viernes, 15 de enero de 2016

Castella se envalentonó

El Cid compone el pase de pecho (Foto: JCMC)
Manuel Jesús El Cid fascina en Manizales, quizás tanto como los toros de Ernesto Gutiérrez. Su presentación el 9 de enero fue poco más que lánguida. El encierro de Achury fue complejo por lo manso en general, pero bien presentado. A “Media noche” (446K, negro cornidelantero, bien armado) Diego Ochoa solo le partió el cuero, y el toro nunca modificó su comportamiento incierto, incluso traicionero. En la muleta se coló dos veces y tumbó a El Cid en la arena, boca abajo, rompiéndole la taleguilla en el culo y pisoteándole la cabeza. Abrevió.

“Serranito” (442K, negro abrochado, el menos armado del encierro) permitió dos verónicas y dos chicuelinas. En la segunda se coló y dejó marcado el puntazo en el muslo izquierdo. La muleta arrancó bien, con mando, en tres tandas por derecha que fueron aumentando en composición y limpieza. La famosa izquierda de El Cid, sin embargo, no dejó nada. La cuestión fue languideciendo en tandas por derecha poco ciertas. Mató de entera en buen sitio, que no tuvo muerte. Descabelló con eficacia y le dieron una oreja, no se sabe bien por qué.

Chicuelina de Castella, Al fondo, El Cid observa (Foto: JCMC)
“Aguador” (460K, negro cornidelantero, bien armado) fue un toro con sentido, gazapón, flojo de manos y falto de casta, que exigía lidia. Sebastián Castella inició con cuatro verónicas a pie junto y una tanda de chicuelinas decentes. Desde ese momento, el toro mostró peligro. La embestida de “Aguador” era aguada y Castella decidió no emplearse. Pinchó sin soltar, luego dejó una media, saliéndose de la suerte; volvió a pinchar y otra vez dejó una media estocada, saliéndose. Silencio.

En cambio, “Marinero” (442K, negro, largo y brocho) fue un toro más potable, aunque no fácil. Castella dio tres verónicas y una media valiosas con el capote. “Marinero” recibió una vara breve, seca, en buen sitio. En el quite, vimos seis chicuelinas ceñidas y una revolera. En la muleta, el toro estuvo bien al principio, por lo que Castella se envalentonó en cuatro cambiados y cuatro derechazos intercalados, con los pies clavados en la arena de los medios. Las tandas de derechazos fueron hondas y los naturales muy ligados. A partir de allí, el toro cambió su comportamiento y demostró genio y una punta de mansedumbre. Exigía mando y aguante, y eso fue lo que le dio Castella, aunque sin demasiado esfuerzo. Mató de entera algo trasera muy efectiva, y le dieron las dos orejas.

Natural de Sebastián Castella (Foto: JCMC)
El encierro de Achury requería seis lidiadores; seis César Rincón en plenitud de condiciones. Casi nada de ello hubo en El Cid; algo en Sebastián Castella; y menos que nada en Santiago Naranjo.


Antes de que salga el toro, Naranjo posa a lo Morante; en el recibo, usa el capote a lo José Tomás. Pero, cuando está con el toro, es Santiago Naranjo nada más. Para olvidar.

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