miércoles, 1 de enero de 2014

La deslumbrante faena de Perera

En general, nobles y con recorrido los toros que presentó Ernesto González Caicedo el 30 de diciembre en la Cañaveralejo. Sin embargo, casi ninguno transmitió la emoción electrizante del toro bravo.
Derechazo de Luis M. Castrillón (Fotos: Diana R. Reina G.)
Estuvo aceptable el antioqueño Luis Miguel Castrillón, quien tomó la alternativa. Con su primero (“Cantador”, 456 K) le faltó decisión por naturales y se lo notó dubitativo en ocasiones. En cambio, aprovechó lo que le brindó “Nochebuena” (528 K), que recibió una buena vara de Luis Viloria y que tuvo recorrido por ambos pitones. Castrillón dejó tandas compuestas con ambas manos en el centro del ruedo y mató de buena estocada para recibir una oreja.
No tuvo suerte Iván Fandiño esta tarde. Pasó en blanco con “Melenito” (464 K) y luego “Veraneante” (486 K, negro axiblanco y meano) lo enganchó por la taleguilla en el bajo vientre y luego por la chaquetilla, lo sacudió con violencia y lo estrelló contra la arena. Fandiño superó como pudo la conmoción y logró matar al toro tras un aviso.
Perera en su primero
Ayudado de M. A.Perera
En contraste, todo fue redondo, literalmente, para Miguel Ángel Perera, que deslumbró al público caleño en sus dos faenas. “Leoncito” (cárdeno salinero de 468 K) colaboró en cinco chicuelinas del quite, muy ceñidas pero entrecortadas por el viento que suele aparecer intempestivamente en el ruedo caleño. Se lucieron Gustavo García y Carlos Martínez en banderillas. Después, todo fue lentitud, profundidad y temple en esta faena suave y dulce por derecha, construida en poco más de un metro cuadrado frente al tendido 8 de sombra. Mató de estoconazo un pelo caída y le dieron una oreja.
Cierra esta nota la deslumbrante faena de Miguel Ángel Perera a “Calentao” (484 K, negro axiblanco, cornicorto), que partió plaza y permitió el lucimiento de Granerito y Carlos Martínez en sus pares de banderillas, tras una vara de mentiras ante este toro serio de presentación pero con poca fuerza.
Desplegó todo ese toreo silencioso suyo este Miguel Ángel Perera, atornillado a la arena en cinco pases por alto y luego en dos tandas de tres derechazos y un forzado cada una, traslúcidas, templadas y mandonas, para después regalarnos dos tandas de naturales con mucho fondo. Si a Perera lo hubieran puesto a torear a este “Calentao” en una plaza en miniatura lo habría hecho sin problema alguno porque su toreo redondo no pudo ser más acompasado ni más bello, otra vez edificado en un palmo de terreno.

La faena de la temporada estuvo a punto de irse al traste con aquel pinchazo hondo inicial, pero Perera se repuso y mató de estocada entera y efectiva. La presidencia no dudó un instante en concederle las dos orejas y al toro la vuelta al ruedo. Impecable. 

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