sábado, 16 de enero de 2016

Interesantes los Mondoñedos

Roca Rey se desmontera ante la afición bogotana (Foto: JCMC)
Interesante la corrida de Mondoñedo en la plaza “Marruecos”, a 15 minutos de Bogotá, una vez superado el atasco de la calle 80. El encierro fue serio, con hechuras (salvo uno), peleó en varas y, en general, tuvo bravura y casta. No son los toros de cuerda de Ernesto Gutiérrez; son toros de verdad. Exigen lidia, sitio, mando y aguante.

El preámbulo fue inmejorable. Gracias a “La ruta del toro”, a cargo de Juan Carlos González, estuvimos en “Marruecos” a las 12 del día. Condumio memorable y mucha expectativa: gran ambiente. La afición bogotana esperaba a la figura del momento, Andrés Roca Rey. No decepcionó, pese a que no estuvo brillante.

Natural de El Cid (Foto: JCMC)
El Cid (quien está en la etapa final de su carrera) se enfrentó a “Rosquetero” (478K, negro listón y corniabierto), que peleó en varas y se vino arriba, luego de una salida algo incierta. Estuvo muy digno Emerson Pineda en la brega. El toro era tardo pero fijo, y El Cid lo toreó a media altura. Dejó una media algo trasera y descabelló. Silencio. “Lusitano” (457K, castaño requemado, algo veleto y escaso de carnes) obligó a un toreo inteligente a media altura en dos tandas ligadas por derecha. Luego El Cid bajó la mano, tras intentarlo con la izquierda, sin éxito. “Lusitano” echaba la cara arriba feamente, pero El Cid estuvo decoroso. Mató de entera algo caída  y le dieron una oreja.

Derechazo de Manuel Libardo (Foto: JCMC)
Si Manuel Libardo toreara 40 corridas al año, sería un torero muy serio. “Matador” tenía son en la embestida y se empleó bien en varas. Libardo estuvo decente en dos tafalleras en el quite y luego en dos tandas por derecha con ligazón. “Matador” tenía recorrido, aunque tardeaba y humillaba poco. La derecha de Libardo estuvo compuesta; sin embargo, la faena se vino abajo de a poco. Dejó un pinchazo hondo, que el toro escupió pronto; luego, una media delantera y una entera delantera perpendicular. “Matador” escuchó aplausos en el arrastre. Con “Reportero” (castaño requemado), en cambio, tuvo dificultades. Las chicuelinas del quite fueron lejanas. La muleta fue desligada y trompicada, pues el toro no transmitía y era mirón. Mató de entera contraria. Silencio.

Roca Rey preparando el lance (Foto: JCMC)
La afición bogotana ansiaba ver a Roca Rey, por lo que se ha hablado de él este año. “Periodista” (475K, negro cornigacho) permitió seis verónicas a pie junto con mucha dignidad. Se arrancó de largo al caballo y fue bien recibido. En el quite, cuatro tafalleras ciertas. El toro tardeó en la muleta y tuvo poca emoción. Hubo derechazos largos y humillados, y otros más hondos y lentos. “Periodista” se distrajo y quiso colarse al final de la faena. Roca mató de media lagartijera. Hubo pitos para el toro y saludo desde el tercio para el peruano.

Devuelto el sexto de lidia ordinaria por un problema en la mano derecha, Roca Rey toreó con hondura y verdad a un negro listón y playero de 482K, que peleó en varas. Con el capote, variedad: verónicas y chicuelinas en el recibo, y más chiquelinas, tafalleras y lances por la espalda en el quite. La muleta inició por estatuarios y se desarrolló en tres tandas de derechazos largos, hondos, ligados y serios. Hubo temple y compostura. Luego, seis naturales muy bien concebidos, uno de ellos de bella ejecución. Para rematar, derechazos sin el ayudado y unos cuantos naturales con verdad. Cuando la cosa iba para dos orejas, Roca Rey mató de entera contraria y algo trasera, que no tuvo muerte. Cuatro descabellos, dos metisacas, otros dos descabellos. Dos avisos.

Natural de Andrés Roca Rey (Foto: JCMC)
Con todo y eso, la plaza gritó “¡Torero!” “¡Torero!”


¿Exagerado?

viernes, 15 de enero de 2016

Una tarde de museo

Laureles, clavel y sonrisa: El triunfo de Ponce en Manizales (Foto: JCMC)
Tres veces oímos el pasodoble “Feria de Manizales” en la última corrida de feria. Los toros, como de costumbre, de Ernesto Gutiérrez. Garantizan juego, nobleza en exceso, casta y, para mi gusto, poca bravura. Pero aquí gustan hasta el delirio. Además, hoy tuvieron trapío.

Ayudado de Enrique Ponce (Foto: JCMC)
El mano a mano, difícil de superar: Enrique Ponce y El Juli. Ponce estuvo destacado en su primero (“Cigarrito”, 512K, negro, veleto y abrochado). Sobresale el quite por chicuelinas. El toro humillaba y era noble, pero le faltaba transmisión. La lentitud fue predominante. Una tanda por derechazos y un cambiado de mano muy dulce. Después, apareció lo que casi siempre se extraña en Ponce: la tanda de seis naturales, con el cite abanicando el pico de la muleta en la arena, preciosos. Otra tanda de derechazos muy abandonados y seis naturales más por la misma vía, componiendo el cite con la muleta plegada. Sonó el pasodoble que premia las faenas importantes, para que Ponce siguiera deleitándose con la embestida de chocolate de “Cigarrito”. Mató de entera algo caída, le dieron las dos orejas y el toro dio la vuelta al ruedo.

En su segundo (“Banquero”, 460K, negro alto, bizco del derecho y pobre de cabeza), Ponce dejó lo que, para mí, fue lo mejor de la tarde: una tanda de cinco derechazos ligados, largos, templados, en el centro del ruedo. Pero el toro colaboró poco y la obra se descompuso.

Bello natural de Enrique Ponce (Foto: JCMC)
El quinto fue “Clarinetero” (550K, otro negro y alto, escaso de pitones), con el que Ponce dejó una elegante tanda de verónicas; en la muleta, unos derechazos con desmayo y otros cuatro, ligados y hondos. El toro tardeaba, pero iba con clase. El público se deleitó con las “Poncinas”, y otra vez sonó el “Feria de Manizales”. El garbo se tomó la plaza y se escuchó el grito de “¡Torero! ¡Torero!”. Recibió una oreja el maestro y el toro los aplausos.

Saltillera de Julián López (Foto: JCMC)
El Juli le arrancó a “Tequilero” (476K, negro, pobre de pitones) cuatro saltilleras en el quite con mucha verdad; tras la primera de rodillas, una tanda de derechazos planchados y otra por naturales ligados. Otra vez, la suavidad ante un toro noble y con poca emoción; y, otra vez, “Feria de Manizales”. Al final, el toro se apagó y vino lo destacable: el aguante de Julián López, tan poco frecuente por estas tierras. Le dieron una oreja, tras media estocada y dos descabellos. “Tequilero” fue aplaudido en el arrastre.

En su segundo, más de ese aguante infrecuente de El Juli ante “Timonero” (negro cornicorto de 520K), que tuvo poca casta, aunque mucha nobleza. Se lo echó al hombro y le arrancó todo lo que tenía este timorato “Timonero” en varias tandas por izquierda, compuesta la figura y sin mover los pies de la arena. La estocada fue perfecta, por lo que valen las dos orejas.

Su tercero (“Carnaval”, 504K), fue bonito de estampa y nada más.

Para mí, esta tarde fue una de museo: de belleza pulcra y limpia; de trazos valiosos. Un privilegio estar allí, sin duda, como dijo nuestra amiga de la fila 3 del tendido 6, Margarita Vélez. Un privilegio pictórico, elegante, sobrio. Pero un privilegio sin sangre en las venas, digo yo, y agacho la cabeza, anticipándome ante la andanada de críticas.

Castella se envalentonó

El Cid compone el pase de pecho (Foto: JCMC)
Manuel Jesús El Cid fascina en Manizales, quizás tanto como los toros de Ernesto Gutiérrez. Su presentación el 9 de enero fue poco más que lánguida. El encierro de Achury fue complejo por lo manso en general, pero bien presentado. A “Media noche” (446K, negro cornidelantero, bien armado) Diego Ochoa solo le partió el cuero, y el toro nunca modificó su comportamiento incierto, incluso traicionero. En la muleta se coló dos veces y tumbó a El Cid en la arena, boca abajo, rompiéndole la taleguilla en el culo y pisoteándole la cabeza. Abrevió.

“Serranito” (442K, negro abrochado, el menos armado del encierro) permitió dos verónicas y dos chicuelinas. En la segunda se coló y dejó marcado el puntazo en el muslo izquierdo. La muleta arrancó bien, con mando, en tres tandas por derecha que fueron aumentando en composición y limpieza. La famosa izquierda de El Cid, sin embargo, no dejó nada. La cuestión fue languideciendo en tandas por derecha poco ciertas. Mató de entera en buen sitio, que no tuvo muerte. Descabelló con eficacia y le dieron una oreja, no se sabe bien por qué.

Chicuelina de Castella, Al fondo, El Cid observa (Foto: JCMC)
“Aguador” (460K, negro cornidelantero, bien armado) fue un toro con sentido, gazapón, flojo de manos y falto de casta, que exigía lidia. Sebastián Castella inició con cuatro verónicas a pie junto y una tanda de chicuelinas decentes. Desde ese momento, el toro mostró peligro. La embestida de “Aguador” era aguada y Castella decidió no emplearse. Pinchó sin soltar, luego dejó una media, saliéndose de la suerte; volvió a pinchar y otra vez dejó una media estocada, saliéndose. Silencio.

En cambio, “Marinero” (442K, negro, largo y brocho) fue un toro más potable, aunque no fácil. Castella dio tres verónicas y una media valiosas con el capote. “Marinero” recibió una vara breve, seca, en buen sitio. En el quite, vimos seis chicuelinas ceñidas y una revolera. En la muleta, el toro estuvo bien al principio, por lo que Castella se envalentonó en cuatro cambiados y cuatro derechazos intercalados, con los pies clavados en la arena de los medios. Las tandas de derechazos fueron hondas y los naturales muy ligados. A partir de allí, el toro cambió su comportamiento y demostró genio y una punta de mansedumbre. Exigía mando y aguante, y eso fue lo que le dio Castella, aunque sin demasiado esfuerzo. Mató de entera algo trasera muy efectiva, y le dieron las dos orejas.

Natural de Sebastián Castella (Foto: JCMC)
El encierro de Achury requería seis lidiadores; seis César Rincón en plenitud de condiciones. Casi nada de ello hubo en El Cid; algo en Sebastián Castella; y menos que nada en Santiago Naranjo.


Antes de que salga el toro, Naranjo posa a lo Morante; en el recibo, usa el capote a lo José Tomás. Pero, cuando está con el toro, es Santiago Naranjo nada más. Para olvidar.

Los caballos toreros de Diego Ventura

Lance a pie junto de Alejandro Talavante (Foto: JCMC)
Yo iba a ver a Alejandro Talavante con los de Dos Gutiérrez. El encierro en general fue manso y pobre de presentación. Talavante se  llevó el peor lote. Debimos conformarnos con siete verónicas ante “Jaranerillo” (444K, negro, brocho, bizco del pitón derecho). Luego, en el quite, cinco chicuelinas, la cuarta muy ceñida.E n la muleta, poco más que nada pues el toro carecía de casta y embestía sin convicción. Mató de entera contraria efectiva.

Su segundo fue “Piratar” (446K, negro veleto, bizco del izquierdo, pobre de cabeza y de aspecto anovillado), con el que Talavante solo nos regaló cinco verónicas lentas y una media eterna. El matador debió ver algo que yo no vi, y se negó siquiera a intentar la lidia.

Ventura deja una larga montando a "Oro" (Foto: JCMC)
“Tinterillo” (484K) fue de menos a más durante la faena de Diego Ventura, que fue de más a menos. Inició con “Demonio”, dejando un rejón de castigo en lo alto y toreando a la grupa.Con “Oro” dejó dos largas en buen sitio y se arrimó con temple. En cambio, con “Toronjo” puso las cortas trompicadas. Tuvo dificultades para matar: cuatro pinchazos y un certero descabello.

La provocación de "Morante" (Foto: JCMC)
El desquite vino con “Agrimensor”(446K), que al principio fue distraído pero que fue mejorando gracias, en parte, a dos muy buenos rejones de castigo. Se destacó el toreo mandón del caballo “Ordóñez” en tres banderillas largas al estribo, certeras y elegantes. Los giros en la cara del toro (primero tres y luego dos, entre palo y palo), le daban la ilusión de poder alcanzar al caballo. “Morante” se lució en otras dos largas tirando del toro y con esa emoción que lleva a los tendidos el desafío de sus mordiscos vivaces. “Toronjo” remató la faena, en la cual Ventura dejó dos cortas y dos rosas emocionantes, pero sobre todo un rejón de muerte fulminante. Mereció las dos orejas.

"Morante" y Ventura dan la vuelta al ruedo (Foto: JCMC)
El toreo de Sebastián Ritter está en construcción; más precisamente, en obra negra. Se trata de un toreo libreteado, bien intencionado, es cierto, pero sin tener en cuenta lo que necesita cada toro. “Mosquetero” (448K) fue un toro negro, veleto, bizco del izquierdo con el que Ritter estuvo digno en dos verónicas y dos chicuelinas. Después, en la muleta, el toro salía suelto de la suerte y el antioqueño plasmó tres derechazos limpios. Tiene la muerte muy poco hecha, por lo que la cosa se puso francamente desagradable, hasta escuchar los tres avisos.

Con “Escribano” (450K, toro de aspecto anovillado, pobre de cabeza, bizco del derecho) estuvo apurado con el capote. El toro manseaba desde el primer tercio, por lo que lo más destacado fue el par al quiebro del subalterno Garrido. Tras cuatro derechazos bien ejecutados, el toro comenzó a tardear y a defenderse, y ahí fue cuando Ritter perdió los papeles, pues su libreto no se correspondía con lo que necesitaba el toro.


El toreo es una suerte de teatro, es cierto, pero cada toro requiere de un libreto distinto.

miércoles, 13 de enero de 2016

Los difíciles toros de Mondoñedo

El público de Manizales está embelesado con los toros almibarados de Ernesto Gutiérrez. Esos toros pequeños, nobles y, en ocasiones, bobalicones. Esos toros que pasan y pasan y pasan y pasan, incluso más que el transporte público.

Por eso, creo, ciertos sectores del tendido trataron con rudeza la corrida de Mondoñedo del 6 de enero. Una corrida bien presentada aunque justa de peso. Una corrida compleja, digamos complicada; aumentemos la calificación y afirmemos que llegó a ser difícil. Pero no fue mala. Ninguno se rajó. Ninguno manseó. Ninguno fue impotable. Tuvieron genio, sí; algunos fueron mirones, otros se defendieron en ciertos momentos de la faena. Pero casi todos estuvieron, en mi opinión, por encima de los toreros.

Derechazo de Sebastián Vargas (Foto: JCMC)
Sebastián Vargas no entendió (¿no quiso entender?) la complejidad de “Muñeco” (440K, castaño veleto), cuya embestida era incierta. El toro exigía distancia y por eso se paró siempre a la mitad del pase. Silencio. “Rosquetero” (456K, negro listón, bien armado) era bravo y encastado, con fijeza y prontitud. Además, “tenía pies”, o sea que galopaba con mucho tranco. Vargas dudó, se sintió inseguro, pegó trapazos e incluso intentó hacerle ver a los tendidos que los problemas estaban en el toro. Algunos le creyeron.

Cambiemos el orden para decir que Iván Fandiño estuvo hoy muy en “no Iván Fandiño”: dubitativo, incierto, incómodo con su primero  (“Periodista”456K, negro cornidelantero y bien hecho), un toro tardo, mirón y que no humillaba. Abrevió y luego tuvo problemas para matar (dos pinchazos hondos, tres cuartos de espada y cinco descabellos a un toro tapado). Escuchó dos avisos el torero y pitos el toro. Algo similar ocurrió con el último de la tarde (“Lusitano”, 353K, negro listón, veleto y astiblanco), un toro complejo por lo incierto que sin embargo permitió el lucimiento de John Jairo Suaza en dos muy buenos pares de banderillas, por lo que saludó montera en mano. Fandiño lo intentó esta vez, pero no le encontró la distancia al toro. Mató de entera contraria y cuatro descabellos, y escuchó un aviso.
Derechazo de Guerrita Chico en su primero (Foto: JCMC)

Guerrita Chico lo intentó de largo con “Gittanito” (452K, negro cornidellantero), que era lo que pedía el toro. Tuvieron decoro los pases por bajo del inicio y luego dos derechazos. Lo intentó por izquierda sin la misma limpieza, por lo que dio algunos pases de castigo para después dejar tres cuartos de espada algo caída. Silencio.

Natural de Guerrita Chico con "Canciller" (Foto: JCMC)

Salvó la tarde “Canciller”, un veleto melocotón, alto de manos, bocinero y calcetero de 500K, que se arrancaba de largo con tranco. Guerrita Chico le puso voluntad desde el primer momento en tres tandas de cuatro derechazos cada una, citando de largo, que tuvieron ligazón y temple. El toro era bravo, franco y noble. Los naturales fueron menos claros. Dejó una entera algo caída y dio una vuelta al ruedo; el toro recibió merecidos aplausos en el arrastre.

Lánguida, la verdad, la segunda de feria en Manizales.


martes, 12 de enero de 2016

El épico lirismo de Roca Rey

Digamos apenas que Willie Rodríguez se limitó en Manizales a poner palos y a cabalgar por el ruedo ante sus dos toros de Santa Bárbara, con dificultades, a los que nunca intentó torear. Su actuación fue pobre y desaliñada.

Vamos a decir también que Cristóbal Pardo intentó estar a la altura de su primero (“Acogido”, 448k, castaño albardado, cornipaso y bien hecho). El toro tuvo buen comportamiento. Fue encastado, fijo, pronto al engaño, metiendo con estilo la cabeza; con emoción y repetición. Pardo comenzó con cinco verónicas y luego, en el quite, compuao algunas chicuelinas con cierto mérito. La muleta tuvo momentos dignos por derecha y vergüenza por izquierda. Mató de entera delantera. “Acogido” merecía la vuelta al ruedo, no concedida, pero lo aplaudimos en el arrastre. Pardo recibió una oreja. Con su segundo (“Quitaluna”, jabonero sucio de 446K) estuvo digno ante un toro fijo y alegre. Escuchó un aviso de la presidencia y el silencio de los tendidos.

Roca Rey a una mano con el capote (Foto: JCMC)
Concentrémonos ahora en el toreo de Andrés Roca Rey. Un toreo joven, pero que está construyendo a paso firme una personalidad completa, seria, casi solemne, a punto de angelical. Un toreo de valor recio, impasible, a punto de inmortal. Su primero fue “Quitasol” (442K, negro listón y veleto). Tuvo una punta de manso, fue distraído, tardo y algo incierto en su embestida. El quite por tafalleras tuvo garbo. Pero el cambiado por la espalda, tras los dos primeros tercios, fue épico, por su desafío constante a la muerte inminente. No es un desafío de lengua afuera y mueca burlona, no. Es un desafío que es consecuencia del trance que vive Roca Rey cuando torea. Toreó con profundidad en tres derechazos largos y algunos naturales que valen el apunte. Remató con cuatro redondos invertidos, con un cambio de mano en el último para terminar con un forzado de pecho muy limpio. Mató de trasera tendida y caída pero, aún así, creo que merecía una oreja. Saludó desde el tercio.

Ese mismo toreo épico lo mostró con “Incógnito” (No. 779, 440K,  negro listón y veleto). Tras las verónicas ceñidas y bajas de manos, el toro recargó con bravura ante la vara recia pero breve de Rafael Torres, una de las mejores de la temporada, por la composición del conjunto. Saltémonos el quite por saltilleras para ir al inicio de la faena, con tres cambiados por la espalda que lo partieron en dos tres veces, sin que ninguno de nosotros nos hubiéramos dado cuenta. Porque Roca Rey está construyendo un toreo incorpóreo, por lo heroico.

Derechazo de Roca Rey (Foto: JCMC)
Después demostró que lo suyo no es solo lo dicho, sino que también es un toreo plagado de lirismo. Aprovechó la alegría, la franqueza en la embestida, la prontitud en el cite, la embestida noble y dulce y encastada del toro para despacharse en varias tandas por derecha, largas, hondas, ligadas. La plaza se emocionaba a cada pase de Roca Rey; se erizaba con cada galope de “incógnito”; se iba elevando de los tendidos con la hermosura de la obra que toro y torero estaban plasmando en el ruedo de Manizales.

Justo antes de que sonara el pasodoble “Feria de Manizales”, que en esta ciudad premia las faenas excepcionales, Roca Rey, este muchacho tímido cuando es un ser humano, cuando no está vestido de torero, se despachó con un concierto de lirismo en un natural que duró dos días y que él comprimió en poco más de dos segundos. Yo ya no tomaba notas. Para qué. La verdad del toreo estaba ante mis ojos. Ante todos los que estuvimos el 5 de enero en la plaza de toros de Manizales.
Natural de Andrés Roca Rey ante "Incógnito" (Foto: JCMC)
Luego, la concesión del indulto; el hermoso gesto de llevar toreado a “Incógnito” ante la puerta de toriles; el bello “Incógnito” que quería que lo siguiera toreando el épico lirismo de Andrés Roca Rey.

Cuenta mi amigo Paulo A. Valencia, que me regaló la oportunidad de ver esta asombrosa faena desde la barrera del tendido 4, que al llegar al hotel le preguntó al periodista Manolo Molés si el toro era de indulto. “No lo sé”, contestó Molés. “Lo que sé es que el que mereció el indulto fue el torero”. 

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Decoroso fin de feria en Cali



"Oro" toreando contra las tablas (Foto: JCMC)
Una corrida compleja de Juan Bernardo Caicedo cerró la feria caleña. Cinco toros castaños requemados, algunos albardados, y uno negro cornidelantero. Bien presentados en general, algunos acusaron debilidad de remos y casi todos mucha humillación, fijeza y prontitud.

Diego Ventura tuvo dificultades con “Soviético” (526K), un toro distraído y sin emoción, que poco  perseguía a los caballos. Se destacó “Oro”, toreando entablerado a la grupa. Las banderillas cortas estuvieron compuestas. Pinchó y luego dejó un rejón en buen sitio. La cosa terminó en descabello y saludo desde el tercio.

Banderilla larga al estribo de Ventura. (Foto: JCMC)
El cuarto de la tarde (“Zorro”, 488K, un castaño requemado y algo corniabierto) estuvo distraído durante buena parte de la lidia. Salió suelto del rejón de castigo, pero fue muy bien al capote del peón de brega. Ventura dejó una larga en todo lo alto montando a “Ordoñez”. Con dos giros en la cara, despertó al toro de su letargo.  Acto seguido, con “Morante” dejó con sinceridad otra banderilla larga y emocionó al público con el mordisco de “Morante” al toro. “Toronjo” facilitó dos cortas de la rosa muy ligadas (la segunda al violín), pero el toro se entableró y dificultó la labor. Remató con un par a dos manos y un rejón de muerte algo trasero. Le dieron una oreja.

Luis Bolívar tuvo dificultades con su lote; no obstante, estuvo decoroso. “Caleño” (negro cornidelantero de 472K) era atento y se repetía, pero no transmitió emoción a los tendidos. La segunda tanda de Bolívar por derecha fue ceñida y después hubo tres ayudados serios. Dejó un estoconazo hasta la empuñadura, un pelo delantero. Silencio. 

“Elegante” (485K, castaño albardado y veleto) era pronto y humillaba mucho. Bolívar brindó a Talavante. La faena se desarrolló casi toda por derecha, pese a que el toro rebrincaba mucho en la salida del pase y era flojo de manos al embarque de la suerte. Humillaba mucho, eso sí, e iba pronto al engaño. Atravesó al entrar a matar y luego todo fue silencio.

Talavante por natural (Foto: JCMC)
Alejandro Talavante estuvo compuesto en su primera presentación en Cali. “Checalito” (472K, castaño requemado, veleto) permitió dos verónicas de manos bajas y luego, en la muleta, algunos pases por alto a pie junto y una tanda muy bella por derecha. El toro era pronto y fijo, pero carecía de transmisión. La faena transcurrió en los medios. Sin embargo, la falta de casta del toro desdibujó la composición. 

Con el último de la tarde y de la feria (“Galopo”, 486K, castaño albardado), Talavante nos brindó cinco chicuelinas al paso cuando llevó el toro al caballo. El toro recibió una vara mínima, de mentiras (la suerte de varas, por lo menos en Colombia, se está convirtiendo en una ridiculez). Talavante inició la faena de rodillas, con un redondo por derecha que llevó emoción a los tendidos. De la faena de muleta cabe destacar la mano baja y un derechazo lentísimo. Por izquierda, un natural eterno, desmayado y plagado de personalidad. Tras un estoconazo eficaz, le dieron una oreja.

Acabaron los toros en Cali. Vamos a Manizales.

martes, 29 de diciembre de 2015

Ponce digno y Castella más



Otra corrida remendada esta tarde en Cañaveralejo, con cuatro toros de Ernesto González, muy justos de presentación, y dos de Ernesto Gutiérrez. Actuaron un digno Enrique Ponce, Paco Perlaza, que debió permanecer en retiro, y Sebastián Castella, muy compuesto, sobre todo en su primero.

Derechazo de Enrique Ponce (Foto: JCMC)
Ponce tuvo decoro con “Tolimense” (482K, cárdeno axiblanco y meano, veleto y pobre de pitones), que se colaba constantemente por el derecho. Plantándole cara, le arrancó una tanda por derecha a media altura ya que el toro era flojo de remos. Tras un pinchazo hondo, entera en buen sitio. Saludó desde el tercio.

Con su segundo (“Crepúsculo”, 442K, cárdeno axiblanco y meano, escaso de cuerna) dio una lejana primera tanda por derecha, una segunda más compuesta y otra tercera francamente bien, lenta y larga, hilvanada y muy precisa; luego, dos redondos gimnásticos, flexionando las piernas, aprovechando la repetición y la fijeza del toro. Los naturales no tuvieron estética, pero compensó con garbosos ayudados por bajo. Lamentablemente, dejó una entera que atravesó feamente a “Crepúsculo”. Aun así, le dieron una oreja.

Paco Perlaza recibió a portagayola la arremetida de “Bambuquero” (cárdeno meano de 442K, anovillado), débil de manos. Fue devuelto a los toriles después de banderillas, sin que hubiera protesta previa alguna de la concurrencia. Salió entonces uno de Ernesto Gutiérrez (“Emperador”, 480K), negro, alto y escurrido de carnes, que exigía mando. La faena de Perlaza pasó raspando por derecha al inicio, pero después fue cayendo en una languidez soporífera.  Dejó una entera contraria y cuatro descabellos. Sonó un aviso.

Su segundo (“Florecido”, 481K, otro cárdeno veleto, feo de cuerna) fue aburrido. Perlaza nunca lo entendió, perdiéndole pasos con exageración. Mi vecino, un zaragozano de feria en Cali, comentó: “Este chaval se mueve más que el toro”.

Castella por derecha (Foto: JCMC)
Sebastián Castella estuvo muy en torero con “Rubiales” (446K, otro cárdeno meano y axiblanco, veleto y escaso de pitones), al que le echó valor. La faena empezó por alto, pegado a tablas, y más tarde se desplegó en dos tandas por derecha, la segunda sin enmendar y muy ligada. El toro era fijo y tenía una pizca de emoción en la embestida. Vinieron dos tandas por naturales, de las que se destaca uno de la segunda, por lo largo y lo profundo. Remató con un cambiado por la espalda de enorme riesgo y un desplante garboso. Pinchó sin soltar y luego una media lagartijera.

Cambiado por la espalda de Castella (Foto: JCMC)
Cerró la corrida otro de Ernesto Gutiérrez (“Aparcero”, de 510K, negro cornidelantero, alto y largo, de aspecto anovillado) que se empleó en varas con mucho celo. Castella regaló cinco chicuelinas en el quite. La faena de muleta empezó con un cambiado por la espalda citando de lejos, como ya es costumbre en él, y poco después otros tres cambiados por la espalda, más en corto, acompañados por los correspondientes derechazos intercalados, sin mover un milímetro los pies de la arena. El toro se vino a menos y la cosa terminó con una entera un pelo caída y delantera.

Así vi la corrida de esta tarde en Cali.