lunes, 18 de febrero de 2013

Los toros de Mondoñedo: una seria emoción

Portada de la gaceta

Una corrida de toros, con todas sus letras, vimos ayer a las afueras de Bogotá, en una pequeña plaza de toros recién construida cerca de Subachoque. El evento: “Homenaje de la ganadería Mondoñedo a la afición de Bogotá”.
Como se sabe, el alcalde de la capital ha desconocido leyes y sentencias constitucionales para negarse a prestar la plaza que construyera y donara a la ciudad el fundador de esta ganadería bogotana, don Ignacio Sanz de Santamaría.
Si el sábado en Medellín vimos mucho torero y poco toro, este domingo vivimos la esencia de esta fiesta: el toro bravo. Mondoñedo demostró otra vez que sí es posible presentar una corrida con trapío (más de 500 K en promedio), bien armados y muy parejos en su juego. Los 4,000 asistentes agradecimos, emocionados, la seriedad del encierro: su pelea en varas; su dignidad para morir; el respeto infinito que infunde su presencia.
El negro cornidelantero “Canciller”, de 523 K, fue un excelente toro bravo. Su enorme presencia se tragó el ruedo con un galope poderoso, de tranco largo. Puso en aprietos a la cuadrilla, pues estos toros de Mondoñedo exigen muchísima concentración y cobran cualquier error. Asumió dos varas (en la primera provocó el tumbo del caballo), y colaboró con algunos pases decentes de Paco Perlaza. Fue aplaudido en el arrastre, luego de su muerte de bravo.
Uno de los tumbos. Foto: Andrés Rivera M.
Sobresaliente fue el cuarto de la tarde, “Hortelano” (castaño, bien armado, de 486 K), que también provocó tumbo en la primera vara, tras una pelea larga y entregada. Dejó un muy buen par Wilson Chaparro El Piña  y volvió a estar decoroso el caleño en la tanda de seis ayudados por alto sin enmendar y después por derecha ante un “Hortelano” con emoción, de gran recorrido repetido, y que recibió una merecidísima vuelta al ruedo de arrastre lento.
“Greñudo” (negro corniabierto de 516 K) se golpeó en tablas y dio luego una vuelta de campana en el ruedo. Al levantarse, evidenció problemas motrices. Salió entonces “Bambuquero” (negro cornidelantero, 480 K). Fue bueno, aunque sin la nota del primero. Le correspondía a Eduardo Gallo, pero la plaza, que carece de chiqueros y toriles, obligaba su presencia. Con él, Ramsés hiló una buena tanda de derechazos. Pero fue perdiendo sitio y mando, un error imperdonable ante Mondoñedo.
“Tocayito” (negro cornialto y enmorrillado, 492 K) vio algo del dulce capote de Ramsés cuando se ubica en el ruedo. Excelente fue la suerte de varas: desde los medios, “Tocayito” se arranca de largo; el caballero alarga el brazo y clava la puya para defender su caballo; entonces, el encuentro solemne. La de varas es una suerte hermosísima cuando se ejecuta bien y ante toros que merecen el calificativo de bravos.
Ramsés acusó falta de corridas y poco mando. En “Nuestra América” (1892), decía Martí que los pueblos agradecen el buen gobierno, pero cuando no es así, se sacuden al gobernante y gobiernan ellos. Eso hizo “Tocayito”: sacudirse a Ramsés y gobernar él. Después se aburrió de aquello y se puso a mirar a los tendidos.
Gallo con el Mondoñedo. Foto: Andrés Rivera M.
“Espartero” (castaño alabardado y corniabierto de 520 K), el tercero de la tarde, fue un toro complejo que recibió una vara contundente. Sin embargo, se quedaba un poco en la muleta y tuvo poca claridad por el pitón izquierdo.
Cerró la tarde el sobrero, “Carpintero” (sin datos). Como en Manizales, Eduardo Gallo hizo evidente que lo que requieren los Mondoñedos es poder y temple. “Carpintero” nos regaló su fijeza, su galope recio y su casta noble tras asimilar con gallardía dos varas firmes. Gallo propuso inteligencia y mando, cosa que, ya lo he dicho, les gusta mucho a estos toros. Vendió cara su muerte “Carpintero” tras una entera algo caída, y fue premiado con la vuelta al ruedo. Gallo paseó una oreja.
El toro "hierve" con Ramsés. Foto: Andrés Rivera M.
De colofón, un hermoso efecto visual . El iracundo frío sabanero dejó ver cómo, al poco tiempo de estar en el ruedo, estos Mondoñedos humeaban.

Parecía que estuvieran hirviendo de bravura.

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