domingo, 19 de febrero de 2017

De la Libertad al Miedo

El sociólogo Alfedo Molano reabre la Plaza de Toros de Santamaría
Un país que intenta avanzar en un proceso de paz y que se encuentra con múltiples obstáculos al hacerlo, empujó su carromato endeble y desvencijado por entre el lodazal de la intolerancia a lo largo de 2016. Mientras avanzaba en medio de la incertidumbre, los “enemigos agazapados de la paz” asesinaban selectivamente, y siguen asesinando, a líderes sociales.
Llegó enero de 2017 y, con él, la reapertura de la Plaza de Toros de Santamaría, cerrada autoritariamente por la administración de la Bogotá Humana. La opinión pública se alborota, se despeluca, se polariza, aupada por los imaginarios y las presuposiciones. El 22 de enero, día de la corrida inaugural, soportamos amenazas, agresiones verbales y físicas, pedreas claramente organizadas por sectores políticos vinculados con el discurso antitaurino y animalista.
Y entre el 22 de enero y hoy, 19 de febrero, muchos otros sectores políticos, incluyendo el gobierno, los mismos que hasta hace un año asistían felices a las plazas de toros y posaban para los camarógrafos, afirman que hay que prohibir la fiesta de los toros porque promueve la violencia y la nuestra es una sociedad que está en busca de la paz. Ya tramitan un proyecto de ley de cinco artículos para borrarla del mapa, lavándose las manos de la manera más hipócrita posible. Como si acabar la fiesta de los toros hiciera avanzar un milímetro el endeble y desvencijado carromato.
Hoy 19 de febrero, día en que termina la temporada taurina “La Libertad” en Bogotá, a eso de las 10:30 a.m., estalló una bomba en la esquina de la calle 27 con carrera 5ª, es decir, al lado de la Plaza de Toros de Santamaría. Hasta donde se sabe, hay 10 policías y una civil heridos. Habrá, de seguro, a quienes se les ocurra decir que se trata de un “autoatentado” de los sectores taurinos para victimizarse ante la opinión. Como decía el torero Domingo Ortega: Hay gente pa’ to’.

Desde esta orilla, es claro que la fiesta de los toros sirve a ciertos sectores políticos para exacerbar la intolerancia enconada desde hace siglos en esta paupérrima sociedad nuestra, la venganza de clase (como si los toros fuera una fiesta exclusiva de una cierta clase social), la virulencia morbosa. Cuando la acaben -y no les costará mucho trabajo- irán por alguien más.

martes, 14 de febrero de 2017

Mucho ruido y una nuez

Larga cambiada de Luis Miguel Castrillón (Fotos: Diana R. Reina G.)
Mansa casi toda la corrida de hoy de Juan Bernardo Caicedo. Bien presentados los toros, con cara, musculosos, pero con escasa bravura. Y el público, ruidoso desde el tercero por diversos motivos que ya mencionaremos.
Confirmó alternativa el antioqueño Luis Miguel Castrillón, que estuvo decoroso primero y muy crudo después. Sebastián Castella estuvo acertado en su primero y embarullado en su segundo, un toro complejo y mañoso al que le hizo una lidia sin temple y con mucho aguante. Y Andrés Roca Rey puso los vellos de punta en el que en realidad iría a lidiarse en el sexto lugar, pero que debió salir de tercero bis ante el espectáculo deprimente de que su primer toro se partiera el pitón derecho desde la raíz. Si a los aficionados a los toros nos gustara el sufrimiento, habríamos delirado ante esta situación. Pero a todos nos pareció lamentable.
Castrillón abrió la tarde con "Sacristán" (457K, negro listón y cornialto). El toro cumplió, aunque era escaso de fuerza y por eso el antioqueño tuvo que planearle una faena a media altura, luego de un quite por gaoneras muy ceñidas, sobre todo la tercera. La faena fue en general limpia y sincera ante un toro que metía bien la cara, pero al que le faltaba trasmisión. Mató de entera un pelo trasera y tendida y le dieron una oreja. El quinto ("Joyero", 502K, negro corniabierto, casi playero) salió como una tromba, galopando a toda velocidad, y luego se fue apagando hasta languidecer y la cosa terminó en casi nada.
Estoconazo de Castella
Sebastián Castella tuvo algunos momentos interesantes con "Sabio" (506K, negro corniabierto, largo y enmorrillado) que se iba suelto del capote y que desparramaba la vista por toda la plaza antes de ir con fuerza al caballo de Efraín Ospina, propinándole un tumbo mientras el picador dejaba un picotazo que ahora se llama puya. El toro se arrancaba de largo al principio de la faena y el francés lo aprovechó en las primeras dos tandas por derecha, claras y ligadas, pues el toro se revolvía pronto. Luego el toro se fue apagando hasta rajarse por completo. Lo mató de un espadazo perfecto e inexplicablemente le negaron la oreja.
Castella en apuros
Con "Gavilán" (467K, negro cornialto, bien hecho), inició con cuatro verónicas, una chicuelina y la media, todas con sazón, pues el toro transmitía a los tendidos. Tras una vara breve en la que "Gavilán" tuvo decoro, Castella intentó un quite por tafalleras y, al citar para la primera, el toro lo empujó con la pala del pitón derecho, luego lo izó por la chaquetilla para después ir por él, que se enrollaba en la arena. El toro sacó todos los problemas que tenía en la muleta y el francés no encontró el temple, aunque sí mucho aguante y voluntad en una lidia estéticamente deslucida pero muy valerosa. La presidencia hizo caso omiso de la mayoritaria petición de oreja y se ganó una bronca bulliciosa, altisonante, mientras la plaza obligaba al matador a dar dos vueltas al ruedo.
Lo cierto es que el ruido había comenzado una media hora antes, cuando salió al ruedo “Salpicado”, un bello toro negro casi cinqueño (4 años y 11 meses) que, cuando fue a rematar en el burladero de matadores se estrelló de mala manera, fracturándose el pitón derecho por la raíz. No hay nada más deplorable que se malogre un toro en la plaza. Insisto: si los antitaurinos tuvieran razón y los asistentes a la plaza gozáramos con el sufrimiento del toro, habríamos hecho una orgía sádica ante la triste suerte de “Salpicado”, que fue devuelto a los corrales entre los lamentos del público.
Saltillera de Roca Rey
Entonces saltó el que debería haber sido el sexto de la tarde ("Estudioso", 486K, negro y alto de cuerna), que en realidad no tenía cara de estudioso, sino de vaca triste. Y así se comportó durante el tiempo que estuvo en el ruedo: como una vaca triste. El asunto no habría sido digno de mención si "Estudioso" no hubiera tenido frente a él el valor incorpóreo de Andrés Roca Rey. Tras los delantales y las chicuelinas de recibo, además de una vara breve de Rafael Torres, decidió hacer un quite por saltilleras y gaoneras ante un toro que, de tan manso que era, podría haberlo descuartizado en su galope errático y su embestida protestona. Una primera tanda por estatuarios y ya estaba Roca Rey persiguiendo a "Estudioso" por el ruedo, obligándolo a estar en los medios en dos tandas de derechazos bajos y mandones. Luego le cedió los terrenos del tercio y le arrancó una tanda de ayudados, acto seguido tres naturales, un súbito cambiado por la espalda y un trincherazo, para rematar con tres bernadinas espeluznantes. Mató de entera contraria y paseó dos merecidísimas orejas.
Bernadina de Roca Rey
Después de tanto ruido, habíamos encontrado una nuez: la del valor inverosímil de Andrés Roca Rey.
(Con el último no pasó nada digno de mención).




domingo, 5 de febrero de 2017

"¡Que viva Mondoñedo!"



El segundo par de Santana ante el primero de la tarde (Fotos: Diana R. Reina G.)
Este era el grito de los aficionados al caer la tarde en la Santamaría, mientras el español José Garrido daba la vuelta al ruedo acompañado por el ganadero don Gonzalo Sanz de Santamaría. Garrido acababa de indultar a “Tocayito” (No. 329), un negro bien armado de 457 K, que había brindado al propio ganadero. Los tendidos estaban inundados de emoción, de esa emoción sagrada que solo se vive en una plaza de toros.
La emoción la ponen, por supuesto, los toros, y la corrida de hoy de Mondoñedo fue francamente buena, de gran trapío. Los seis fueron bravos y encastados. Uno además fue malgeniado y otro tenía complicaciones. Cuando los toros son bravos, exigen que los toreros estén a la altura y les den una pelea franca y limpia, inteligente y seria. Y casi todos se la dieron.
Derechazo de Rafaelillo en el difícil cuarto
A Rafaelillo le tocó el lote complicado. “Cavador” (489K, negro listón cornidelantero) fue un toro con mal genio que tumbó a Cayetano Romero y luego recibió dos varas. Tras un quite por navarras, Ricardo Santana dejó un extraordinario par de banderillas, aguantando mucho al toro, que era reservón, como prácticamente todo el encierro. Y en el tercero estuvo otra vez brillante. La plaza lo obligó a desmonterarse y lo aplaudió de pie.
Su segundo fue “Canciller” (518K), un bello toro castaño, veleto, ojo de perdiz y bocinero, que fue aplaudido en la salida. El toro fue al caballo tras tardear una eternidad, lo izó de los cuartos delanteros y, con el empuje, sacó de la silla de montar a Adelmo Velásquez como si fuera un muñeco de trapo. Tras el percance, recibió una vara seca, contundente, empleándose en el peto. En la muleta exigió mucho al matador, pues iba al engaño con mucha reserva. Rafaelillo debió sacar toda la gama de pases de lidia, arrancándole los derechazos y los naturales de los pitones con mucho aguante y valentía, cruzándose con el toro para que embistiera en una faena que los entendidos denominan “unipase”. Mató de un espadazo un poco contrario y luego descabello. Le dieron una merecida oreja, mientras la plaza coreaba “¡Torero! ¡Torero!”.
El caleño Paco Perlaza toreó el tercero y el quinto. Tuvo momentos decentes, pero en general su actuación estuvo por debajo de la calidad de los toros. Recibió a “Motilón” (negro largo, de 450 K) con tres buenas verónicas codilleando, una media y una revolera. El toro peleó en una vara larga de William Torres. Empezó la faena doblándose ante un toro que tuvo tranco, recorrido, repetición y trasmisión. En la tercera tanda por derecha logró un pase largo y lento, pero en la cuarta el toro lo enganchó, lo tuvo a su merced en la arena, le propinó un tremendo cabezazo en el cráneo y lo dejó mareado. A partir de entonces Perlaza perdió el sitio y el ángel.
“Greñudo” (negro cornivuelto de 500K) tuvo casta, emoción, prontitud y repetición. Recibió una buena vara larga y firme de Rafael Torres, en su sitio, peleando con enjundia. Después, Perlaza hizo un quite decente por navarras y en la muleta estuvo altisonante por ambas manos, pues en ocasiones toreó lejos y en otras se empleó con mayor honestidad. La faena fue de más a menos y la cosa terminó en silencio y en aplausos para el toro en el arrastre.
Derechazo con clase de José Garrido
José Garrido dejó una muy buena impresión esta tarde en la Santamaría, por su toreo inteligente, en el sitio, limpio, lento y plástico. Tuvo la suerte de que le correspondieran los mejores ejemplares de este buen encierro de Mondoñedo. “Embajador” (negro listón, de 468K) tuvo una salida insípida pero, luego de una vara larga y seca de Luis Viloria, tras fallar en el primer encuentro, sacó su casta y su bravura. John Jairo Suaza dejó un buen par reunido y debió saludar montera en mano. El toro tenía un pitón izquierdo muy dulce y Garrido lo aprovechó en dos tandas de naturales que tuvieron largura y sinceridad. Estuvo muy inteligente, pausado y en el sitio ante “Embajador”, en tandas por derecha que fueron ligadas, mandonas y cariñosas al tiempo. Mató de estocada entera algo delantera y contraria. El toro tardó en doblar, porque así se lo indicaba su sangre brava. Le dieron una oreja al matador y le negaron una merecida vuelta al ruedo al toro. Se escucharon los gritos de “¡Mala presidencia! ¡Mala presidencia!”
Cuando caía el sol bogotano, se elevaba la magia maravillosa del toreo.
La excelente vara de Clovis Velásquez
Saltó a la arena “Tocayito”, que llegó al burladero de matadores y, de un cabezazo, arrancó dos tablas de cuajo. Garrido lo recibió con cinco verónicas rodilla en tierra que tuvieron gran cadencia. Más tarde, se lució con la vara Clovis Velásquez, recibiendo de largo al toro, que se empleó, “creciéndose en el castigo”, como diría Miguel Hernández. “Tocayito” era reservón para arrancar, lo cual fue quizás su único defecto. Pero cuando decidía ir al engaño lo hacía con gran honestidad y fijeza. Garrido lo entendió en una tanda por alto y por bajo sin corregir el sitio un solo milímetro. Por derecha tuvo mando y temple, limpieza y ligazón. Con la izquierda estuvo correcto, técnico y serio. Siempre aprovechó la bella embestida del toro, humillada y franca, mostrando su calidad a los tendidos, que pronto empezaron a pedir el indulto. La presidencia estuvo esta vez de acuerdo con la afición, y de su balcón asomó la bandera amarilla. Los asistentes teníamos el corazón en la boca.
La afición bogotana, la que se dejó amedrentar por la violencia antitaurina, o aquella que es torerista y no va a una tarde en la que se anuncian toreros desconocidos para ellos, se perdieron una maravillosa tarde de toros toros. Cuando José Garrido, don Gonzalo Sanz de Santamaría y su hijo daban la vuelta al ruedo, se oía en la plaza el grito de “¡Que viva Mondoñedo!”
¡Que viva!



sábado, 4 de febrero de 2017

Perdimos

Paseíllo en la corrida de reapertura de la Plaza de Toros de Santamaría en Bogotá. (Foto: Diana R. Reina G.)
El primero de febrero de 2017 se conoció el comunicado de prensa de la sentencia de Corte Constitucional de Colombia que, en una votación de 5 contra 4, declaró la inexequibilidad diferida del parágrafo 3 del artículo 5 de la ley 1774 de 2016. Este parágrafo excluía las corridas de toros, novilladas, becerradas, corralejas, peleas de gallos y otras prácticas culturales con animales de la ley contra el maltrato animal. La inexequibilidad diferida significa, según entiendo, que la Corte exhorta al Congreso de la República a legislar al respecto en un plazo máximo de 2 años, luego de los cuales, si el legislativo no se ha pronunciado, esos espectáculos quedarían prohibidos. (Con información de: http://www.elespectador.com/noticias/judicial/corte-constitucional-le-ordena-al-congreso-legislar-sob-articulo-677847).
Al día siguiente, supimos que la bancada animalista y la del partido de gobierno, bajo la orientación del ministerio del Interior, trabajarán en un proyecto de ley para prohibir en Colombia las corridas de toros y otros espectáculos con animales. La situación no puede ser más preocupante.
Perdimos los taurinos. Aceptémoslo. Se avecinan elecciones en Colombia para 2018 y el tema de la protección animal es muy llamativo pues genera votos. En cuanto a las corridas de toros hay mucha ignorancia en la opinión pública, plagada de imaginarios al respecto, muy difíciles de desmontar. Así que es muy poco probable que el legislativo colombiano se incline en favor de los toros, ni siquiera en el sentido de modificar su reglamentación para ajustarla a la ley de protección animal.
Perdimos los taurinos, también, por nuestra falta de olfato político, por nuestra excesiva confianza. La sentencia 666 de 2010 de la Corte Constitucional ordenaba a que se morigerara en el mediano plazo la “violencia” contra los toros en las corridas. Que yo sepa, no hubo iniciativas para modificar el Reglamento Nacional Taurino en este sentido. (Si las hubo, no fueron divulgadas en los medios de comunicación.)
Perdimos los aficionados, los ganaderos, los toreros: perdió el mundo del toro. Sinceramente, creo que este tema no es verdaderamente importante para la ciudadanía, salvo para hacer bulla en las redes sociales entre diciembre y enero, cuando hay temporada taurina en el país, cuando se alborota el tremendismo populista y demagógico que últimamente viene siendo muy bien trabajado por ciertos sectores políticos.  
Si las corridas de toros se prohíben en Colombia, a mí me estarán mutilando una parte muy importante de mi personalidad. Sin embargo, lo aceptaré con gallardía y, como dice León de Greiff, iré en “busca de mejores aires, mejores aires”. 
Eso sí: ante la eventual prohibición de las corridas de toros, los sectores animalistas de Colombia se enfrentarán a un conjunto de encrucijadas, que habré de abordar en entradas subsiguientes. Pero antes me gustaría discutir (otra vez) el problema del maltrato animal.

lunes, 30 de enero de 2017

Uno, uno, uno y uno no suman cuatro

El hermoso y bravo "Introvertido". (Fotos: Diana R. Reina G.)
La verdad, íbamos con algo de miedo a la plaza debido a los manifestantes del domingo pasado que, en defensa de la vida, lanzaron insultos, patadas, puñetazos, piedras e, incluso, amenazaron con chuzarnos “para que prueben algo de su propia medicina”. Este domingo hubo más orden y control policial y también, cómo no, más mesura en los manifestantes que comprendieron que los réditos políticos que buscaban podían irse por la alcantarilla ante los desmanes violentos para protestar contra la violencia hacia los animales.
Lo cierto es que la corrida de Las Ventas del Espíritu Santo no me gustó. Los primeros tres fueron sosos (alguno con peligro); distraídos, desparramando la vista. El quinto y el sexto tuvieron alegría. Solo hubo un toro bravo y encastado, el cuarto, que estuvo por encima de su torero, el colombiano Manuel Libardo.
Forzado de pecho de Manuel Libardo
Libardo tiene buenas maneras y mucha voluntad, pero debe torear mucho menos de lo necesario para “cuajarse” en este oficio. “Airoso” (476K, negro cornidelantero, ligeramente bizco del derecho), tardó eternidades en fijarse en el caballo y luego embistió feamente, cabeceando de izquierda a derecha. Además, desarrolló sentido por el pitón izquierdo, hasta que se frenó de repente en el tercer natural de la sexta tanda y buscó el cuerpo del torero.
En cambio, el cuarto, aplaudido en la salida y en el arrastre, fue un bello toro castaño de nombre “Introvertido” (517K, algo cornivuelto y con cuajo). Tuvo bravura y casta, pese a que tardeaba, como casi todos los del encierro. Peleó con la cara alta en el caballo y en la muleta tuvo recorrido largo al galope, repetición e interés. Libardo estuvo decoroso en el capote. Planteó la faena de muleta en el tercio, pues en los medios el toro le hubiera exigido mucho más de lo que él tenía para darle. Las tandas de derechazos tuvieron un poco más de limpieza que las de naturales, que estuvieron casi todos trompicados y dubitativos.
Cambio por la espalda de Miguel Ángel Perera
Miguel Ángel Perera, un torero interesantísimo para mi paladar taurino, por su gusto seco y sobrio, elegante y hondo, lo puso todo ante “Negro” (480K, cornidelantero y enmorrillado). Lo recibió con seis verónicas lentas a pie junto, bajando las manos -como si las tuviera a la altura de las rodillas- en una media verónica preciosa. Estuvo sobresaliente el subalterno Curro Javier en un par de banderillas “asomándose al balcón” (como dicen los que saben): el cuerpo que se eleva en el aire, los brazos en alto y las manos sosteniendo con firmeza los palos, los muslos en la mitad de los pitones del toro.
Perera tuvo temple y dulzura en la muleta, sobre todo en un natural excelente (el segundo de la cuarta tanda). Inexplicablemente, justo después de ese pase, como si el toro se hubiera visto ofendido por tanta belleza, el animal sacó genio y se coló, para luego protestar con la cabeza en alto al final del embarque. Y no quiso seguir dando juego. El español falló con la espada, pero saludó desde el tercio.
Quizás Perera quedó aburrido con el desenlace de su primera actuación. “Olvidado” (510K, negro corniabierto y escaso de cabeza) metía bien la cara en el engaño, humillando bastante, pero protestaba a la salida del pase. Era flojo de manos, por lo que Perera le planteó una faena a media altura por derecha, hasta que logró un derechazo larguísimo, hondo, de una elegancia muy personal. Pero fue perdiendo el temple y el lucimiento, terminando todo en casi nada.
El toreo lejano de Hermoso de Mendoza
Pablo Hermoso de Mendoza ha tenido una temporada colombiana (la que yo he visto) algo más que deslucida. Con “Bailador” (negro listón cornidelantero de 487K), que era distraído y perezoso, dejó dos buenos rejones de castigo, pero toreó muy lejos y sin temple. Dejó las cortas a toro parado y falló con el rejón de muerte. No obstante, la plaza estaba alborozada por la monta y la cuadra de caballos. Algo molesto, mi vecino comentó: “No sabía que esto era una exposición de caballos”.
“Bochinchero” (452K, negro cornidelantero de poca cara y algo anovillado) tuvo mucha más alegría que “Bailador”. Hermoso de Mendoza la aprovechó, toreando casi siempre lejos y a la grupa, salvo con un caballo castaño oscuro, cuyo nombre no anunciaron, que se destacó por su inteligencia ante el contrincante con arrancadas templadas al estribo.

Tras fallar con el primero, su segundo rejón de muerte fue efectivo y le regalaron una oreja. Debió ser porque el rejoneador brindó su actuación a la Policía Nacional, en reconocimiento a su labor para defender nuestras vidas de los ataques de los defensores de la vida.




martes, 24 de enero de 2017

"¿Ya compró la armadura?"

I
Anuncio en el ruedo de la Santamaría (Foto: Diana R. Reina G.)
El viernes 20 de enero, hablábamos con un amigo sobre la corrida del domingo 22, la de la reapertura de la Plaza de Toros de Santamaría en Bogotá. De repente, me preguntó: “¿Y ya compró la armadura?” Reímos.
Sabíamos que varias manifestaciones antitaurinas se habían programado para ese día. Convocaban, no solo las organizaciones animalistas, sino la administración del señor Peñalosa y la de su predecesor, el señor Petro. Los directores de las organizaciones animalistas dijeron en la radio que las protestas serían pacíficas y organizadas. Así que, incluso en la mañana del domingo, yo estaba tranquilo.
No obstante, al llegar a la plaza por el costado oriental (Carrera 5ª), la cosa empezó a cobrar otro cariz. En años pasados, los manifestantes antitaurinos solían apostarse en la Carrera 7ª, junto al Planetario Distrital. Pero el domingo 22 había un grupo considerable, digamos, unas 200 personas, en la esquina la Cra. 5ª con calle 27. Me pareció curioso que hubieran sido autorizados a estar allí. La situación -aunque desagradable- no fue distinta que en el pasado: insultos de la más variada y surtida gama (“¡Asesinos!” “¡Hijueputas!” “¡Sádicos!” “¡Malparidos!”), algunos de ellos sazonados por patadas y puñetazos que habrían alcanzado su objetivo de no haber sido por las barreras policiales.
Cuando estábamos en la plaza, vimos ingresar a varios policías bachilleres heridos, para ser atendidos por los cuerpos de primeros auxilios. También llegó una señora de unos 30 años, con cuello ortopédico y máscara de oxígeno. Se comentaba que la situación se complicaba progresivamente. Se oían las arengas cada vez más rabiosas de los manifestantes que estaban sobre la Cra 7ª, y que eran muchos más (dicen los medios que cerca de 3000).
Para entonces, yo desconocía que en la Cra. 7ª estaba el exalcalde Gustavo Petro y otros funcionarios de su administración, liderando la protesta con el puño en alto, orientando a los jóvenes de la “Bogotá Humana”. (Para el efecto, véase @petrogustavo). Incluso hicieron un minuto de silencio “por los toros que serán asesinados esta tarde”. (¡¿?!)
Durante la corrida, oíamos estruendos explosivos. Luego supimos que eran las “papas bomba” (típicas de las protestas universitarias en la Distrital, la Pedagógica y la Nacional), así como a las “bombas” lacrimógenas del ESMAD. Cuando terminó la corrida, un oficial de la policía advirtió a los aficionados por altavoz que debíamos salir por la Cra. 7ª quienes no tuviéramos transporte particular, y por la Cra. 5ª quienes hubieran llevado sus automóviles. Salimos por la 7ª.
Y allí comenzó el miedo. Al llegar al Centro Internacional, vimos un desfile de motos policiales llevando escuadrones del ESMAD para contener la violencia de los antitaurinos. Tuvimos que correr hacia el sur, pues se decía que desde el norte venían los defensores de la vida animal (¡!¡!) para agredirnos. Después, bajamos a la Cra. 13 en busca de transporte.
Con inquietud creciente, en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada encontramos a un señor de unos 65 años con la cara totalmente bañada en sangre. Al mismo tiempo, venían subiendo hacia la plaza dos jóvenes cargando un ataúd con el fin, quiero creer, de representar simbólicamente el “asesinato” de los toros.
En el cruce de la Avenida Caracas con Calle 26, estábamos prácticamente solos. Nos insultaban por todos los costados. Una joven, mochila a espalda, se acercó y nos dijo: “Váyanse ya, porque si no los chuzo”. Subimos a un bus de transporte público con el corazón en las manos. Y entonces quise haber comprado una armadura para ir a los toros.
II
El miedo persiste. Pese a que la alcaldía ha dicho que no permitirá la violencia simbólica y física que vivimos el domingo pasado, es prácticamente imposible que se nos garantice nuestro derecho a ir a la plaza. Obviamente, hay intereses políticos de por medio.
La del domingo 22 fue una protesta organizada por muchos sectores: animalistas, pacifistas, veganos; partidistas, populistas, demagógicos. Pero, sobre todo, hay una intención de venganza de clase que parece ser estimulada por algunos de esos intereses políticos. Es, guardadas las debidas proporciones y diferencias, un fenómeno similar a los de las llamadas “barras bravas” en el fútbol y al de los “capuchos” en las universidades públicas. A eso, el señor Petro y sus colaboradores lo llaman “los jóvenes de la Bogotá Humana”.
Es cierto, por los videos publicados, que hubo la intención de controlar a los manifestantes (ver el twitter de Jorge Rojas, por ejemplo). Pero también es cierto que no pudieron hacerlo. Agredieron a niños, a ancianos, a hombres y a mujeres. Agredieron a ciudadanos, vea usted.
III
Tal parece, valga la verdad, que perderemos los taurinos nuestro derecho de asistir a corridas de toros. Pese a la jurisprudencia existente, la presión de las mayorías nos está acorralando. Según se rumora, la Corte Constitucional está próxima a sentenciar a favor de los “derechos” de los animales.
Yo soy taurino. No voy a la plaza para ver sufrir un toro. Voy a ver su bravura. No soy un sádico. No soy un torturador. Soy, simplemente, un aficionado a los toros.
Es difícil de entender, lo he dicho mil veces en estas entradas.
Cuando llegué de la corrida del pasado 22 de enero, consentí con el alma a mi gata, que se llama “Cerecita”.




Emociones sin par

La del domingo fue una tarde de cielo azul con algunas nubes blanquitas y un sol picante, como pocas tardes de toros en Bogotá. Luego vino el reencuentro con la plaza: su estructura imponente, su explanada de sombra y el ambiente de expectación. Después, reconocerla por dentro, pues la reestructuración estructural a la que fue sometida implicó la reacomodación de las localidades. Y esa arena de un amarillo intenso que brillaba con el sol.
Alfredo Molano entrega la llave de toriles
(Fotos: Diana R. Reina G.)
Con unos minutos de retraso, el clarín anunció el inicio de la ceremonia. A las 3:42 (saltémonos los himnos) retumbó el añorado pasodoble “El gato montés”, a cargo de esa banda pulcra y de timbres precisos que se ubica en el balcón de entre sol y sombra. Acto seguido, el paseíllo garboso y, al poco tiempo, la entrega simbólica de la “llave” de toriles al alguacilillo mayor a cargo de ese ejemplo intelectual que se llama Alfredo Molano Bravo. Algunos dirán que uno de sus mayores defectos es ser aficionado a los toros. Para rematar, la plaza puesta de pie, aplaudiendo con fervor a la terna de matadores que saludaban desmonterados en el tercio. No pude contener las lágrimas.
Saludo montera en mano
La corrida de Ernesto Gutiérrez estuvo en lo suyo, o un poco menos. El ganadero hizo lo posible por traer toros mejor presentados, con un poco más de cara y peso. Fueron noblotes, como siempre, y tuvieron poca emoción, como casi siempre. La mayoría tuvo su punta de mansedumbre.
Ceremonia de confirmación de alternativa de Andrés Roca Rey
Confirmó la alternativa el peruano Andrés Roca Rey ante un toro con poca fuerza, negro cornivuelto de 471K (inexplicablemente, no se anunciaron los nombres de los toros). El público bogotano parecía no conocer las maneras de Roca Rey y quedó con una muy buena impresión de su toreo plástico y electrizante a un tiempo. Estuvo variado con el capote por verónicas, chicuelinas y revoleras al recibo y, en el quite, se fue por saltilleras, rogerinas y gaoneras. Y con la muleta estuvo inteligente ante un toro que se revolvía de incertidumbre. Por su conocimiento de los terrenos del toro, y por ese abandono del cuerpo para torear con el alma, le pedimos que diera la vuelta al ruedo.
Derechazo de Roca Rey
En el último de la tarde (negro cornicorto de 512K) Roca Rey estuvo bien, pero no tan bien como en otras ocasiones. Sin embargo, el público bogotano se ubicó en la frontera del asombro con ese toreo suyo que tiene mucha verdad, mucha personalidad, mucha elegancia y -como lo hemos dicho varias veces- muchísimo valor. Tras brindar a los novilleros que estuvieron en huelga de hambre frente a la Santamaría hace un par de años, aprovechó el recorrido del toro, que era abundante, y supo esconderle la cuota de mansedumbre que tenía, regalándole las querencias. Pinchó sin soltar y luego dejó una entera fulminante. Eran las dos orejas, y se las dieron.
No recordaba el amor que este público siente por el toreo de Julián López El Juli, que a mí me emociona cada vez menos. Su primero (negro algo cornivuelto, de 468K, flaco y alto de manos) tuvo poco menos que nada. El madrileño castigó por bajo y lo despachó. Su segundo (negro cornigacho de 475K) fue bien recibido en una vara breve que tuvo el sitio justo. Hizo su consabido quite por lopecinas y luego un par de naturales con el cuerpo erguido, sin arquear tanto la figura, como ha venido haciéndolo hace años. Dio la vuelta al ruedo porque algunos se lo pidieron.
Bolívar brinda a Felipe Negret
Luis Bolívar estuvo decoroso con su primero, un toro negro, abrochado de cuerna, de 464K, que fue de menos a más. En el capote pasó desangelado por las verónicas y las chicuelinas del colombiano. Tras una vara minúscula, le sentaron bien los correctos pares de Gustavo García y de Garrido, quienes saludaron montera en mano. Bolívar brindó a Felipe Negret, quien ha liderado el proceso de la Corporación Taurina de Bogotá. Esta fue una emoción adicional: la plaza otra vez de pie, aplaudiendo con un gracias de corazón a este personaje que ha luchado por la fiesta brava en nuestra ciudad. En la muleta, el toro comenzó a meter bien la cara y a pasar con un recorrido largo, aunque en ocasiones quería irse de las suertes. Bolívar lo aprovechó en algunos derechazos largos y otros cuantos naturales que tuvieron sitio, concepción y ejecución. Mató de entera tendida y le dieron una oreja. En su segundo no pasó nada que valga la pena anotar.

Habíamos vivido una tarde plagada de emociones por la carga simbólica de la reapertura de la plaza de toros capitalina y por el toreo auténtico de Andrés Roca Rey en su confirmación. Nos faltaban las otras, no tan agradables.





martes, 17 de enero de 2017

¡Horror! ¡8.800 millones para la Santamaría!

Plaza de Toros de Santamaría y Torres del Parque
(tomada de www.archdaily.co)
Sigue agitándose el avispero. Ahora el “escándalo” en las redes sociales se debe a que las obras de refuerzo estructural de la Plaza de Toros de Santamaría que acaban de entregarse costaron 8.800 millones (www.pulzo.com). Se dice que no hay dinero para la salud, la educación, la ecología o el transporte públicos, pero que sí lo hay para reforzar la plaza de toros de la ciudad. ¡El horror!
Sin embargo, hay que recordar varios hechos.
Durante la administración Petro, el cierre de la plaza se justificó, entre otras razones, porque su estructura arquitectónica necesitaba una intervención urgente (http://www.eltiempo.com/bogota/reforzamiento-estructural-plaza-de-toros-de-bogota/14578216). Es decir, las obras, que ahora se cuestionan, se ordenaron durante la administración Petro, puesto que su objetivo era convertir la plaza en un escenario cultural.
Ahora bien: el propósito de la inversión (iniciada por Petro, insisto) se mantiene. La plaza de toros bogotana, como todas las que existen en el mundo, sirve para muchos propósitos culturales y deportivos. La Santamaría ha acogido espectáculos taurinos durante 6 días del año en temporada alta (enero-febrero) y otros 2 en la baja (agosto). Además, ha sido sede de la Escuela de Tauromaquia de Bogotá y del museo taurino de la ciudad.
Por ende, durante los otros 267 días del año, la Santamaría puede servir (y de hecho ha servido) para conciertos, espectáculos teatrales y actividades deportivas. Y podría usarse, con un poco de imaginación, para múltiples eventos más, sean pagos o gratuitos (por ejemplo, para las famosas clases de poesía que propuso el señor Petro cuando decidió cancelar el contrato con la Corporación Taurina http://www.semana.com/nacion/articulo/petro-anuncia-prohibicion-corridas-toros-plaza-santamaria/259486-3).
Finalmente, no puede olvidarse que la Plaza de Toros de Santamaría fue declarada patrimonio arquitectónico de Bogotá en 1984 (véase http://herenciamia.org/bogota/items/show/99). Dice la página del Centro de Arqueología, Herencia y Patrimonio:
La Plaza de Toros es uno de los hitos de mayor importancia de Bogotá. Su aparición ayudó a consolidar el crecimiento de la ciudad hacia el norte, sobre el eje de la carrera 7. El tratamiento del ladrillo que se exhibe en la fachada exhibe una amplia creatividad formal con influencias españolas y mudéjar, y es la principal característica de esta edificación. El diseño de las Torres del Parque, obra del reconocido arquitecto Rogelio Salmona que fue construida a mediados de la década del sesenta y actúa como telón de fondo de este proyecto, lo toma como elemento ordenador de la composición, disponiendo los edificios en forma radial en torno a él. Hoy en día ambos proyectos funcionan conceptualmente como una sola unidad, al punto que ya no se pueden desligar el uno del otro.
Solo faltaría que el contraargumento de esto fuera que, dado que la Plaza de Toros de Santamaría ofrece espectáculos taurinos durante 8 de los 365 días del año, hay que dejarla caer. Para hacer un parqueadero, por ejemplo. Uno bien bonito, eso sí.

lunes, 16 de enero de 2017

El rechazo tendencioso

El infaltable libro de Camilo Pardo U., publicado en 1946
Este próximo domingo 22 de enero de 2017 se reabrirá la Plaza de Toros de Santamaría, en Bogotá. Valga recordar que el pasado 13 de junio de 2012 supimos de la decisión del entonces alcalde de la ciudad, señor Gustavo Petro, de cancelar unilateralmente el contrato que tenía con la Corporación Taurina de la capital colombiana. En algunas entradas de este blog discutimos oportunamente esa decisión y sus motivaciones explícitas e implícitas.
Lo cierto es que en 2015 la Corte Constitucional volvió a fallar a favor de la realización de espectáculos taurinos en la Plaza de Santamaría y ordenó que se devolviera a la entidad contratante correspondiente a partir de 2017. La empresa ha cambiado: ahora se llama Consorcio Taurino, y es una sociedad entre la empresa que lleva la plaza de toros de Manizales y la anterior Corporación Taurina de Bogotá.
Volverá la temporada taurina a mi ciudad, para emoción de algunos y para rechazo de varios más, la mayoría altamente desinformada por habitar, sin querer moverse de allí, del país de los imaginarios. Un vocero de este último sector es el connotado periodista Gonzalo Guillén, quien publicó el 11 de enero una columna de opinión en www.semana.com titulada “Por decisión judicial, regresan a Bogotá la barbarie, la sangre y la muerte”.
El título del texto es cuando menos tendencioso. A ello le suma el señor Guillén términos como “orgía de barbarie, muerte, alcoholismo, sangre e inmoralidad” y otros como “matarifes” (refiriéndose a los actores humanos del espectáculo) o, para denominar a quienes asistimos a corridas de toros en Bogotá “afición mafiosa y corrupta”. Algunos de estos vocablos pertenecen a su esfera idiosincrásica de ver el mundo. Otros, en su contexto específico, no pueden ser considerados argumentos.
Porque lo peor es que, para defender su respetable punto de vista, el respetado periodista Guillén cae en imprecisiones que, dada la índole de su oficio, son inadmisibles. Afirma que los toros volverán a Bogotá el 29 de enero, cuando es el 22; dice que a la temporada vendrá como figura central José Tomás, lo cual no es cierto; y más adelante, para desarrollar lo que a mi modesto juicio es una débil (contra) argumentación cita en más de una oportunidad planteamientos de quien para él es un escritor deleznable: él cree que se llama “Ernesto Sabater” (en realidad Fernando Savater).
Habrá oportunidad de discutir la sesuda discusión contraargumentativa del señor Guillén a los planteamientos hechos por Fernando Savater. Lo que aquí quiero destacar, para finalizar, es que su opinión termina por recurrir al caso del video publicado en internet por quien el periodista Guillén dice que se llama Christophe Thomas (después de tantos equívocos, hay que sospechar, digo yo), y sobre el que ya hemos escrito en este blog (“Cuarta entrega: El toro es el amo – 9 de febrero de 2012”).
En fin. Tendremos que soportar marchas en contra a las afueras de la plaza, como la que se convoca por las redes sociales para el próximo domingo. De pronto habremos de tomar precauciones pues, ya sabemos, de la marcha y la manifestación pacífica a la agresión verbal o física hay solo un par de pasos.

Pero iremos con la frente en alto, seguros de que vamos a los toros porque, hasta cuando se diga legalmente lo contrario, tenemos derecho a hacerlo. Y porque para algunos resulta, ni más ni menos, un alimento para el espíritu. Es difícil de entender, lo sé. Pero al menos valdría la pena hacer el esfuerzo, si la intención es verdaderamente comunicativa.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Lluvia y toros


Castella por chicuelinas (Foto: Diana R. Reina G.)
Pintaba bien la corrida final de la feria de Cali, con los toros de Las ventas del Espíritu Santo. A las 4 en punto, algunos goterones inofensivos presagiaban lo que iría a ser una pavorosa tormenta eléctrica que obligó a la mayoría de los asistentes al festejo a perderse el indulto del quinto y la actuación final de López Simón, que con su primero había estado francamente bien.
Abrió la tarde Sebastián Castella, que estuvo muy compuesto con su primero (“Introvertido”, 500K, castaño chorreado). El toro tardeaba y era flojo de remos. Aun así, Castella estuvo serio y elegante por derecha, además de regalarnos dos buenos naturales. Más tarde, tuvo mucho aguante en tres derechazos con los pies clavados en la arena de Cañaveralejo. Se arrimó mucho en la sexta tanda por derecha y entró a matar con decisión. Dejó una media y debió descabellar dos veces. Sin embargo, lo obligamos a saludar desde el tercio.
El cuarto de la tarde (“Hispano”, negro de 448K, largo, bien dotado de cabeza) tampoco tuvo mucha fuerza. Castella lo recibió con tres bellas verónicas a pie junto, luego otras seis con el compás abierto y media para el remate. Tras la vara, hizo un quite por tafalleras, que fueron tres, lentas y armoniosas, sin mover los pies del sitio. La faena fue de más a menos. Una secuencia de dos cambiados por la espalda, alternados por dos derechazos, sin enmendar la posición, y luego un natural. El toro tenía clase en la embestida, lo que le permitió torear con limpieza por derechazos. Sin embargo, por naturales estuvo menos bien, dejando trompicar varias veces la muleta. Mató de una muy buena estocada entera, que le valió una de las dos orejas que le dieron.
Luis Bolívar tuvo una actuación altisonante con “Desorientado” (castaño algo cornivuelto, de 462K), que se arrancó de largo en la primera parte de la faena, aunque tampoco tuvo mucha fuerza. Las primeras tandas por derecha fueron aseadas. No obstante, Bolívar perdió el sitio al citar por naturales, fue enganchado y, a partir de entonces, la cosa decayó. El matador intentó recomponer la equivocación con varias tandas completamente innecesarias y embarulladas. Dejó una estocada muy caída, casi envainada, pero lo obligaron a saludar. Demasiado premio para su presentación.
En cambio, dejó un excelente sabor el toreo de López Simón con “Renegrido” (sobrero de 460K, chorreado), que metía muy bien la cara en el engaño, aunque falto de fuerza, como todos los que alcanzamos a ver. El de López Simón fue un toreo sencillo, claro, sin florituras, limpio y decidido. Toreó con la panza de la muleta siempre, con verdad y hondura, sobre todo en una tanda de naturales geométricos: la figura compuesta, erguida, la mano desmayada, la muñeca que torea. Hermoso. Mató con una estocada perfecta, la mejor de la feria, y recibió dos orejas.