martes, 6 de enero de 2015

Valor y decisión



Andrés Roca Rey prepara la media (Fotos: Diana R. Reina G.)
Me disculpo con el novillero español Borja Jiménez,  pues estuvo más que decoroso con su difícil lote de este complicado encierro del desconocido hierro Rincón Santo (armados de cabeza y complicados para la lidia). También pido que me excuse Andrés Manrique, quien por andar toreando la soberbia de Petro y el hambre durante dos meses al frente de la Santamaría bogotana no ha podido entrenar lo suficiente (aunque tuvo buenos lances y unas ganas de agradar dignas de reconocimiento).
Siento pena por el antioqueño Santiago Sánchez. Se quedó con los ademanes, los gestos, y olvidó todo lo demás –es decir, todo- del toreo serio. Sinceramente, creo que Sánchez (quien se presenta como Sánchez Mejías) debería considerar la posibilidad de dedicarse a otra cosa. Hoy en Manizales quedó claro que siente muy poco el toreo de verdad.
Presento estas disculpas porque estos párrafos plasman lo que creo que vimos hoy en la novillada que abrió la sexagésima feria de Manizales. Estarán dedicados a un pichón de figura del toreo: el novillero peruano Andrés Roca Rey.
Salida del espeluznante estatuario
Sabíamos de él por noticias venidas de su patria. Hace meses, los buenos comentarios comenzaron precisamente aquí, en Manizales. Después, los elogios vinieron por su actuación en Cali. Por fin, hoy pudimos verlo: ¡cuánta satisfacción!
Roca Rey mostró hoy dos cualidades esenciales para ser figura del toreo: valor y decisión. Un valor que pone la piel de gallina, como el que nos regaló en ese primer estatuario que le dio a “Vijón” (388K, negro listón, enmorrillado, corniapretado). El novillo pasó a milímetros de la taleguilla y el muchacho con ese gesto de estar viendo pasar un tren por una estación. Y luego, aguantando con todo el cuerpo la embestida corta y recostada del novillo, que siempre anduvo buscándole las zapatillas. Corrigió una primera estocada atravesada con un espadazo fulminante, y dio una muy importante vuelta al ruedo.
Ayudado de Roca Rey
La decisión despuntó en este primero en dos tandas de derechazos de largo que tuvieron muchísima verdad. Floreció en la faena que construyó con el complicado “Bocato” (414K, negro astiblanco de cascos blancos): ese par de cambiados y de derechazos sin enmendar, con una seguridad que a sus años es escalofriante. En la muleta, contraviniendo con cortesía las indicaciones de su apoderado (el diestro español José Antonio Campuzano), de llevar el novillo a los medios, Roca le regaló los tercios y las tablas, y le arrancó pases plagados, otra vez, de verdad: su verdad.
Porque es cierto que algunos gestos y composiciones de los lances y los pases de Roca Rey evocan el toreo de Sebastián Castella. Pero también lo es, y aún más, que la médula de esos pases y esos lances le pertenecen a él únicamente. Porque quiere ser torero; es más, porque resulta clarísimo que quiere ser figura del toreo.
Si a lo que ya tiene le sumamos la experiencia que dan las corridas y los años, con plena seguridad lo logrará.


No hay comentarios: