viernes, 28 de diciembre de 2012

Cuando las cosas van bien


La tarde del 27 de diciembre vimos un muy interesante encierro de la ganadería colombiana del maestro César Rincón, Las Ventas del Espíritu Santo. Casi todos bravos, salvo el quinto, serios de cuerna, musculosos, con recorrido y clase en la embestida. Sin embargo, algunos fueron flojos de remos.
Da gusto ver toros con casta ante toreros con mando y empaque. La excepción fue el cucuteño Sebastián Vargas, ese experimentado matador al que casi nunca se le escapa el triunfo. Esta tarde, en cambio, estuvo fuera de sitio, dubitativo y con poco mando.
En su primero (“Azuceno”, 470 K, negro chorreado que metía muy bien la cara en los engaños, noble y fijo aunque con poca transmisión) arriesgó mucho en un par al violín en el tercio y luego nada más. Su segundo (“Piragua”, 440 K, un negro listón, astifino y bien armado) estuvo a un pelo de partirlo en dos cuando Vargas lo citó de rodillas al primer lance de capa y el toro le arrancó la hombrera izquierda. En sus dos actuaciones sólo obtuvo silencio en los tendidos.
Vuelta de "El Juli". Foto: DR Reina
Cuando las cosas salen bien en esto de los toros, es prácticamente imposible describirlas. Asistimos hoy a dos versiones de Julián López, “El Juli”. El primero fue el torero dulce pero no empalagoso, porque tiene mando. “Bailarín” (440 K, negro bien armado) permitió un quite por cuatro chicuelinas firmes como la amonestación de un padre justo. Luego, esas dos tandas de derechazos y esos cinco naturales sin enmendar, estirándose en una lenta eternidad, como un gato que se despereza en una tarde calurosa. El toro tardaba en embestir, pero era fijo y bravo, así que vino el mando y el aguante en el remate de la faena, de una responsabilidad encomiable. No tuvo un buen final con la espada. Al segundo descabello dobló “Bailarín” y “El Juli” dio una vuelta al ruedo con una oreja como reconocimiento a su labor rimada y ritmada como la estrofa de un buen soneto.
El segundo “Juli” fue bello en el capote, y cuando “Dulcero” (488 K, negro listón y chorreado)  reveló su poca casta, afloró la reciedumbre del lidiador, la autoridad de la muleta sobria y mandona, pero sin mal genio. Fue efectivo al matar y saludó merecidamente desde el tercio.
Pase de pecho de Fandiño. Foto: DR Reina
El vasco Iván Fandiño se desquitó de su pálida actuación anterior y salió por la puerta grande. “Intuitivo” (442 K, negro cornidelantero y astifino) salió suelto de las tres verónicas iniciales. Fandiño lo recogió con otras dos y remató con dos medias secas, con sabor a jerez. Tanto humillaba el toro que a la primera chicuelina de los quites clavó los pitones en la arena y dio el bote. Con la muleta, Fandiño por el pitón derecho tuvo cuajo, a medio camino entre lo sólido y lo líquido. Nos dejó un pase de pecho enorme, cruzando la mano al hombro contrario. Concluyó la faena con una tanda de manoletinas invertidas cuyo riesgo erizó a los tendidos. Mató de entera traserita y recibió una oreja.
“Berraquito” (480 K, negro cornidelantero y enmorrillado), fue bravo y lució mejor al compás de Fandiño. Algo rápidas las gaoneras de recibo, para parar al toro con dos lances a una mano. Lástima la vara mínima, pues habría sido la confirmación de este toro bravo. La muleta tuvo la oscura profundidad de un pozo. Inició por alto a pie junto; luego, dos tandas por derecha, de procesión solemne, y otras dos por izquierda como un buque de carga entrando a una bahía. Mató con una gran estocada y recibió dos justísimas orejas.
Salimos satisfechos a la calle Quinta y en la noche soñamos con esta tarde de toros.

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