domingo, 5 de febrero de 2017

"¡Que viva Mondoñedo!"



El segundo par de Santana ante el primero de la tarde (Fotos: Diana R. Reina G.)
Este era el grito de los aficionados al caer la tarde en la Santamaría, mientras el español José Garrido daba la vuelta al ruedo acompañado por el ganadero don Gonzalo Sanz de Santamaría. Garrido acababa de indultar a “Tocayito” (No. 329), un negro bien armado de 457 K, que había brindado al propio ganadero. Los tendidos estaban inundados de emoción, de esa emoción sagrada que solo se vive en una plaza de toros.
La emoción la ponen, por supuesto, los toros, y la corrida de hoy de Mondoñedo fue francamente buena, de gran trapío. Los seis fueron bravos y encastados. Uno además fue malgeniado y otro tenía complicaciones. Cuando los toros son bravos, exigen que los toreros estén a la altura y les den una pelea franca y limpia, inteligente y seria. Y casi todos se la dieron.
Derechazo de Rafaelillo en el difícil cuarto
A Rafaelillo le tocó el lote complicado. “Cavador” (489K, negro listón cornidelantero) fue un toro con mal genio que tumbó a Cayetano Romero y luego recibió dos varas. Tras un quite por navarras, Ricardo Santana dejó un extraordinario par de banderillas, aguantando mucho al toro, que era reservón, como prácticamente todo el encierro. Y en el tercero estuvo otra vez brillante. La plaza lo obligó a desmonterarse y lo aplaudió de pie.
Su segundo fue “Canciller” (518K), un bello toro castaño, veleto, ojo de perdiz y bocinero, que fue aplaudido en la salida. El toro fue al caballo tras tardear una eternidad, lo izó de los cuartos delanteros y, con el empuje, sacó de la silla de montar a Adelmo Velásquez como si fuera un muñeco de trapo. Tras el percance, recibió una vara seca, contundente, empleándose en el peto. En la muleta exigió mucho al matador, pues iba al engaño con mucha reserva. Rafaelillo debió sacar toda la gama de pases de lidia, arrancándole los derechazos y los naturales de los pitones con mucho aguante y valentía, cruzándose con el toro para que embistiera en una faena que los entendidos denominan “unipase”. Mató de un espadazo un poco contrario y luego descabello. Le dieron una merecida oreja, mientras la plaza coreaba “¡Torero! ¡Torero!”.
El caleño Paco Perlaza toreó el tercero y el quinto. Tuvo momentos decentes, pero en general su actuación estuvo por debajo de la calidad de los toros. Recibió a “Motilón” (negro largo, de 450 K) con tres buenas verónicas codilleando, una media y una revolera. El toro peleó en una vara larga de William Torres. Empezó la faena doblándose ante un toro que tuvo tranco, recorrido, repetición y trasmisión. En la tercera tanda por derecha logró un pase largo y lento, pero en la cuarta el toro lo enganchó, lo tuvo a su merced en la arena, le propinó un tremendo cabezazo en el cráneo y lo dejó mareado. A partir de entonces Perlaza perdió el sitio y el ángel.
“Greñudo” (negro cornivuelto de 500K) tuvo casta, emoción, prontitud y repetición. Recibió una buena vara larga y firme de Rafael Torres, en su sitio, peleando con enjundia. Después, Perlaza hizo un quite decente por navarras y en la muleta estuvo altisonante por ambas manos, pues en ocasiones toreó lejos y en otras se empleó con mayor honestidad. La faena fue de más a menos y la cosa terminó en silencio y en aplausos para el toro en el arrastre.
Derechazo con clase de José Garrido
José Garrido dejó una muy buena impresión esta tarde en la Santamaría, por su toreo inteligente, en el sitio, limpio, lento y plástico. Tuvo la suerte de que le correspondieran los mejores ejemplares de este buen encierro de Mondoñedo. “Embajador” (negro listón, de 468K) tuvo una salida insípida pero, luego de una vara larga y seca de Luis Viloria, tras fallar en el primer encuentro, sacó su casta y su bravura. John Jairo Suaza dejó un buen par reunido y debió saludar montera en mano. El toro tenía un pitón izquierdo muy dulce y Garrido lo aprovechó en dos tandas de naturales que tuvieron largura y sinceridad. Estuvo muy inteligente, pausado y en el sitio ante “Embajador”, en tandas por derecha que fueron ligadas, mandonas y cariñosas al tiempo. Mató de estocada entera algo delantera y contraria. El toro tardó en doblar, porque así se lo indicaba su sangre brava. Le dieron una oreja al matador y le negaron una merecida vuelta al ruedo al toro. Se escucharon los gritos de “¡Mala presidencia! ¡Mala presidencia!”
Cuando caía el sol bogotano, se elevaba la magia maravillosa del toreo.
La excelente vara de Clovis Velásquez
Saltó a la arena “Tocayito”, que llegó al burladero de matadores y, de un cabezazo, arrancó dos tablas de cuajo. Garrido lo recibió con cinco verónicas rodilla en tierra que tuvieron gran cadencia. Más tarde, se lució con la vara Clovis Velásquez, recibiendo de largo al toro, que se empleó, “creciéndose en el castigo”, como diría Miguel Hernández. “Tocayito” era reservón para arrancar, lo cual fue quizás su único defecto. Pero cuando decidía ir al engaño lo hacía con gran honestidad y fijeza. Garrido lo entendió en una tanda por alto y por bajo sin corregir el sitio un solo milímetro. Por derecha tuvo mando y temple, limpieza y ligazón. Con la izquierda estuvo correcto, técnico y serio. Siempre aprovechó la bella embestida del toro, humillada y franca, mostrando su calidad a los tendidos, que pronto empezaron a pedir el indulto. La presidencia estuvo esta vez de acuerdo con la afición, y de su balcón asomó la bandera amarilla. Los asistentes teníamos el corazón en la boca.
La afición bogotana, la que se dejó amedrentar por la violencia antitaurina, o aquella que es torerista y no va a una tarde en la que se anuncian toreros desconocidos para ellos, se perdieron una maravillosa tarde de toros toros. Cuando José Garrido, don Gonzalo Sanz de Santamaría y su hijo daban la vuelta al ruedo, se oía en la plaza el grito de “¡Que viva Mondoñedo!”
¡Que viva!



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