martes, 12 de enero de 2016

El épico lirismo de Roca Rey

Digamos apenas que Willie Rodríguez se limitó en Manizales a poner palos y a cabalgar por el ruedo ante sus dos toros de Santa Bárbara, con dificultades, a los que nunca intentó torear. Su actuación fue pobre y desaliñada.

Vamos a decir también que Cristóbal Pardo intentó estar a la altura de su primero (“Acogido”, 448k, castaño albardado, cornipaso y bien hecho). El toro tuvo buen comportamiento. Fue encastado, fijo, pronto al engaño, metiendo con estilo la cabeza; con emoción y repetición. Pardo comenzó con cinco verónicas y luego, en el quite, compuao algunas chicuelinas con cierto mérito. La muleta tuvo momentos dignos por derecha y vergüenza por izquierda. Mató de entera delantera. “Acogido” merecía la vuelta al ruedo, no concedida, pero lo aplaudimos en el arrastre. Pardo recibió una oreja. Con su segundo (“Quitaluna”, jabonero sucio de 446K) estuvo digno ante un toro fijo y alegre. Escuchó un aviso de la presidencia y el silencio de los tendidos.

Roca Rey a una mano con el capote (Foto: JCMC)
Concentrémonos ahora en el toreo de Andrés Roca Rey. Un toreo joven, pero que está construyendo a paso firme una personalidad completa, seria, casi solemne, a punto de angelical. Un toreo de valor recio, impasible, a punto de inmortal. Su primero fue “Quitasol” (442K, negro listón y veleto). Tuvo una punta de manso, fue distraído, tardo y algo incierto en su embestida. El quite por tafalleras tuvo garbo. Pero el cambiado por la espalda, tras los dos primeros tercios, fue épico, por su desafío constante a la muerte inminente. No es un desafío de lengua afuera y mueca burlona, no. Es un desafío que es consecuencia del trance que vive Roca Rey cuando torea. Toreó con profundidad en tres derechazos largos y algunos naturales que valen el apunte. Remató con cuatro redondos invertidos, con un cambio de mano en el último para terminar con un forzado de pecho muy limpio. Mató de trasera tendida y caída pero, aún así, creo que merecía una oreja. Saludó desde el tercio.

Ese mismo toreo épico lo mostró con “Incógnito” (No. 779, 440K,  negro listón y veleto). Tras las verónicas ceñidas y bajas de manos, el toro recargó con bravura ante la vara recia pero breve de Rafael Torres, una de las mejores de la temporada, por la composición del conjunto. Saltémonos el quite por saltilleras para ir al inicio de la faena, con tres cambiados por la espalda que lo partieron en dos tres veces, sin que ninguno de nosotros nos hubiéramos dado cuenta. Porque Roca Rey está construyendo un toreo incorpóreo, por lo heroico.

Derechazo de Roca Rey (Foto: JCMC)
Después demostró que lo suyo no es solo lo dicho, sino que también es un toreo plagado de lirismo. Aprovechó la alegría, la franqueza en la embestida, la prontitud en el cite, la embestida noble y dulce y encastada del toro para despacharse en varias tandas por derecha, largas, hondas, ligadas. La plaza se emocionaba a cada pase de Roca Rey; se erizaba con cada galope de “incógnito”; se iba elevando de los tendidos con la hermosura de la obra que toro y torero estaban plasmando en el ruedo de Manizales.

Justo antes de que sonara el pasodoble “Feria de Manizales”, que en esta ciudad premia las faenas excepcionales, Roca Rey, este muchacho tímido cuando es un ser humano, cuando no está vestido de torero, se despachó con un concierto de lirismo en un natural que duró dos días y que él comprimió en poco más de dos segundos. Yo ya no tomaba notas. Para qué. La verdad del toreo estaba ante mis ojos. Ante todos los que estuvimos el 5 de enero en la plaza de toros de Manizales.
Natural de Andrés Roca Rey ante "Incógnito" (Foto: JCMC)
Luego, la concesión del indulto; el hermoso gesto de llevar toreado a “Incógnito” ante la puerta de toriles; el bello “Incógnito” que quería que lo siguiera toreando el épico lirismo de Andrés Roca Rey.

Cuenta mi amigo Paulo A. Valencia, que me regaló la oportunidad de ver esta asombrosa faena desde la barrera del tendido 4, que al llegar al hotel le preguntó al periodista Manolo Molés si el toro era de indulto. “No lo sé”, contestó Molés. “Lo que sé es que el que mereció el indulto fue el torero”. 

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