jueves, 2 de julio de 2015

"Sentado en el estribo"

Azorín (tomado de www.regmurcia.com)
Así se llama un breve cuento de Azorín (José Martínez Ruiz, España, 1873-1967) que encontré en un libro que compré en una librería de usado hace cerca de dos años (Antología de la novela corta universal, Vol. III, México, Reader’s Digest, 1973, pp. 161-165).
Dice Antonio Caballero que es muy difícil encontrar buenas obras de arte (ya sean literarias, musicales, pictóricas) sobre el toreo. En verdad, no sé si el cuento objeto de estas líneas sea bueno, pero sin duda es sorprendente.
Tiene todos los elementos para ser un verdadero petardo: Juan Valflor, torero retirado, decide volver a los ruedos porque “a gusto mío no he toreado yo nunca”. Su amigo, Pepe Inesta, quien lo ha apoyado desde siempre, no duda en auparlo en esta empresa. En la habitación del hotel, mientras Valflor se viste para reaparecer, se rompe un espejo; un perro, en la casa de enfrente, no deja de aullar en forma lastimera; llega de pronto un viejo conocido de Valflor, vestido de luto, pues está de duelo por la muerte de un pariente. El ambiente es tenso y sombrío en el cuarto de hotel. Las palabras son pocas y los rostros llevan la señal del mal augurio. Incluso, camino de la plaza, Valflor posa su mirada en un féretro al que llevan al cementerio.

El lector no puede menos que prefigurar el desenlace: el torero morirá en el ruedo. Pero en los últimos dos párrafos Azorín da un giro muy interesante a la narración, construida con oraciones breves, secas, duras. Lo cierto es que Juan Valflor, la tarde triunfal de su reaparición en los ruedos, “Lentamente se fue al estribo, se sentó, puso los codos en los muslos, escondió la cara entre las manos y rompió a llorar como un niño”.
Voy a ver si lo transcribo, para incluirlo en una próxima entrada. 

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