jueves, 9 de enero de 2014

Temple a caballo

Sé mucho menos de rejoneo que de toreo a pie. Pero la actuación de Pablo Hermoso de Mendoza hoy en Manizales fue deslumbrante, gracias al toro “Villancico”.
Vayamos de menos a más. Era una corrida remendada: cuatro toros de Vistahermosa para los de a pie y dos de Ernesto Gutiérrez para el rejoneador. Iván Fandiño estuvo serio con sus toros, que tenían poco. Saludó desde el tercio en su segundo, por puro aguante.
Qué bien estuvo Manuel Libardo con su lote. Su primero (“Cirujano”, 440 K, negro, veleto y enmorrillado) humillaba tanto que dio la vuelta a campana en la tercera verónica. El toro fue noble y encastado, pero tuvo poca transmisión. Saludó desde el tercio, tras algunos naturales limpios y bajonazo.
Con su segundo (“Blazonero”, 454  K, cárdeno, meano, cornicorto) se regaló él mismo dos verónicas lentas y sobrias. Después, en la muleta, exprimió el pitón derecho del toro en varias tandas lentas y hondas, muy difíciles de ver en un matador que torea tan pocas corridas al año. Inteligente y con sitio, aprovechó al máximo
la nobleza y la  casta de este “Blazonero”.
De seguro, Libardo pensó que tenía el triunfo a tiro, y por ende algunas corridas más a futuro, si se jugaba la vida matando al toro. Y se volcó sobre el morrillo. Perdió el engaño en el encuentro y “Blazonero”, al levantar la cara, lo encontró sobre el lomo y le hizo sangrar nariz y boca, para luego levantarlo desde el suelo con el pitón que se engarzó en el cuello de la chaquetilla. Diez segundos después, mientras el torero era revisado por su cuadrilla, “Blazonero” moría en el tercio, sin puntilla. Pedimos a rabiar las dos orejas y nos quedamos rabiosos de que sólo le concedieran una. Muy injusto con un torero humilde, honesto y valiente.
Llegamos ahora al culmen. Vuelvo a decirlo: de rejoneo entiendo menos que de toreo de a pie. Olvidemos el segundo toro de Hermoso de Mendoza, medroso y distraído. Vayamos a su primero (“Villancico”, No, 288, de 444 K). ¡Qué tranco, qué codicia, qué fijeza! “Villancico” aguantó con entereza dos rejones de castigo. Sin inmutarse, persiguió a los caballos de las banderillas como todo un atleta (así lo dijo César, un amigo del tendido). Fue al galope tras el caballo torero (cuyo nombre se me escapa), con el que Hermoso de Mendoza deslumbró a la afición de Manizales. Voy a intentar describirlo.
Caballo y caballero van al hilo de las tablas,  y el toro los persigue a muy pocos centímetros de la panza del caballo. Este mira hacia los medios de la plaza. A continuación, Hermoso de Mendoza tira del caballo para ganar distancia y le ordena dar un giro para que la cabalgadura quede mirando al tendido, y vuelve a ofrecerle al toro la panza del caballo. Esto, muchas veces, no sé cuántas. Sinceramente, yo estaba mirando al toro, que no se cansaba de embestir.

Indultaron a “Villancico”. Dicen que eso no se puede hacer con los toros de rejones. No importa. Lo merecía.

1 comentario:

Margarita Vélez dijo...

Fue una faena inolvidable, con un toro extraordinario que desafortunadamente murió al dia siguiente de su indulto.