lunes, 6 de febrero de 2012

¡Santa María! ¡Qué corrida!



"Muñeco" en el ruedo (Foto: Daniel Londoño)
Excelente la corrida que presentó Mondoñedo, la ganadería más antigua de Colombia, esta tarde en Bogotá. Impecable su presentación y su trapío –el encierro tuvo un promedio de 504 K. Toros encastados, nobles, macizos y poderosos (cinco negros y uno castaño, bien armados todos) que impusieron respeto en la plaza. Uno, el cuarto, mereció la vuelta al ruedo, y otros tres –primero, segundo y quinto- fueron aplaudidos en el arrastre. Cuentan que cuando terminó la corrida don Fermín Sanz de Santamaría estaba llorando. No es para menos.

Natural de Ramsés (Foto: D. Londoño)
Estuvo decoroso Ramsés en su segundo, porque la verdad es que su primero (“Muñeco”, de 489 K) le ganó la pelea. Dos buenos pares de H. Franco y J. J. Suaza les valieron saludar desde el tercio. “Muñeco” mandó siempre, galopando y transmitiendo emoción con su bravura demostrada en su pelea en varas. El torero bogotano dudó durante la faena porque el toro se le había colado dos veces en el capote. En la muleta “Muñeco” fue desarrollando genio. A los toros bravos no les gusta la duda. Murió de tres cuartos de espada tendida y un poco caída, pero efectiva. El público despidió al torero gritando “¡Toro! ¡Toro!”

El cuarto (“Bienvenido”, No. 504, de 500 K) fue fijo y con tranco. Se empleó bien en varas y luego tuvo nobleza en su brava embestida por ambos pitones, aunque le faltó algo de recorrido. Vimos a Ramsés toreando primero por doblones toreros para luego plantar el pie y dejar seis derechazos muy largos y con la figura compuesta, tres en la segunda tanda y otros tres en la sexta. Estuvo bien por izquierda, con ocho naturales hondos y templados en las tandas maduras de la faena. Remató con tres manoletinas para alegrar a los tendidos. Mató de entera en buen sitio y la presidencia le negó una oreja que se pidió con fuerza.

Bolívar en su primero (Foto: D. Londoño)
Triunfó Luis Bolívar hoy en la Santamaría. “Bambuquero” (500 K), largo, pronto en el galope repetido, permitió cuatro verónicas de manos bajas y tres chicuelinas en el quite, luego de una vara defectuosa. Con los pies firmes en la arena, Bolívar compuso una faena garbosa, citando con la mano bien adelante y la muleta planchada. Se destacan dos tandas por derecha ante un toro que tuvo una querencia marcada por el tercio entre el burladero 1 y el 2 y que, pese a escarbar, cuando se decidía a embestir lo hacía con alegría y seguridad. Mató de entera algo caída pero efectiva, y recibió una oreja.

El castaño quinto (“Sasaimuno”, No. 597, de 532 K, listón y enmorrillado) nos regaló un momento inolvidable. Se arrancó de largo; lo recibió impecablemente Luis Viloria y el toro se empleó con tanta clase que las patas estuvieron suspendidas en el aire un par de segundos, encumbradas por el rabo enhiesto como una bandera que ondea en la cima de una cumbre. Precioso. Tuvo el toro un pitón derecho extraordinario, boyante y bravo, al que Bolívar aprovechó en las tres primeras tandas con la montera puesta, casi sin enmendar, lleno de mando, temple y lentitud. En cambio, el pitón izquierdo fue incierto y Bolívar lo abandonó pronto. Dejó un estoconazo firme y recibió otra oreja. Los aplausos de admiración fueron para el toro en el arrastre.

El imponente quinto de la tarde (Foto: D. Londoño)

Santiago Naranjo desnudó su inexperticia con el primero de su lote (“Periodista”, de 503 K) que se empleó muy bien en la segunda vara, la que recibió del picador que cubría la puerta. Ricardo Santana estuvo espléndido otra vez en sus dos pares y saludó montera en mano. No bastan las mandonerías a los subalternos ni las bravuconadas en la cara del toro para ser buen torero. Habría que bajar la mano, mandar y templar la embestida de un toro franco como este, de tranco largo. Y esto fue lo que no hizo Naranjo con “Periodista”.

Le sobró, en cambio, sagacidad a la hora de brindar el último de la tarde al ganadero, para que la plaza unánime aplaudiera y gritara “¡Viva Mondoñedo!”. Sin embargo, este toro –cuyo nombre se me escapó-  fue el menos interesante del encierro, aunque también tuvo momentos vibrantes, con ese galope encastado y firme. Naranjo se vio sin temple ni sitio, toreando a media altura y lejos en ocasiones del toro. Dejó una estocada perpendicular, de rejoneador, y luego quiso descabellar, pero el toro, agonizando, le ordenó quitarse  y dio un largo paseo desde el tercio hasta los medios y de allí a las tablas del tendido de sol.

Admirado se fue el público de la Santamaría bogotana esta tarde plomiza. Yendo a buscar el taxi, pensaba yo: “¡Santa María! ¡Qué corrida de toros la de los Sanz de Santamaría!”

¡Larga vida a la sangre brava de Mondoñedo!

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