domingo, 19 de febrero de 2017

De la Libertad al Miedo

El sociólogo Alfedo Molano reabre la Plaza de Toros de Santamaría
Un país que intenta avanzar en un proceso de paz y que se encuentra con múltiples obstáculos al hacerlo, empujó su carromato endeble y desvencijado por entre el lodazal de la intolerancia a lo largo de 2016. Mientras avanzaba en medio de la incertidumbre, los “enemigos agazapados de la paz” asesinaban selectivamente, y siguen asesinando, a líderes sociales.
Llegó enero de 2017 y, con él, la reapertura de la Plaza de Toros de Santamaría, cerrada autoritariamente por la administración de la Bogotá Humana. La opinión pública se alborota, se despeluca, se polariza, aupada por los imaginarios y las presuposiciones. El 22 de enero, día de la corrida inaugural, soportamos amenazas, agresiones verbales y físicas, pedreas claramente organizadas por sectores políticos vinculados con el discurso antitaurino y animalista.
Y entre el 22 de enero y hoy, 19 de febrero, muchos otros sectores políticos, incluyendo el gobierno, los mismos que hasta hace un año asistían felices a las plazas de toros y posaban para los camarógrafos, afirman que hay que prohibir la fiesta de los toros porque promueve la violencia y la nuestra es una sociedad que está en busca de la paz. Ya tramitan un proyecto de ley de cinco artículos para borrarla del mapa, lavándose las manos de la manera más hipócrita posible. Como si acabar la fiesta de los toros hiciera avanzar un milímetro el endeble y desvencijado carromato.
Hoy 19 de febrero, día en que termina la temporada taurina “La Libertad” en Bogotá, a eso de las 10:30 a.m., estalló una bomba en la esquina de la calle 27 con carrera 5ª, es decir, al lado de la Plaza de Toros de Santamaría. Hasta donde se sabe, hay 10 policías y una civil heridos. Habrá, de seguro, a quienes se les ocurra decir que se trata de un “autoatentado” de los sectores taurinos para victimizarse ante la opinión. Como decía el torero Domingo Ortega: Hay gente pa’ to’.

Desde esta orilla, es claro que la fiesta de los toros sirve a ciertos sectores políticos para exacerbar la intolerancia enconada desde hace siglos en esta paupérrima sociedad nuestra, la venganza de clase (como si los toros fuera una fiesta exclusiva de una cierta clase social), la virulencia morbosa. Cuando la acaben -y no les costará mucho trabajo- irán por alguien más.

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