viernes, 15 de enero de 2016

Una tarde de museo

Laureles, clavel y sonrisa: El triunfo de Ponce en Manizales (Foto: JCMC)
Tres veces oímos el pasodoble “Feria de Manizales” en la última corrida de feria. Los toros, como de costumbre, de Ernesto Gutiérrez. Garantizan juego, nobleza en exceso, casta y, para mi gusto, poca bravura. Pero aquí gustan hasta el delirio. Además, hoy tuvieron trapío.

Ayudado de Enrique Ponce (Foto: JCMC)
El mano a mano, difícil de superar: Enrique Ponce y El Juli. Ponce estuvo destacado en su primero (“Cigarrito”, 512K, negro, veleto y abrochado). Sobresale el quite por chicuelinas. El toro humillaba y era noble, pero le faltaba transmisión. La lentitud fue predominante. Una tanda por derechazos y un cambiado de mano muy dulce. Después, apareció lo que casi siempre se extraña en Ponce: la tanda de seis naturales, con el cite abanicando el pico de la muleta en la arena, preciosos. Otra tanda de derechazos muy abandonados y seis naturales más por la misma vía, componiendo el cite con la muleta plegada. Sonó el pasodoble que premia las faenas importantes, para que Ponce siguiera deleitándose con la embestida de chocolate de “Cigarrito”. Mató de entera algo caída, le dieron las dos orejas y el toro dio la vuelta al ruedo.

En su segundo (“Banquero”, 460K, negro alto, bizco del derecho y pobre de cabeza), Ponce dejó lo que, para mí, fue lo mejor de la tarde: una tanda de cinco derechazos ligados, largos, templados, en el centro del ruedo. Pero el toro colaboró poco y la obra se descompuso.

Bello natural de Enrique Ponce (Foto: JCMC)
El quinto fue “Clarinetero” (550K, otro negro y alto, escaso de pitones), con el que Ponce dejó una elegante tanda de verónicas; en la muleta, unos derechazos con desmayo y otros cuatro, ligados y hondos. El toro tardeaba, pero iba con clase. El público se deleitó con las “Poncinas”, y otra vez sonó el “Feria de Manizales”. El garbo se tomó la plaza y se escuchó el grito de “¡Torero! ¡Torero!”. Recibió una oreja el maestro y el toro los aplausos.

Saltillera de Julián López (Foto: JCMC)
El Juli le arrancó a “Tequilero” (476K, negro, pobre de pitones) cuatro saltilleras en el quite con mucha verdad; tras la primera de rodillas, una tanda de derechazos planchados y otra por naturales ligados. Otra vez, la suavidad ante un toro noble y con poca emoción; y, otra vez, “Feria de Manizales”. Al final, el toro se apagó y vino lo destacable: el aguante de Julián López, tan poco frecuente por estas tierras. Le dieron una oreja, tras media estocada y dos descabellos. “Tequilero” fue aplaudido en el arrastre.

En su segundo, más de ese aguante infrecuente de El Juli ante “Timonero” (negro cornicorto de 520K), que tuvo poca casta, aunque mucha nobleza. Se lo echó al hombro y le arrancó todo lo que tenía este timorato “Timonero” en varias tandas por izquierda, compuesta la figura y sin mover los pies de la arena. La estocada fue perfecta, por lo que valen las dos orejas.

Su tercero (“Carnaval”, 504K), fue bonito de estampa y nada más.

Para mí, esta tarde fue una de museo: de belleza pulcra y limpia; de trazos valiosos. Un privilegio estar allí, sin duda, como dijo nuestra amiga de la fila 3 del tendido 6, Margarita Vélez. Un privilegio pictórico, elegante, sobrio. Pero un privilegio sin sangre en las venas, digo yo, y agacho la cabeza, anticipándome ante la andanada de críticas.

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