miércoles, 17 de julio de 2013

Acerca de Tauroética (I)

Creo que sólo sé  hacer dos cosas en la vida: leer y escribir. Eso es lo que hago en este espacio.
Así que los apuntes que vienen no tienen nada que ver sobre mis conocimientos acerca de la ética, de la moral, de la bioética o de la filosofía. Simplemente, son mis anotaciones en relación con un ejercicio de lectura de mi interés, y la necesidad  de expresarme por escrito al respecto.
Portada del libro
Terminé  la primera relectura de Tauroética, de Fernando Savater (Bogotá, Ariel-Planeta, 2013).
El libro se divide en dos partes: una primera, es una reflexión en torno de las implicaciones éticas que se supone nos caben a los seres humanos frente a los animales; y otra segunda, más enfocada al asunto de los toros, en el contexto de la polémica prohibición de las corridas de toros en Cataluña (28 de julio de 2010), que se abordará en la siguiente entrada.
En mi ya algo lejana juventud, un lema de algunos de mis profesores era: “Es más fácil conseguir un buen torero alemán, que un buen filósofo español”. Toreros alemanes no conozco, pero sé que Savater se reconoce como filósofo.
No creo, sinceramente, que Tauroética sea una obra filosófica. Se trata, más bien, de un libro de divulgación sobre un tema polémico para algunos, entre los cuales me cuento, que involucra reflexiones filosóficas en el campo de la ética y la moral.
Savater afirma que su “obrita”, como él mismo la califica, gira en torno de esta pregunta: ¿Son los animales tan humanos como los humanos animales? Para responderla, comenta brevemente la obra de Peter Singer (particularmente el título de una de ellas: Todos los animales son iguales) y menciona los aportes de Jeremy Bentham al respecto.
Para Savater, el problema no está en si los animales pueden sufrir o sentir dolor, porque es evidente que así es. El asunto radica en si esto implica forzosamente que deben considerarse fines en sí mismos, esto es, si debemos asumir obligaciones éticas con ellos. En otras palabras, arguye Savater, al afirmarse que todos los animales son iguales se está implicando que ninguno tiene el derecho de imponer sus intereses sobre otros animales.
Lo anterior conduce al autor español a revisar el tema de los intereses. En este sentido, según Savater, nadie equipara instintos con intereses. Los intereses son propios de la humanidad, contario a la actuación instintiva, propia de los animales. Por eso los seres humanos tienen una responsabilidad moral con sus congéneres, mientras los animales no.
Ante la posición radical de preservar cualquier vida, Savater es irónico, pues “toda forma de vida, empezando desde luego por la vida humana, se conserva y se nutre a partir de otras vidas”. (p. 31). Y más aún: cuando nos arrogamos el deber de preservar cualquier tipo de vida, deber que nadie tiene en el universo, estamos siendo lo que el escritor vasco llama “especieistas”, es decir, nos creemos arrogantemente en el deber de preservar la vida en su conjunto.

Esta condición “especieista” está a la base de nuestra cultura: para Savater, salvaguardamos nuestra especie por encima de las demás.

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