lunes, 12 de agosto de 2013

Paz, respeto y admiración

El semental de Los Césares
Foto: Diana Reina

 Gracias a la encomiable labor del exbanderillero Juan Carlos González, “El topo”, con su proyecto La ruta del toro, ayer tuvimos la oportunidad de visitar Los Césares, una ganadería corta y joven en las inmediaciones de Ubaté. Rematamos con una corrida de toros mixta para Willy Rodríguez y los matadores de a pie Juan Solanilla y Juanito Ortiz.
La cita con La ruta del toro fue a las 7 am, frente a la bella aunque abandonada plaza de toros bogotana. Una veintena de apasionados a la fiesta brava, en buena parte jóvenes, viajamos un poco más de una hora para buscar, luego del recibimiento de Juanito Ortiz, que también hacía las veces de empresario, los toros de Los Césares.
Se requiere de mucho amor por el toro y por la fiesta para madrugar un domingo, pero vale la pena. Con “El topo” y los compañeros de viaje se aprende de veras. Muchos de ellos saben mucho y los demás “paramos oreja”, con la esperanza de disminuir nuestra ignorancia sobre un mundo tan complejo como el del toro bravo.
El semental No. 508 junto al mayoral
Foto: Diana Reina
En Los Césares nos recibió José, el mayoral, un hombre de campo que se dedica con humildad y mucha sapiencia empírica al cuidado de estos animales. Según aprendí, Los Césares es una ganadería de cerca de un centenar de reses, encaste Contreras y Juan Pedro Domecq. Sus propietarios se empecinan, como todas las ganaderías de bravo, en superar los obstáculos para mantener esta afición.
Siempre que he visitado una ganadería de bravo  mi sensación ha sido la misma: una profunda paz, gracias al silencio del campo abierto; un respeto cercano a la veneración al ver el cuidado con el que se arropa a las reses bravas; una enorme admiración por la interacción entre seres humanos, reses bravas, caballos y, por qué no, perros con destreza para la faena campestre, como los que conocimos en Los Césares.
La corrida. Conocimos la plaza de tientas y nos divertimos un rato con una vaquilla. Luego vino el almuerzo y la caminata para llegar a la plaza, detrás de la “papayera” que marcaba el paso. Finalmente, la corrida: dos toros de Vistahermosa para el caballero y cuatro de San Rafael de la Merced para los de a pie. La plaza, casi llena (mucho mejor que el año pasado); el cielo, voraz de sol al mediodía, se aplomó y terminó muy triste.
La plaza “Sol y sombra” de Ubaté podría muy bien llamarse “Lluvia y frío”. Hace un año, el aguacero nos castigó sin piedad y el frío se nos metió en las coyunturas, huyendo de sí mismo. Ayer la cuestión no fue tan drástica, pero casi.
Sin embargo, vimos cosas; pocas, es verdad, pero vale la pena reseñarlas: el segundo toro de Willy Rodríguez (alegre, con son en la embestida) y la actuación del caballo “Peramanca” en esa faena. El de Vistahermosa permitió que el rejoneador toreara con temple y al estribo, decoroso, aunque remató con un rejón contrario y bajo, muy efectivo. Le dieron una oreja.
Derechazo de Solanilla al de San Rafael
Foto: Diana Reina
Vimos también tres sobrias peleas en varas, con variaciones en la nota. La del segundo, que se apagó y luego se pegó a tablas; la del tercero, que después protestó en la muleta; y la del quinto, sin duda el mejor de la tarde (pronto y con recorrido, aunque con poca humillación).
Y vimos a un Juan Solanilla comprometido con su oficio; elegante, serio, concentrado; en ocasiones con ganas de poesía, como en esos dos o tres naturales a su segundo.
Después arreció la lluvia y el frío, y volvimos al bus de La ruta del toro.

Habíamos vivido una jornada taurina con tintes de satisfacción.

1 comentario:

Razonador dijo...

A los españoles de ahora no nos gustan las corridas de toros. Los toreros son un mal ejemplo para la juventud. El respeto a los animales nos importa más. El fútbol nos parece un espectáculo mucho mejor en todo.