viernes, 30 de diciembre de 2016

Lluvia y toros


Castella por chicuelinas (Foto: Diana R. Reina G.)
Pintaba bien la corrida final de la feria de Cali, con los toros de Las ventas del Espíritu Santo. A las 4 en punto, algunos goterones inofensivos presagiaban lo que iría a ser una pavorosa tormenta eléctrica que obligó a la mayoría de los asistentes al festejo a perderse el indulto del quinto y la actuación final de López Simón, que con su primero había estado francamente bien.
Abrió la tarde Sebastián Castella, que estuvo muy compuesto con su primero (“Introvertido”, 500K, castaño chorreado). El toro tardeaba y era flojo de remos. Aun así, Castella estuvo serio y elegante por derecha, además de regalarnos dos buenos naturales. Más tarde, tuvo mucho aguante en tres derechazos con los pies clavados en la arena de Cañaveralejo. Se arrimó mucho en la sexta tanda por derecha y entró a matar con decisión. Dejó una media y debió descabellar dos veces. Sin embargo, lo obligamos a saludar desde el tercio.
El cuarto de la tarde (“Hispano”, negro de 448K, largo, bien dotado de cabeza) tampoco tuvo mucha fuerza. Castella lo recibió con tres bellas verónicas a pie junto, luego otras seis con el compás abierto y media para el remate. Tras la vara, hizo un quite por tafalleras, que fueron tres, lentas y armoniosas, sin mover los pies del sitio. La faena fue de más a menos. Una secuencia de dos cambiados por la espalda, alternados por dos derechazos, sin enmendar la posición, y luego un natural. El toro tenía clase en la embestida, lo que le permitió torear con limpieza por derechazos. Sin embargo, por naturales estuvo menos bien, dejando trompicar varias veces la muleta. Mató de una muy buena estocada entera, que le valió una de las dos orejas que le dieron.
Luis Bolívar tuvo una actuación altisonante con “Desorientado” (castaño algo cornivuelto, de 462K), que se arrancó de largo en la primera parte de la faena, aunque tampoco tuvo mucha fuerza. Las primeras tandas por derecha fueron aseadas. No obstante, Bolívar perdió el sitio al citar por naturales, fue enganchado y, a partir de entonces, la cosa decayó. El matador intentó recomponer la equivocación con varias tandas completamente innecesarias y embarulladas. Dejó una estocada muy caída, casi envainada, pero lo obligaron a saludar. Demasiado premio para su presentación.
En cambio, dejó un excelente sabor el toreo de López Simón con “Renegrido” (sobrero de 460K, chorreado), que metía muy bien la cara en el engaño, aunque falto de fuerza, como todos los que alcanzamos a ver. El de López Simón fue un toreo sencillo, claro, sin florituras, limpio y decidido. Toreó con la panza de la muleta siempre, con verdad y hondura, sobre todo en una tanda de naturales geométricos: la figura compuesta, erguida, la mano desmayada, la muñeca que torea. Hermoso. Mató con una estocada perfecta, la mejor de la feria, y recibió dos orejas.


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