión de ser figuras del toreo. Por ejemplo, José Antonio Campuzano le decía a Luis Miguel Castrillón en su segundo: “¡Un paso pa’lante!”, ¡La muleta a’lante!”. El aprendiz actuaba en concordancia y el toro respondía. Eso da seguridad.

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