martes, 15 de enero de 2013

Soberbio Pablo Hermoso de Mendoza

Se nos iba escapando de las manos el festival nocturno en honor de la Virgen de la Macarena, con su procesión solemne y sus farolitos iluminando los tendidos al paso del cortejo. La razón de la decepción fue el mal encierro de Las Ventas del Espíritu Santo. Novillos toros con muy poca casta y con problemas en los remos delanteros. Pasaron en blanco Guillermo Perlaruiz, Julián López El Juli, Paco Perlaza, Manuel Jesús El Cid y Sebastián Castella.
Para el quinto novillo toro, los tendidos estaban entre aburridos y molestos. Se escucharon gritos de “¡Malo ganadero!”, mientras éste, el maestro César Rincón, se hundía desconsolado en su puesto de callejón.
Se funden caballo, caballero y toro. Foto: DR Reina
Serían las diez cuando salió al ruedo Pablo Hermoso de Mendoza montando a “Villa”. Saludó a la presidencia. Por la puerta de toriles apareció “Previsivo” (negro listón, cornidelantero, de 418 K). En un principio, el comportamiento del toro fue muy pobre, huyendo hacia las tablas. Se dolió en el único rejón de castigo que inteligentemente puso el caballero. Eran malos los augurios. Pero “Villa” lo enceló en círculos cortos en el tercio, enseñándole a embestir, poco a poco. “Previsivo” era un toro distinto cuando “Van Gogh” lo templó en una primera banderilla larga y luego en otra al estribo.
Montó entonces Hermoso de Mendoza a “Viriato”. El caballo encerró al toro en el centro del ruedo, trazando con su cola un pequeño círculo imaginario lleno de poder y mando. El rejoneador liberó luego al toro de su encierro mágico para invitarlo a embestir, haciéndole creer a cada cite que tendría éxito en cornear la panza del caballo. Clavó entonces una tercera banderilla al estribo. Eran milímetros lo que separaba al toro del caballo. En ese momento sonó, por tercera vez en esta temporada, el pasodoble “Feria de Manizales”, que se confirmó con la cuarta larga, extraordinaria, plagada de emoción. La plaza entera, casi llena, aplaudía a rabiar “toda puesta en pie”, como dice la letra del pasodoble “El gato montés”.
Faltaba lo mejor. Montando a “Pirata”, el jinete puso las tres banderillas cortas en tres giros extraordinarios con el toro como centro. Y luego el par a dos manos, electrizante, con los pitones del toro enamorados de la grupa. Los tendidos estaban erizados por la belleza del conjunto. Mató Hermoso de Mendoza de rejón trasero y algo caído. El toro dobló pronto y vino el coro de “¡Torero! ¡Torero!”, que no sólo era para el rejoneador, sino para su extraordinaria cuadra de caballos.
Si se hubiera apagado la iluminación de la plaza de Manizales, como ocurrió al comenzar el festival, en la procesión de la virgen de la Macarena, de seguro se habría encendido el cielo gracias a la deslumbrante presentación del rejoneador español.

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