domingo, 30 de diciembre de 2012

De todo un poco



González rumbo a la enfermería Foto: DR Reina
No sé si anoté bien el nombre del primer toro de esta tarde en Cali, pero la primera palabra que aparece en mi libreta es “Distraído” (474 K). De cualquier forma, así fue este primero del encierro de Ernesto Gutiérrez: distraído, soso, desentendido. Y lo peor es que contagió estas condiciones al matador caleño Diego González, que se fue tras un aviso al callejón.
En cambio, con “Flamenco” (482 K, veleto, meano y axiblanco), González mostró pundonor. El toro se le coló al inicio del recibo. Le marcó un puntazo en el muslo derecho, lo golpeó en el aire y luego lo persiguió por la arena. Tras el susto y otras dos señales de peligro comenzando el tercio final, le fue subiendo la sangre a la cabeza y concluyó con decoro, aunque volvió a equivocarse con la espada, de seguro por falta de corridas. Lo aplaudimos cuando se retiró a la enfermería, arropado garbosamente por su cuadrilla.
Estos toros de Ernesto Gutiérrez no me convencen. Son noblotes, pero con poca casta. Los mansos que se dejan, pasan y pasan y pasan cansinamente; los que no, rayan en la cobardía. Y de vez en cuando sale uno bravo, bravo de veras. Pues bien: de todo esto vimos hoy en Cali.
El Juli por derecha Foto: DR Reina
“Cerrajero” (458 K, negro listón y axiblanco), dejó que “El Juli” mostrara ese toreo dulce suyo. Fue desconcertante verlo fallar con la espada (media trasera y tres descabellos). Lo obligaron a saludar por esos redondos marinados, por esos naturales de finales amelocotonados en boca y nariz, por esos derechazos en almíbar.
Un toro que mansea Foto: DR Reina

Le correspondió después “Celidón” (512 K, negro cornidelantero y enmorrillado), que salió suelto del capote, pese a que permitió tres lopecinas y una revolera de cartel en el quite. En la muleta siempre dijo que tenía muy poca casta, aunque cuando se embarcaba se repetía, sin recorrido ni emoción. Entonces, volvió a aparecer “El Juli” poderoso, “El Juli” lidiador, enrabietado. Este Julián López decidió perseguir al toro por todo el ruedo, sacándole del bolsillo cinco naturales memorables. Al final, “Celidón” terminó de rajarse y se volvió caminador, lo que obligó a una estocada trasera y caída, a la que respondió huyendo, con un intento de saltar al callejón. A “El Juli” se le reventó el mal genio y descabelló tres veces. Le propusimos la vuelta al ruedo. Prefirió el saludo desde el tercio. 
Bolívar cita de largo, la muleta plegada. Foto:: DR  Reina
“Colibrí” (456 K), el primero de Luis Bolívar, defendió a rabiar el prestigio de su casa. Fue fijo, claro en el galope, con recorrido alegre y franco. Le faltó, quizás, un poco de emoción al final. Recibió una muy buena vara de Cayetano Romero, en la que recargó y peleó con juicio, tras las seis verónicas y tres medias hermosas, una serie de chicuelinas combinadas con saltilleras y, para llevarlo al caballo, una tanda de cacerinas sabrosas. Citó entonces Bolívar con la muleta plegada para dejarnos una tanda de estatuarios; cinco derechazos y un forzado de pecho encomiable. No obstante, el toreo de Bolívar, en mi opinión, tiene el defecto de ser lejano. Sólo hubo un derechazo ceñido. Se le abona, empero, la mano a mitad del estaquillo para citar por naturales. Hubo redondos; hubo un pase de pecho que vale el nombre; hubo tres molinetes lentos y bajos en el envite. Hubo un toro que estaba con él. Hubo una media estocada ligeramente trasera, que nos ilusionó. La obra se desmigajó con cuatro descabellos. Lo aplaudimos hasta el saludo y a “Colibrí” le dijimos adiós con la mano en su merecida vuelta al ruedo en el arrastre, que debió ser lento.
La oreja que recibió Luis Bolívar en el último de esta tarde (514 K, “Monedito”, negro, enmorrillado y cornicorto) fue de consuelo para los tendidos. Resultó un toro manso que se dejaba pero que levantaba la cara al final del viaje. La lidia nos dejó la lesión que parece tener ese excelente torero de plata que es Ricardo Santana. También el brindis de Bolívar a “El Juli” y una estocada firme y cierta, que a mi juicio le valió la oreja.
Llevamos tres buenas tardes consecutivas en Cali. Es un saldo a favor para los tendidos, que curiosamente hoy estuvieron juiciosos. 

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