lunes, 30 de enero de 2017

Uno, uno, uno y uno no suman cuatro

El hermoso y bravo "Introvertido". (Fotos: Diana R. Reina G.)
La verdad, íbamos con algo de miedo a la plaza debido a los manifestantes del domingo pasado que, en defensa de la vida, lanzaron insultos, patadas, puñetazos, piedras e, incluso, amenazaron con chuzarnos “para que prueben algo de su propia medicina”. Este domingo hubo más orden y control policial y también, cómo no, más mesura en los manifestantes que comprendieron que los réditos políticos que buscaban podían irse por la alcantarilla ante los desmanes violentos para protestar contra la violencia hacia los animales.
Lo cierto es que la corrida de Las Ventas del Espíritu Santo no me gustó. Los primeros tres fueron sosos (alguno con peligro); distraídos, desparramando la vista. El quinto y el sexto tuvieron alegría. Solo hubo un toro bravo y encastado, el cuarto, que estuvo por encima de su torero, el colombiano Manuel Libardo.
Forzado de pecho de Manuel Libardo
Libardo tiene buenas maneras y mucha voluntad, pero debe torear mucho menos de lo necesario para “cuajarse” en este oficio. “Airoso” (476K, negro cornidelantero, ligeramente bizco del derecho), tardó eternidades en fijarse en el caballo y luego embistió feamente, cabeceando de izquierda a derecha. Además, desarrolló sentido por el pitón izquierdo, hasta que se frenó de repente en el tercer natural de la sexta tanda y buscó el cuerpo del torero.
En cambio, el cuarto, aplaudido en la salida y en el arrastre, fue un bello toro castaño de nombre “Introvertido” (517K, algo cornivuelto y con cuajo). Tuvo bravura y casta, pese a que tardeaba, como casi todos los del encierro. Peleó con la cara alta en el caballo y en la muleta tuvo recorrido largo al galope, repetición e interés. Libardo estuvo decoroso en el capote. Planteó la faena de muleta en el tercio, pues en los medios el toro le hubiera exigido mucho más de lo que él tenía para darle. Las tandas de derechazos tuvieron un poco más de limpieza que las de naturales, que estuvieron casi todos trompicados y dubitativos.
Cambio por la espalda de Miguel Ángel Perera
Miguel Ángel Perera, un torero interesantísimo para mi paladar taurino, por su gusto seco y sobrio, elegante y hondo, lo puso todo ante “Negro” (480K, cornidelantero y enmorrillado). Lo recibió con seis verónicas lentas a pie junto, bajando las manos -como si las tuviera a la altura de las rodillas- en una media verónica preciosa. Estuvo sobresaliente el subalterno Curro Javier en un par de banderillas “asomándose al balcón” (como dicen los que saben): el cuerpo que se eleva en el aire, los brazos en alto y las manos sosteniendo con firmeza los palos, los muslos en la mitad de los pitones del toro.
Perera tuvo temple y dulzura en la muleta, sobre todo en un natural excelente (el segundo de la cuarta tanda). Inexplicablemente, justo después de ese pase, como si el toro se hubiera visto ofendido por tanta belleza, el animal sacó genio y se coló, para luego protestar con la cabeza en alto al final del embarque. Y no quiso seguir dando juego. El español falló con la espada, pero saludó desde el tercio.
Quizás Perera quedó aburrido con el desenlace de su primera actuación. “Olvidado” (510K, negro corniabierto y escaso de cabeza) metía bien la cara en el engaño, humillando bastante, pero protestaba a la salida del pase. Era flojo de manos, por lo que Perera le planteó una faena a media altura por derecha, hasta que logró un derechazo larguísimo, hondo, de una elegancia muy personal. Pero fue perdiendo el temple y el lucimiento, terminando todo en casi nada.
El toreo lejano de Hermoso de Mendoza
Pablo Hermoso de Mendoza ha tenido una temporada colombiana (la que yo he visto) algo más que deslucida. Con “Bailador” (negro listón cornidelantero de 487K), que era distraído y perezoso, dejó dos buenos rejones de castigo, pero toreó muy lejos y sin temple. Dejó las cortas a toro parado y falló con el rejón de muerte. No obstante, la plaza estaba alborozada por la monta y la cuadra de caballos. Algo molesto, mi vecino comentó: “No sabía que esto era una exposición de caballos”.
“Bochinchero” (452K, negro cornidelantero de poca cara y algo anovillado) tuvo mucha más alegría que “Bailador”. Hermoso de Mendoza la aprovechó, toreando casi siempre lejos y a la grupa, salvo con un caballo castaño oscuro, cuyo nombre no anunciaron, que se destacó por su inteligencia ante el contrincante con arrancadas templadas al estribo.

Tras fallar con el primero, su segundo rejón de muerte fue efectivo y le regalaron una oreja. Debió ser porque el rejoneador brindó su actuación a la Policía Nacional, en reconocimiento a su labor para defender nuestras vidas de los ataques de los defensores de la vida.




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