lunes, 28 de diciembre de 2015

Un toro extraordinario


El Juli se desvanece ante la embestida de "Rotolondo" (Foto: JCMC)


Tiene un nombre raro: “Rotolondo”. Es el No. 398, pesa 528K, es negro cornidelantero y en este momento debe estar recibiendo la atención de los veterinarios de la plaza de toros de Cali, para luego volver como semental a la ganadería Ernesto Gutiérrez.

La corrida fue seria y bien presentada (530K en promedio), y tuvo más interés que esas otras de este hierro caldense, llenas de dulzura y de pases en cantidad interminable.
“Rotolondo” fue excepcional desde la salida. Largo y bien hecho, humilló con verdad en la embestida en las cinco verónicas y la media de recibo que le dio Julián  López, El Juli. Luego, fue al caballo con decisión y los dos riñones empujando, hasta lograr un tumbo recio, tanto que siguió atacando al caballo en el piso. Vinieron luego las lopecinas del quite, que emocionan a los tendidos por su plasticidad luminosa. La faena de muleta se desarrolló por completo en los medios. El toro conservó sus cualidades en todo momento: tranco, recorrido, humillación, bravura encastada y gran nobleza. El Juli se dio gusto en cuatro tandas por derecha con mucha ligazón y otras de naturales, de las que se destaca el último de la primera, lento y desmayado, con el toro entregado en la muleta.

Para este momento era prácticamente unánime la petición del indulto que la presidencia otorgó sin vacilación. El Juli siguió toreando a placer, con una plaza emocionada con justa razón. “Cuando esto sale bien, es lo más bello del mundo”, le comenté a mi vecino, un español muy entendido en el asunto que tenía una sonrisa de oreja a oreja.

La cuestión no había empezado bien, la verdad, con un Juli desentendido ante un toro soso (“Colibrí”, 528K). La plaza lo premió exageradamente con un saludo desde el tercio. Con el tercero de la tarde (“Anturio Negro”, de 544K, negro veleto) logró cierta repetición por derechazos y dos o tres naturales compuestos, pero el toro carecía de emoción: iba y venía como un carretón, y el público se enloquecía innecesariamente. Dejó una estocada certera y bien ejecutada y lo premiaron excesivamente con dos orejas.


Bolìvar cita por derecha /Foto: JCMC)
Su contrincante en este mano a mano, Luis Bolívar, fue, por el contrario, de más a menos. “Urdidor” (538K) permitió el lucimiento en cinco verónicas a pie junto muy elegantes y más tarde, en la muleta, dos tandas de derechazos sin enmendar que tuvieron muy buena concepción y mejor ejecución. La cosa terminó con tres manoletinas efervescentes tras cuatro naturales en corto. Mató de estocada tendida y lo premiaron, también excesivamente, con dos orejas.



Bolívar mostró temple en el cuarto de la tarde (“Madremonte”, 534 K, largo y alto) que se quedaba corto. Recibió una vara traserísima que le sentó mal y todo terminó en silencio. Y en el último de la tarde (“Astronauta”, 508K, negro veleto) estuvo decoroso y nada más.
Por supuesto, veníamos de haber visto un gran toro en el ruedo, y así el asunto se hace mucho más difícil de lo que es de por sí.

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