viernes, 10 de enero de 2014

Castella y algo más

Fue una faena muy elegante la de Sebastián Castella al toro “Babieca” (negro lustroso corniapretado de 506 K y 5 años de edad) del flojo encierro de ayer de Las Ventas del Espíritu Santo. Los toros del maestro Rincón tuvieron impecable presentación, aunque casi todos mansearon.
Pase de pecho de S. Castella (Fotos: Diana R. Reina G.)
Este “Babieca” dio algo de juego y Castella lo aprovechó al máximo, con sobriedad y buenas maneras. Cinco verónicas a pie junto y después, en el quite, cuatro chicuelinas muy serias. La faena comenzó con tres pases por alto clavando los pies en la arena y un pase de pecho precioso. El toro humillaba e iba de largo, así que Castella se relajó y dio cuatro derechazos y un pase de pecho largo, larguísimo, cuya impresión tardó minutos en desprenderse de la mirada. Otra tanda por derecha que remató con un redondo invertido sin enmendar la posición de los pies en  la arena. Y luego tres naturales muy serios, otros tres “espatarraos” y el pase de pecho decisivo. Y la obra concluyó con un estoconazo fulminante, de muerte sin puntilla. Le dieron una oreja.
Vargas jugándose la vida
Lo demás de la tarde fue el pundonor y la valentía de Sebastián Vargas con el cuarto de la tarde (“Tontillo”, 440 K) al que recibió con tres largas cambiadas de rodillas que fueron electrizantes y al que le puso cuatro pares de banderillas. En el último de ellos el pitón le rozó el pecho y el torero lo tomó impasible, como si fuera una caricia. “Tontillo” fue alegre y pronto al principio de la faena, pero se apagó pronto. Vargas lo toreó rápido aunque con técnica y le dieron una oreja tras tres cuartos de espada que fueron suficientes.

José María Manzanares dejó trazos de su toreo profundo, lento y dulce en el primero de su lote (“Panelista”, 446 K, negro listón cornidelantero), con el que nos brindó tres naturales lentísimos en su concepción y ejecución. Tuvo problemas con la espada y sin embargo saludó desde el tercio. Después, en el segundo de Castella, tuvo gestos de humildad que se ve poco con estas figuras del toreo: le ofreció al francés su capote cuando él perdió el suyo en los pitones del toro y, poco después, ayudó a cerrar al toro en el burladero uno, justo antes de que se largara un aguacero contundente que deslió una tarde que tuvo menos de lo que estábamos esperando los asistentes a la Plaza de Toros de Manizales.

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