lunes, 20 de febrero de 2012

Lo que pudo haber sido y no fue



Estuvieron Pepe Manrique y Alejandro Talavante, con altibajos. Estuvieron también los toros de Ernesto Gutiérrez, decorosos, bien presentados, unos más y otros menos bravos. Pero esta última tarde de la temporada taurina 2012 en Bogotá, que a las tres era plomiza y ceñuda pero para las cinco era de un azul primaveral, si aquello existiera por estos pagos, estuvo a punto de la cumbre Julián López, El Juli.

Pepe Manrique mostró con su primero (“Luchador”, de 507 K, negro azabache, alto, largo y veleto) ese toreo suyo curtido y recio. Aprovechó las bondades del toro, sobre todo a media altura, para matar saliéndose de la suerte y recibir, sin embargo, una oreja. A su segundo (“Carbonero”, de 486 K, flojo de manos) lo aguantó por derecha y lo atravesó al primer intento, para luego recibirlo y después fracasar en multitud de descabellos desagradables. Escuchó los tres avisos.

Volvió Alejandro Talavante luego de cinco años y se lo vio incómodo en la Santamaría. Con su primero (“Sembrador”, cárdeno bragado, cornidelantero y cornicorto, de cuello ínfimo) tuvo aguante por derecha y regaló un natural plausible, dada la embestida irregular de “Sembrador”. Y en su segundo (“Madremonte”, negro cornidelantero de 540 K) pudo concebir un derechazo hondo y dos naturales serios, para terminar con estocada entera y tres descabellos.
El de pecho de El Juli
(Foto: Camilo Arango)

Chicuelina de El Juli (Foto: Camilo Arango)
Pero, sobre todo, vuelvo a decirlo, esta tarde estuvo Julián López, El Juli, en Bogotá. “Concertista” (negro corniabierto, casi playero de 498 K) estuvo primero abanto con su gorda estampa en el ruedo. El Juli comenzó a enamorarlo con tres verónicas lentas, de galanteo. Luego de una vara buena y breve, le coqueteó con tres chicuelinas mandonas y dos medias promeseras. Y en la tercera cita, la definitiva, fue lento en la primera tanda, almibarada. “Concertista” iba bien al engaño, pero como las damas esquivas, estaba distraído y sin transmitir demasiada emoción. Para la tercera tanda el toro ya no cabía de amor, siguiendo al torero por todo el ruedo cada vez que él le daba un respiro. Y así, amorosamente, lo trató El Juli con seis derechazos tipo adagio, con cinco naturales tipo andante ma non tropo, para luego pintar dos redondos por ambos pitones. Lamentablemente, pinchó sin soltar y luego dejó una entera traserísima. Le dieron una oreja.
Derechazo de El Juli
(Foto: Camilo Arango)

De su segundo me gustaría resaltar tres manoletinas con vuelo, de esas que casi nunca se ven por estas tierras, y dos derechazos que fueron redondos profundos y con mando. La plaza cantaba “¡Torero! ¡Torero!”

Buen remate el de esta temporada 2012 en Bogotá.

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