martes, 15 de enero de 2013

El Juli enamoró a Manizales


El Juli y los tendidos. Foto: DR Reina

Para despedir la temporada en Manizales, presenciamos un buen encierro de Ernesto Gutiérrez, que salió en hombros junto con Julián López El Juli y Sebastián Castella. La corrida tuvo su acostumbrada nobleza, su consabida bondad y, lo que llaman algunos, “toreabilidad”. Además, dos fueron bravos: el cuarto y el quinto de la tarde.
Pepe Manrique se enfrentó a “Clarinete” (450 K, negro, axiblanco y veleto), justo de presentación: un toro noblote que pasó y pasó en la muleta hasta que lo citaron muy en corto y él protestó con razón. Manrique se salió de la suerte al matar con una entera y algo delantera. La cuadrilla hizo el carrusel, que ya hemos visto en esta plaza, pero la espada no surtió efecto. Vino entonces un calvario de siete descabellos y dos avisos.
“Flor Silvestre” (No. 209 de 446 K, negro cornigacho) fue un toro bravo, pese a que recibió, como es usual, una vara mínima. El toro mostró su clase desde el capote en seis verónicas, la media y una revolera sabrosas. Fue el último toro de Rodrigo Arias El Monaguillo en esta plaza, ese excelente subalterno que acompañara a César Rincón en su gesta heroica al despuntar la última década del siglo pasado. Sonó “Feria de Manizales” para que El Monaguillo dejara dos pares bien colocados, con la plaza en pie. La faena de Manrique aprovechó las condiciones del toro (tranco, nobleza y emoción) en tandas por derecha sin enmendar y en algunos naturales bien concebidos. Volvió a cometer el error de citar al toro muy en corto y por eso perdió el temple. Pinchó soltando; después, una estocada entera, tendida y caída. El toro recibió muy merecidos aplausos. Por su parte, el matador fue obligado a saludar desde el tercio.
Natural de El Juli. Foto: DR Reina
El Juli enamoró una vez más a los tendidos. A su primero (“Arcoiris”, 468 K) le dejó en los pitones dos lentísimas verónicas. Más tarde, demostró su inteligencia en las distancias por derecha, “espatarrao”, como se dice para designar ese compás abierto, esa mano adelante que cita al toro para llevarlo, lentísimo, hasta que el brazo no puede dar más. Sonó “Feria de Manizales” cuando El Juli pintó dos redondos que fueron la suma de cuatro derechazos preciosos. Remató con manoletinas y bernadinas ceñidísimas. Mató de estocada muy trasera y caída. Aún así, le dieron la oreja y a “Arcoiris” los aplausos en el arrastre.
“Contratista” (No. 232 de 480 K, negro cornidelantero) hizo posible la conquista amorosa entre El Juli y Manizales. López se despachó en el capote: en el recibo, tres verónicas y luego otros cuatro lances bajos y recortados con el reverso del engaño; al llevar el toro al caballo, una tanda de bellísimas chicuelinas; y en el quite, saltilleras, gaoneras y las deliciosas lopecinas. La plaza estaba volcada al momento del brindis. Vino luego la desconcentración del cronista en una faena de la que se destaca el inicio (citando de largo y pasando al toro por la espalda), un natural extraordinario ante un toro de preciosa embestida y varias tandas de derechazos hondos. Sonó otra vez “Feria de Manizales”. Aparecieron los pañuelos en los tendidos. La presidencia decidió el indulto de “Contratista” justo antes de que El Juli entrara a matar. El toro tuvo el decoro de no irse de la plaza, pese a ser invitado dos veces a la boca de la puerta de toriles. Volvió al ruedo para pelear en una sobria tanda de naturales que ratificaron su calidad.
Sebastián Castella no estuvo compuesto con “Patetela” (454 K, negro, veleto, flaco y justo de presentación), que metía la cara y era pronto y fijo, pero soso. Extrañamos el temple y la lentitud. Quizás por ello Castella perdió el sitio y se enredó con el toro, que lo tumbó sobre la arena, lo pisó, lo revolcó y estuvo a punto de cornearlo. El francés se puso en pie, mareado y dolorido en el bajo vientre izquierdo. Sin embargo, dejó una bellísima y limpia estocada que le valió la oreja.
El último toro de Manizales este año fue “Príncipe” (504 K, negro cornicorto y largo). Como el resto del encierro, fue muy noble, pero se paró pronto tras cinco verónicas y la media, en la que mostró su clase al embestir. Castella dibujó cuatro derechazos largos y un buen pase de pecho, tras iniciar citando de largo en un pase por la espalda con la derecha. Pinchó sin soltar y luego dejó un estoconazo que le valió una oreja.
Se fueron las temporadas de Cali y Manizales. Tuvieron altos y bajos, como todas las temporadas. Pero estuvimos allí. Eso, para quienes amamos la tauromaquia, vale todo. Volveremos.

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